Playas con bandera azul, pero no tan verdes

La Bandera Azul seguirá ondeando en El Médano, en Granadilla (Tenerife)

José María Rodríguez/Efe

Las Palmas de Gran Canaria —

Si usted piensa pasar sus vacaciones en alguna de las 579 playas españolas con bandera azul, puede dar por sentado que será cómoda, segura, limpia y con aguas aptas para el baño, pero no espere que tenga un especial valor ambiental, al menos no superior al de otros arenales de su entorno.

Concedidas desde 1987 por la Federación para la Educación Ambiental, las banderas azules se han convertido en estas décadas en uno de los estandartes más cotizados por los municipios turísticos de todo el mundo, ya que la mayoría de los ciudadanos (en especial en Europa) las reconocen sin problema como un distintivo de calidad.

Sin embargo, ¿tiene la bandera azul algún valor “verde”, como sugieren el apellido de la organización que las otorga y la publicidad de que tradicionalmente ha rodeado a este distintivo?

Es la pregunta que se plantean tres investigadores de la consultora ambiental Quatre, de Menorca, y las Universidades de Las Palmas de Gran Canaria y Sevilla en un libro monográfico sobre la gestión de las playas que acaba de publicar la editorial científica alemana Springer, Francesc Xabier Roig Munar, Carolina Peña Alonso y Pablo Fraile Jurado (“Beach management tools”, 2018).

“A la bandera azul se la considera la predecesora de todas las certificaciones de turismo sostenible en las zonas de litoral, hasta el punto de que se ha convertido en el reconocimiento más conocido y universal”, apuntan los autores de este estudio.

Estos tres investigadores subrayan que el éxito conseguido por la bandera azul le ha facilitado su extensión a numerosos países, aunque no sin críticas, lo que les ha llevado a examinar si realmente esa enseña premia playas sostenibles, o más bien playas con comodidades para el turista, con buenos servicios y seguras.

Y para ello, toman como referencia las playas de dos de las grandes potencias turísticas de España, Baleares y Canarias, cuyas islas también atesoran lugares de alto valor ambiental en su costa.

La bandera azul ondeó en 2016 en 85 playas de ambas regiones (44 de Baleares y 41 de Canarias), cuyas características y valores naturales son comparadas en este estudio con otros doce arenales sin distintivo (seis en cada archipiélago) situados en su entorno, a partir de factores como el de si cuentan o no con dunas, si existen construcciones sobre la arena o los sistemas dunares, cuánto distan de los hoteles y aparcamientos más cercanos, si se repone la arena de manera artificial o si se limpian utilizando maquinaria.

Este examen sobre la costa de Baleares y Canarias, apuntan los autores, revela que “las playas con bandera azul presentan una situación ambiental potencialmente degradada: La falta de sistemas dunares junto a las playas, la cercanía a las zonas de aparcamiento o la retirada de algas y vegetación marina, como ocurre en Baleares con la Posidonia oceánica, pueden ser buenos ejemplos de todo ello”.

Y el resultado de la comparación entre playas con bandera y playas sin distintivo azul muestra que las primeras sufren una degradación ambiental superior al que se aprecia en las segundas.

Los autores observan, además, cierta correlación entre la concesión de la bandera azul y el aumento de la presión que soportan las playas, porque recompensa contar con comodidades para el bañista que alteran las condiciones de esos espacios (como la limpieza mecánica de la arena o la disponibilidad de aparcamientos, chiringuitos, duchas o alquiler de tumbonas y sombrillas), pero infravalora criterios como su autenticidad natural o la calma.

El sistema de la bandera azul, añaden, no está pensado “para la conservación ambiental de las playas como sistemas naturales, sino para el beneficio de los usuarios que las visitan”. De hecho, remarcan, los criterios que deben cumplir las playas candidatas a izar ese distintivo “priorizan el desarrollo sobre la conservación”.

“Las instituciones locales perciben en la bandera azul un poderoso elemento para atraer al turista, con posibles impactos positivos sobre la economía local”, apostillan.

En conclusión, resumen los investigadores, aunque la campaña de las banderas azules diga “promover un desarrollo sostenible de la costa, alentando la cooperación entre el turismo y el medio ambiente, eso no se corresponde con la realidad”, ya que no introduce “mecanismos para una gestión sostenible” de las playas galardonadas que, con frecuencia, soportan una carga de visitantes superior a la recomendada.

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