El diablo
Sinclair Lewis fue el primer Nobel norteamericano de Literatura. En 1935 publicó un libro, Esto no puede suceder aquí, que cuenta la llegada de forma democrática de un dictador fascista a la presidencia de los EEUU. Entre las medidas propuestas en campaña el candidato de ficción promete dar 5.000 dólares al año por familia. Siempre la realidad y la ficción en un flirteo repetido.
El partido republicano fue el partido de Lincoln y el partido que luchó contra la esclavitud. Es el GOP, grand old party. Ese partido de señorío está infectado por MAGA, un grupo más populista y conservador. Una cebolla de tres capas, en la capa de dentro está el veneno.
Porque más difícil de tragar es que MAGA, la primera capa de la cebolla, esté contagiado por el movimiento sionista evangélico, que resulta ser la segunda capa. Ya se atraganta que entre estos figuran apocalípticos formando la tercera capa y la venenosa.
Todo lo anterior y lo que ahora escribo trata de responder a la pregunta que todos nos hacemos: como un tipo como Trump ha llegado a ser el presidente. Este sionismo evangélico no ve a Trump como un buen pastor y mejor padre de familia. No lo quiere como se quiere a un líder tradicional. Lo quiere como un brulote, un canalla útil capaz de romper la inercia institucional del poder establecido.
Saben que no es un hombre ejemplar y saben que el barómetro de su honorabilidad marca bajo porque un hombre decente no se atreve con la profecía de reunificar el gran Israel o llevar la capitalidad de Jerusalén. Un buen gobernante no ataca el derecho al clima y al aborto. Ni comete genocidio en Gaza. Piensan en aquel rey Ciro que fue un líder pagano y poco piadoso pero que liberó al pueblo judío y lo trajo a su tierra desde Babilonia.
Trump es un mal necesario, algo indigno pero necesario para rescatar a la nación de una decadencia moral e institucional. Yo te doy a ti, Trump, mis piadosos votos y a cambio te exijo políticas imposibles. Esto sucede en la segunda capa de la cebolla.
Pero la cosa se pone milenarista cuando se descubre que entre los evangelistas sionistas hay un subgrupo, y no pequeño, que ve a Trump un factor de redención, un acto de purga que anticipa un reino nuevo y la llegada del Mesías. Ya sabemos que es la tercera capa, la venenosa. Un cumplimiento de la profecía y un propósito divino. A ver si es cierto que es tan listo el diablo que consigue que nosotros creamos que no existe.
En España no hemos llegado a tanto, nos conformamos con impedir el voto de españoles por ser nietos o nos quitamos de encima al fiscal general por algo que hizo él o alguien de su entorno. O escuchar a Sánchez a propósito de los menores de Ceuta decir que le pregunten a Vivas. Esto parece que sí puede suceder aquí.
En Norteamérica ese delirio solo lo puede parar la democracia americana. Si el Congreso y el Senado pasan en noviembre a ser demócratas se quitarán de en medio a Trump y puede que incluso lo domicilien en la cárcel. Y todos aquellos que jugaron al delirio pondrán el taxímetro a cero. Todo fue a propósito de nada.
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