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Los giros del mirador de Malpaso: las instalaciones sufren un abandono absoluto

En una de las curvas de la serpenteante LZ10, en una montaña abierta a tajos, Jesús Soto y César Manrique diseñaron el mirador en los años 60 del pasado siglo

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Mirador de Malpaso. (FELIPE DE LA CRUZ)

Mirador de Malpaso. (FELIPE DE LA CRUZ)

En la fragua de los Perdomo, en el pueblo de Haría, se afilaron las herramientas con las que se construyó la sinuosa carretera de Malpaso. Primero fue un camino real sólo transitable a pie o en burro, luego se convirtió en pista de tierra para que pudieran pasar los carros que transportaban papas o gofio desde Los Valles. Más tarde se hizo la carretera que terminó de asfaltarse y ancharse con la llegada del tráfico rodado y el turismo.

En una de las curvas de la serpenteante LZ10, en una montaña abierta a tajos, Jesús Soto y César Manrique diseñaron un mirador en los años 60 del pasado siglo. Desde aquí la vista alcanza bancales, volcanes, palmerales, costa y una postal rematadamente bucólica del valle de Haría. Esta es la entrada más espectacular al pueblo. En Google, el común denominador de los viajeros deja su crónica en forma de foto o texto, y repiten los términos “sorpresa”, “verde”, “espectacular”, “diferente”, incluso “exuberante”.

Se plantaron varios dragos alrededor del edificio y se colocaron taburetes y bancos de madera para poder contemplar una de las panorámicas más espectaculares de Lanzarote. Del sencillo interior, destaca la madera rústica quemada y el cristal embutido en la piedra, sin marco, ni guía. Un pequeño bar con barra, un saloncito y baños. Tenía lo imprescindible para disfrutar de una parada en el camino, refrescarse, tomar algo, comprar un carrete de fotos o una postal y contemplar imágenes aéreas de Haría.

La flora y la fauna sigue siendo igual de fascinante hoy que hace cuarenta años. Pero el mirador se abandonó en algún momento de los años 90. Empezaron los robos, los desperfectos y las promesas de reforma. “Algo se hizo, pero al no estar gestionado por nadie, volvió a abandonarse”, recuerda un vecino de Haría. Se proyectó un circuito señalizado, con un pequeño puente con barandilla que permitiese caminar con seguridad por el filo El Cuchillo y un vivero de plantas autóctonas. El plan se presentó en la sala El Aljibe de Haría, pero nunca se hizo realidad.

Lea el artículo completo en Diario de Lanzarote.

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