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En tren hacia el gran Centro Rojo de Australia

The Ghan, uno de los trenes más famosos del mundo, nos sirve de puerta de entrada hacia el desierto australiano, donde la naturaleza se mezcla con la fascinante cultura aborigen

El mítico The Ghan internándose en el Centro Rojo. Great Southern Rail

El mítico The Ghan internándose en el Centro Rojo. Great Southern Rail

2.979 kilómetros median entre las ciudades de Adelaida y Darwin; 2.979 kilómetros que separan las costas y acantilados de la Gran Bahía Australiana, una de las mayores bahías oceánicas del mundo, y las playas kilométricas bañadas por las aguas calientes del Mar de Timor; 2.979 kilómetros que marcan la distancia entre el gran sur y el extremo norte de un país que, por sí mismo, es todo un continente; 2.979 kilómetros de ferrocarril que recorren algunos de los parajes más salvajes del mundo y que conecta, en poco más de tres días, puntos míticos de la geografía más salvaje de la salvaje Australia. Desierto. Pero de verdad. The Ghan, lo llaman. Todo un mito de los viajes en tren que atraviesa el corazón de las tierras australianas y que sirve para visitar algunos de los lugares que han hecho de esta isla continente un destino para viajeros y viajeras de los de verdad.

The Ghan es, también, la mejor manera de acercarse al Outback, el enorme espacio semidesértico que ocupa el centro de esa isla continente que es Australia. La opción más barata y rápida es volar hasta la ciudad de Alice Springs desde cualquiera de las grandes metrópolis australianas, pero la oportunidad de recorrer en tren uno de los trozos de planeta más alucinantes bien merecen las 25 horas que median entre la partida del tren desde la ciudad de Adelaila y la llegada a Alice Springs. El tren es una auténtica pasada y ofrece desde cabinas de lujo (a un precio que ronda los 1.000 euros -2.600 para el recorrido completo) a pasajes en cabinas turísticas con sillones reclinables (unos 400 euros -862 euros el recorrido hasta Darwin). Una vez en el centro del país, las opciones pasan por esperar una semana para volver a tomar el tren rumbo al norte (lo que requiere reservar la plaza con al menos seis meses de antelación) o tirar del avión para volver a las ciudades de la costa (que es la opción que recomienda Viajar Ahora).

El Uluru, símbolo sagrado de los aborígenes australianos. jacqueline Wales

El Uluru, símbolo sagrado de los aborígenes australianos. Jacqueline Wales

Con tres días en Alice Springs es más que suficiente para dejarse seducir por los encantos del Centro Rojo. Un tiempo que nos permitirá explorar los lugares emblemáticos de este ‘desierto’ rebosante de vida y de leyendas. Como las que rodean al imponente Uluru, o Ayers Rock. Símbolo del país, este monolito de piedra arenisca de intenso color rojo emerge de la llanura con una mole de más de nueve kilómetros de contorno y 348 metros de altitud y atrae a más de 400.000 visitantes al año. Situado a más de 460 kilómetros de Alice Springs, este lugar es una base de operaciones ideal para ver otros lugares de interés como Las Olgas (otro macizo montañoso similar al propio Uluru) o King’s Canyon, un impresionante cañón formado por el agua. Hacer noche en Ayers Rock no es mala idea. Muchos viajeros hacen el viaje desde ‘Alice’ se quedan un día y vuelven al siguiente.Nosotros nos quedamos dos noches y la experiencia fue única ya que nos permitió hacer algunas excursiones poco conocidas como la de Cave Hill, donde se encuentran las pinturas rupestres aborígenes más importantes del área, darnos el gusto de pasar una tarde en el Pantano de Mutitjulu, importante centro espiritual de los primeros pobladores del país que se encuentra en la propia Ayer Rock y cenar bajo las estrellas en pleno desierto escuchando viejas leyendas en el tour The Sound of Silence (desde Ayers Rock Resort).

King's Canyon, en el corazón rojo de Australia. Jaqueline Wales

King's Canyon, en el corazón rojo de Australia. Jaqueline Wales

Hacer las excursiones con guías aborígenes supone un plus importantísimo. El Centro Rojo es un importante centro espiritual. Un lugar donde confluyen mitos, leyendas y creencias muy profundas de los hombres y mujeres del lugar. Es este un lugar dónde el ver se combina a la perfección con el escuchar. Cada paseo se convierte, gracias a nuestros anfitriones, en una lección sobre la cultura ancestral de los primeros australianos. Y uno aprende mucho. Lo primero a respetar. Una cadena permite subir hasta la cima del Uluru, por ejemplo: pero los guías te dirán que a ellos no les gusta que subas. Queda a tu arbitrio subir o no. Nosotros no lo hicimos. Preferimos dar la vuelta a la gran montaña y descubrir sus secretos.

Fotos: Jaqueline Wales vía Good Free Photos

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