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Una solución canaria para la vivienda (y el clima): casas de hormigón con plástico reciclado y roca volcánica

Toni Ferrera

Las Palmas de Gran Canaria —
7 de noviembre de 2026 21:41 h (Hora canaria)

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Ruperto Hernández asegura que ensayó cerca de 200 combinaciones diferentes de hormigón ecológico en el laboratorio hasta dar con la tecla en una decena de mezclas. La receta es más o menos la misma en todas ellas: un 10% del cemento comercial se sustituye por puzolana volcánica, un polvo muy fino de roca que sale disparado durante las erupciones; otro 10% de los áridos (piedras o arenas) se reemplaza por escamas de plástico reciclado; y las armaduras de acero que actúan como el esqueleto de la mezcla dan paso a estructuras de plástico reciclado impresas en 3D.

El arquitecto, con más de tres décadas de experiencia, sostiene que, a simple vista, no existe ninguna diferencia entre su hormigón y uno convencional, que es seguro y cumple toda la normativa vigente. El plástico queda completamente integrado en la masa. Su principal aplicación sería la elaboración de paneles prefabricados para fachadas, es decir, para levantar las paredes exteriores de los edificios.

La propuesta está detallada en la tesis doctoral que Hernández defendió en enero de 2026 en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). Completar el trabajo le llevó alrededor de seis años, explica, a los que se suman otros dos o tres cursos de trabajo personal previo dedicados a seleccionar los materiales e investigar el problema.

Durante todo ese tiempo, salvo los últimos seis meses, que dedicó a redactar la tesis, realizó ensayos de forma continuada en el laboratorio. Ahora, el invento se encuentra en pleno proceso de registro de la patente. El arquitecto revela, además, que ha firmado un contrato con la UPM para gestionar ese trámite y abordar su posterior comercialización.

Agrega que la tesis surgió de una “inquietud profesional” y que acudió a la universidad “planteando que quería hacer esto por mi tierra”.

“Este panel respondería a la gran demanda de vivienda y al incremento demográfico que se ha producido en los últimos veinte años, tanto en España en general como en Canarias en particular. Sin embargo, más allá de eso (...), lo que está en consideración es un cambio profundo del sector de la construcción, que se ha quedado atrás en términos de desarrollo y ha acabado convirtiéndose en uno de los sectores más contaminantes e ineficientes”, defiende Hernández.

La idea para contribuir a aliviar la crisis de la vivienda es relativamente sencilla: construir más rápido, más barato y con menos mano de obra.

Levantar nuevas casas (sobre todo de promoción pública) es una de las múltiples vías para hacer frente a la emergencia habitacional. Hernández precisa que construir un metro cuadrado (m2) de pared exterior con el sistema tradicional requiere unas seis horas de trabajo. Con el panel prefabricado, en cambio, el tiempo de montaje se reduciría a 0,58 horas por m2, lo que, según sus cálculos, permitiría reducir en un 90% la mano de obra necesaria in situ. El ahorro económico, añade, oscilaría entre un 20 y un 40%.

El arquitecto recuerda que el sector de la construcción sufre un envejecimiento de las plantillas y falta de trabajadores (principalmente por culpa de bajos salarios y jornadas al sol). Y que la industrialización permitiría trasladar las tareas más pesadas de la obra a un proceso continuo en taller donde, con las medidas adecuadas de prevención de riesgos laborales, se reducirían de manera drástica los accidentes.

Hernández defiende, al mismo tiempo, que el modelo cumple con el Código Técnico de la Edificación (CTE) y que el panel no actuaría de forma aislada, sino que formaría parte de una fachada con sus correspondientes capas de aislamiento y acabado. Destaca que encaja dentro del PERTE de la Industrialización de la Vivienda, un proyecto estratégico impulsado por el Gobierno de España para transformar el modelo de construcción tradicional. Y sostiene que las viviendas serían dignas, por encima de todo. “No tiene nada que ver la solución industrializada con la dignidad del espacio creado”, remacha.

La propuesta también busca responder a la crisis climática mediante una menor dependencia de los combustibles fósiles (gas, petróleo y carbón), los principales causantes del calentamiento global.

El sector de la construcción es responsable del 21% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Esta cifra incluye tanto las emisiones derivadas del uso de los edificios (calefacción, refrigeración y electricidad) como las asociadas a la fabricación del cemento y el acero empleados en su construcción. En Canarias, el dato oficial se sitúa en el 0,6% de las emisiones brutas, pero no incluye las derivadas del consumo de electricidad ni de la fabricación de los materiales.

A nivel global, no obstante, solo la elaboración del clínker (la materia prima del cemento) genera entre el 5 y el 8% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), según las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Al sustituir un 10% del cemento por puzolana volcánica, la huella de carbono asociada a ese material se reduciría en la misma proporción, explica Hernández.

Otra ventaja es la reutilización del plástico reciclado. Los vertederos de las Islas reciben cada año unos 2,4 millones de kilos de botellas de plástico y algunos de ellos están al borde del colapso. Así que sustituir un 10% del árido del hormigón convencional por escamas de plástico y reemplazar el acero importado por estructuras de plástico reciclado impresas en 3D permitiría dar una segunda vida a muchas de esas botellas de agua, refrescos y otros envases que, de otro modo, acabarían degradándose en forma de microplásticos hasta colonizar los lugares más insospechados.

“Tenemos existencias de ambas cosas. Hay puzolana y hay plástico en los vertederos. La particularidad de mi invento es que se aprovechan los recursos, se reduce la contaminación, se reduce la basura, se reduce el transporte, se reduce el consumo de recursos naturales…”, enumera el arquitecto.

Canarias Ahora ha intentado contactar con las patronales de la construcción de las provincias de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, que no han respondido a las preguntas planteadas sobre el estado de la construcción sostenible en Canarias.

Quienes sí lo han hecho son los representantes del Clúster de Construcción Sostenible de Canarias (CSS). Su presidente, el arquitecto Javier Martínez Amigó, traslada, junto con el resto de los miembros de la organización, que en las Islas “existen iniciativas y capacidades” en este ámbito, pero que “todavía queda recorrido para que este enfoque se incorpore de manera habitual a todo el sector”. Advierte a su vez de que “el cambio va más allá de sustituir el bloque de hormigón por otro material: afecta al conjunto de decisiones del proyecto y de la obra”.

Para el Clúster, la sostenibilidad en la construcción implica reducir sus impactos (que siempre aparecen) mediante “una arquitectura contextualizada, concebida a escala humana y basada en un análisis profundo del lugar y sus recursos”.

En Canarias, explican, esto pasa por un “diseño bioclimático adaptado a cada emplazamiento” que permita aprovechar la orientación, sacar partido del sol o protegerse de él, tener en cuenta el viento y las condiciones del entorno para mantener el confort y una buena calidad del aire interior, con la menor dependencia posible de sistemas de climatización, como el aire acondicionado o la calefacción. Sus miembros remarcan que esta “transformación” debe abarcar “especialmente” las viviendas existentes.

La organización insiste en que, “más que confiar en una solución única”, lo que se necesita es “un cambio de enfoque que vuelva a conectar la construcción con el lugar, sus recursos y sus necesidades”.

La primera decisión, apuntan, debería ser analizar cuánto se puede resolver conservando, rehabilitando y adaptando lo existente. Esto debe ser “una prioridad”, sobre todo en el caso de los hogares más vulnerables. También consideran importante incorporar “soluciones naturales y circulares adecuadas a cada uso”, así como analizar el ciclo de vida de los materiales, la huella de carbono y el consumo de agua.

“Ese análisis debe permitir actuar sobre la fabricación (incluida la reducción del clínker), el transporte, la ejecución y el mantenimiento. Importa tanto cómo construimos como la eficiencia y el tiempo que conseguimos que lo construido siga siendo útil”.

La estrategia, a juicio del Clúster, debería ser diversificar mediante el uso de materiales naturales, locales y recuperados. La organización ve con buenos ojos el Proyecto Eucalipto Rojo, una iniciativa de investigación y gestión forestal en Gran Canaria que estudia el aprovechamiento industrial de la madera de eucalipto rojo, una especie introducida en la Isla. En cuanto al uso de plásticos reciclados en el hormigón, considera que hacen falta más estudios.

“Convertir un residuo tan nocivo para el medio ambiente en un recurso siempre es muy interesante, pero es una línea que debe evaluarse con rigor. Incorporar un residuo no convierte automáticamente un producto en sostenible. Hay que comprobar qué sustituye, cómo afecta a sus prestaciones, cuánto dura y qué posibilidades de recuperación tendrá al final de su vida”, matizan.

Los miembros del Clúster creen que el principal cuello de botella para impulsar la construcción sostenible en el Archipiélago es “sociocultural”. Consideran que, durante décadas, el desarrollo se ha asociado casi exclusivamente a la construcción, mientras que el mantenimiento y la rehabilitación han recibido “menos reconocimiento”.

También apuestan por “revisar el modelo territorial” en unas islas “limitadas y vulnerables”, donde “la presión del crecimiento turístico y residencial obliga a debatir dónde, cuánto y para qué construimos”. A esta dificultad se suman otros obstáculos concretos, puntualizan, como los problemas de suministro, la fragmentación insular, la escasa capacidad para transformar algunos recursos locales, la necesidad de formación y la falta de continuidad entre la investigación, la fabricación y la ejecución.

“El Clúster puede contribuir conectando empresas, profesionales, centro de investigación y administraciones, facilitando que el conocimiento llegue a actuaciones concretas. El objetivo es que construir y rehabilitar con estos criterios sea una práctica habitual”, remacha la organización.