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De psicoanálisis

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Hay un pensador, Slavoj Zizek, que se me antoja un gran descubrimiento porque anuncia claves para entender algo raro que nos pasa y que no es otra cosa que transitar la vida moderna, siendo cómplices de una situación que, aunque nos perjudica, contribuimos a perpetuar.

Para ello este hombre ha tenido que darse una mano de pintura de Lacan y otra de Marx. La huella lacaniana le hace pensar que la ideología que tenemos todos penetra el actual homo sapiens como una práctica inconsciente y que, de ninguna manera a forma de redención o excusa, se trata de ignorancia. Lacan ya decía que el deseo humano nunca se satisface del todo y esto, instalado en el ADN del hombre actual, tiene consecuencias importantes. Nosotros, los que habitamos hoy el planeta, no deseamos tanto a un objeto como a la propia experiencia de desear.

Pasamos de Lacan a Marx. Aquí la ideología es una forma de consciencia desviada, reproducimos el sistema, aunque nos perjudique. En el Marx histórico, lo hacemos por desconocimiento. En el marxismo de Zizek lo hacemos a sabiendas.

En el cocktail de Marx y Lacan, Zizek advierte que esto es posible porque el individuo no es algo cerrado y soberano, sino que tiene muchas fisuras y cerrar esas grietas es lo que nos define como individuos soberanos. El sistema actual, si quieren le llaman capitalismo, es el que nos mete de lleno en esta paradoja y nos ofrece el deseo. Hoy la ideología ya no necesita ocultar la verdad, funciona organizando nuestro deseo y se resiste cuando descubrimos que nos están engañando. Por eso ha dejado de importar la verdad. Ese goce que nos produce la absurda situación no es un placer, es una pulsión.

Y si aplicamos la teoría de Zizek a escenas de la vida cotidiana vemos a menores metidos en las redes que claramente les perjudican, y a sus mayores soportando la situación a regañadientes. Leemos la historia y encontramos la república de Weimar que trajo a los nazis y a lo peor del siglo XX. Cómo fue posible solo se explica porque prevaleció ese goce inconsciente y se tomaron decisiones en beneficio de unos pocos y contra la mayoría.

Que alguien me diga por qué los madrileños votan Ayuso y es porque la ideología nos ubica como sujeto en el lugar del cínico desencantado que a sabiendas vota lo malo porque es un goce sin llegar a ser placer. Puedo equivocarme con Zizek pero yo no la votaría ni borracho. Y muchos como yo le votan.

Zizek es contundente con otra consecuencia. La corrupción insulta la democracia, pero eliminarla liquida a la democracia y abre las puertas del totalitarismo. Defender la democracia es combatir la corrupción salvando el carácter paradójico que la democracia esconde dentro. Se me olvidaba, Zizek es esloveno y también psicoanalista.

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