El convento más antiguo de Canarias, construido hace 600 años, no es un BIC y está a la intemperie

Vista general del primer convento construido en Canarias, en Fuerteventura, a principios del siglo XV. Fue abandona en 1821, con la desamortización

Luis Socorro


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Dos años después de que se firmara un convenio entre el Cabildo de Fuerteventura y la Diócesis de Canarias, por un importe de 300.000 euros, las obras para frenar el deterioro del convento más antiguo de Canarias y convertirlo en un espacio visitable no se han iniciado. El proyecto para recuperar la zona conventual que levantaron los franciscanos en 1416 está concluido, pero el Cabildo aun no lo ha aprobado y, por lo tanto, la Iglesia no puede adjudicar los trabajos, según ha declarado a Canarias Ahora Eloy Santana, delegado episcopal para asuntos económicos y relaciones Institucionales del Obispado de Las Palmas. El consejero de Patrimonio Histórico del Cabildo majorero ha asegurado a esta redacción que “la autorización saldrá en estos días, esta pendiente de un informe”. El convento no está declarado como Bien de Interés Cultural (BIC) y está a la intemperie, sin ningún tipo de protección real que impida el acceso.

El convento de San Buenaventura, en Betancuria –la primera capital de Fuerteventura- se construyó cuando tan solo se habían conquistado tres de las siete islas canarias. Francisco Cabrera es el arquitecto contratado por el Obispado para diseñar el proyecto y dirigir las obras; también es el autor de un plan director en el que se expone el objetivo final de la Iglesia: convertir el lugar en el que se emprendió la evangelización del Archipiélago en un espacio cultural, protegido y preparado para las visitas de los miles de turistas que cada año visitan la isla. Para que el objetivo final sea una realidad, “hay que esperar a 2024”, ya que “una vez contemos con el permiso del Cabildo, hay que contratar a empresas especializadas y realizar el trabajo de manera coordinada porque las diversas obras no pueden ser simultáneas”. El motivo es que hay tareas delicadas, “como la policromía”, explica el arquitecto, y no se puede desarrollar “si se está levantando polvo en otras zonas”. Una vez estén adjudicadas, “su ejecución nos llevará al menos un año”, sentencia Cabrera.

El proceso se ha retrasado porque la primera versión del proyecto fue rechazada por los técnicos de Patrimonio, “porque nos pidieron un proyecto integral”, explica Eloy Santana. A la segunda versión “hubo que realizar algunas modificaciones puntuales, ya están resueltas y extraoficialmente nos han dicho que ahora sí cumple, pero aún no tenemos la autorización del Cabildo”, aclara el delegado episcopal al frente de la gestión del histórico inmueble.

Mientras la máquina burocrática va superando etapas, a día de hoy los únicos trabajos realizadas son de carácter arqueológico, gracias a la financiación del Gobierno autónomo. La empresa Tibicena inició la primera excavación en 2018. Cuatro años después, la ilusión inicial se ha tornado en desencanto por la lentitud del Cabildo y “el nulo apoyo del Ayuntamiento de Betancuria”, municipio en el que se encuentra este recinto con seis siglos de historia. “Lo único que ha hecho es poner vallas para impedir el paso de los curiosos, pero luego las quitaron y no sabemos nada más”, lamentó el arqueólogo Marco Moreno, director de la excavación, a un grupo de historiadores que visitaron el inmueble el pasado viernes 23 de septiembre, durante la última jornada del I Taller Internacional de Historia y Arqueología de Canarias y Norte de África celebrado en Fuerteventura.  

Los arqueólogos han descubierto los muros originales de la primera construcción, los restos de una fuente y otros importantes hallazgos en las diversas etapas constructivas del conjunto. Lo que no se ha descubierto son vestigios de factura aborigen. La hipótesis de que el convento y la ermita de San Diego, el otro edificio notable del conjunto conventual, se levantaran sobre un antiguo poblado de los majos –primeros habitantes de Fuerteventura– está casi descartada.

Expediente BIC caducado

“Para nosotros”, sostiene Eloy Santiago, “es un proyecto muy importante, no sólo por ser la primera obra de la iglesia en Canarias, sino por su gran valor evangelizador” durante el proceso de la Conquista del Archipiélago. El conjunto fue abandonado en 1821, durante el proceso de la desamortización, y a día de hoy ni siquiera ha sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC), la máxima figura legal de protección. El expediente para la declaración BIC se inició hace muchos, pero la desidia de la administración insular provocó la caducidad de cuatro expedientes de otros tantos bienes de interés en Fuerteventura.

El actual consejero de Patrimonio del Cabildo majorero, Rayco León, tan solo lleva año y medio al frente del área. Ha desempolvado los expedientes caducados y quiere presentarlos al Gobierno de Canarias antes de que concluya la actual legislatura, en mayo de 2023. También quiere que el proyecto para poner en valor el convento “se autorice sobre la marcha para que la Iglesia inicie los trabajos”, ya que el convenio firmado en diciembre de 2020 -300.000 euros- contempla tres anualidades, a desarrollar entre 2021 y 2023. La realidad es que estamos en el otoño del 22 y todavía ni siquiera se ha firmado la autorización para emprender el proyecto.

El objetivo de Francis Cabrera, el arquitecto contratado por la Diócesis de Canarias, es “iniciar cuantos antes los trabajos de recuperación” de la zona conventual, una tarea que divide en tres grandes áreas: “Conservación para frenar el deterioro, mejorar la accesibilidad con unas modernas rampas, proteger el conjunto con un vallado y seguir impulsando la investigación”.

La recuperación total de la zona conventual no estará culminada del todo cuando concluyas las obras del proyecto aludido, afirma el arquitecto, “porque no se contempla la iluminación general de todo el recinto”. Para ello, “tenemos que instalar una  acometida eléctrica, en la ermita de San Diego –construida años después del convento-, con la suficiente potencia para iluminar todo el conjunto”. A la espera de estas tareas, el Convento de San Buenaventura continuará a la intemperie y la humedad continúa deteriorando la ermita vecina, con varios siglos de historia, de San Diego.

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