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Las conclusiones sobre el informe especial para Franco: sabía de la facilidad para neutralizar a los militares si no se adherían al golpe

El dictador Francisco Franco

Ángel Viñas

10 de octubre de 2026 21:10 h (Hora canaria)

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Es verosímil que los lectores piensen que para reproducir tal informe no eran necesarias largas explicaciones. Sin embargo, conviene tener en cuenta su encuadramiento. 

  1. En el bienio republicano-socialista, el entonces ministro de la Guerra y presidente del Consejo Manuel Azaña reestructuró y vigorizó el servicio de inteligencia militar que existía desde la Monarquía. Es un tema poco conocido por falta de documentación. La existente para los años de paz de la República se limita a listas de los soldados o, a veces, suboficiales que destacaban en las diferentes unidades por sus afiliaciones políticas. Esto interesaba mucho al Mando.
  2. Los documentos, informes de inventarios que se conservan en el Archivo General Militar de Ávila no abarcan todas las regiones militares. Faltan los correspondientes a las cuatro primeras divisiones orgánicas (Madrid, Andalucía, Valencia y Cataluña). Es posible que se encuentren en otros repositorios. O que hayan desaparecido. Como es verosímil tras la derrota republicana uno de los objetivos más preciados de las nuevas autoridades hubo de ser la documentación de los servicios de información del adversario. También, probablemente, los que sufrirían una purga especial, sobre todo en los de la autoridad superior y, en ella, el Estado Mayor. 
  3. Cuando Franco llegó, llamado por Gil Robles, a la Jefatura del Estado Mayor Central del Ejército en 1935 sabemos por documentación que ha he utilizado en otro libro que en Marruecos, en el escaso tiempo que fue la máxima autoridad, se había interesado grandemente por las actividades de los servicios de espionaje. Quizá porque descubrían un mundillo relativamente nuevo para él y que no había conocido muy de cerca en sus previos puestos. Recordemos que como general de brigada en la Octava región y luego, por breve tiempo, en el Archipiélago balear.
  4. Al hacerse cargo del laberíntico Estado Mayor Central, donde se encontraban, debidamente disfrazados, los funcionarios de la Sección Servicio Especial, hubo de encontrarse con una mina de información sobre las izquierdas. En los inventarios que se conservan figuran largas listas de reclutas, soldados y a veces suboficiales con sus afiliaciones políticas. Igualmente hay ejemplos de la colaboración con la Guardia Civil y la policía dependiente de la Dirección General de Seguridad. Aunque el volumen de documentación es muy amplio numéricamente, en el plano cualitativo la relativa a dicha Sección Especial no es demasiado interesante. Eso sí se fichaban tanto a los izquierdistas que ingresaban en el Ejército como a los que dejaban entrever sus preferencias políticas derechistas. Es significativo, no obstante, que el material más abundante sea el de las izquierdas, base probable de la futura represión durante la guerra.
  5. El material existente en Ávila es muy desigual y tiene grandes lagunas. Estas son incluso más acentuadas en los casos balear y canario. Ni que decir tiene que las relaciones nominales de las filiaciones de los reclutas, soldados y suboficiales facilitaron grandemente la represión tras el 18 de Julio. 

El informe transcrito en los anteriores posts es un caso único. O, al menos, quien esto escribe no conoce otro. Se ignora, para empezar, el nombre del autor. Debió de ser un agente del Servicio Especial enviado desde Madrid, probablemente militar, pero sin poder excluir que estuviera al servicio de la DGS. La longitud no es corta y las observaciones hechas por quienes lo leyeron en el Ministerio se refieren esencialmente a la ausencia de fechas. Solo en un caso, probablemente del espionaje soviético, se cita al presunto protagonista en un tiempo en el que la guerra ya ardía. 

El foco se centró en el espionaje extranjero en las Islas Canarias a finales de 1935. El estilo es muy cuidado en cuanto al contenido. Nunca se utiliza una terminología clara. Sin embargo, tres son los focos de atención: el espionaje británico, el nazi y el francés, este en una posición muy alejada de los dos primeros. Las referencias al soviético se hacen esperar pero evidentemente el autor les dedicó mucha de su atención. 

El agente debió seguir instrucciones especiales porque fue a Canarias desde Madrid. Tuvo contacto con supuestos ejemplos del mismo en las islas. No hay referencia -o servidor no la ha encontrado- sobre cuál fue la recepción en el Ministerio de la Guerra. Pudo ser positiva o encontrar reticencias. En favor de la primera hipótesis cabe aducir el seguimiento, ya en guerra, de una de las supuestas espías soviéticas, Nina Esterio. Tampoco conocemos si este largo informe tuvo alguna consecuencia orgánica o administrativa. He reproducido los párrafos subrayados por alguno de sus lectores del Servicio Especial y eliminado las numerosas referencias al margen del texto solicitando la inclusión de fechas.

Las conclusiones que, provisionalmente, cabe desprender de este documento son, cuando menos, las siguientes:

  1. La primera es obvia: Franco habría sido consciente de cuál era la situación en Canarias en términos de la eficacia del Servicio Especial cuando fue trasladado al archipiélago en 1936. 
  2. La segunda, puesto que ya estaba al corriente de la subversión contra la República desde la llegada del ministro del Ejército José María Gil Robles, de lo que habría que hacer con las informaciones recopiladas por los agentes, oficiales y jefes de la Sección Servicio Especial. 
  3. La facilidad con que cabría neutralizar al personal militar (y en parte civil) cuando se produjera el golpe contra el gobierno republicano si no se adherían a él.

La pregunta del millón, que probablemente podría tener respuesta caso de encontrar en Canarias (o en algún otro archivo peninsular) documentación relevante, es en qué medida la represión contra soldados y demás personal militar y civil se vio facilitada por tal tipo de documentación. Mientras no se demuestre lo contrario lo normal es que se unieran la sublevación. 

Tanto Franco como su colega de Las Palmas, el general Amado Balmes, dispondrían de este tipo de documentos. No es de extrañar que, en lo que sé, la investigación de archivo no haya podido hacer uso de los que utilizaron las nuevas autoridades militares. 

Los lectores interesados por lo que cabe documentar de las actividades de la Sección Servicio Especial en general pueden recurrir a la interpretación contenida en mi libro El gran error de la República. No hay que buscar mucho. Se encuentra en el primer capítulo.  

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