Cómo saber si las gafas para ver el eclipse están homologadas

La observación de un eclipse solar como el que podremos ver en diversos puntos de la Península el próximo 12 de agosto obliga a extremar ciertas precauciones. Aunque el fenómeno solo se contemple durante unos minutos, mirar al Sol sin la protección adecuada puede provocar daños graves en la retina y dejar secuelas permanentes. El peligro no desaparece porque la luz parezca más tenue o porque el disco solar esté parcialmente cubierto. Por eso, elegir un visor no debería basarse solo en su apariencia, en el color de las lentes o en lo que destaque en un anuncio.

Los modelos pensados para este uso incorporan filtros diseñados para reducir la radiación que llega a los ojos. No son equivalentes a unas gafas de sol convencionales, por muy oscuras que sean o por mucho que se utilicen en días de gran luminosidad. Tampoco sirven soluciones improvisadas como radiografías, cristales ahumados o filtros fotográficos. Estos recursos pueden disminuir el deslumbramiento, pero no aseguran la protección necesaria para mirar directamente al Sol.

Antes de adquirir este tipo de accesorio, conviene revisar varios aspectos que permitan comprobar su procedencia y su idoneidad. La referencia principal está en el código técnico que debe acompañarlo, pero también es importante fijarse en el marcado europeo, la identificación del fabricante y las instrucciones de uso. Si falta alguno de estos datos, resulta difícil saber si el producto ha sido diseñado para este fin o si simplemente se vende como un artículo vinculado al fenómeno astronómico sin contar con las garantías de seguridad necesarias.

El control no termina en el momento de la compra. Un visor que cumple la normativa puede dejar de ser seguro si la lámina está deteriorada, mal fijada o presenta zonas dañadas. Por ello, es necesario revisarlo antes de cada uso y descartar cualquier unidad que tenga arañazos, grietas, pequeños agujeros, pliegues o diferencias de transparencia. La homologación certifica unas características concretas, pero no evita problemas derivados de una mala conservación o de un golpe.

Qué datos deben aparecer y cómo comprobar el estado de las gafas

El primer elemento que debe localizarse es la inscripción “EN ISO 12312-2:2015”. Esta referencia corresponde a la norma internacional aplicable a los filtros destinados a la observación directa del Sol. Se trata de un estándar de la Organización Internacional de Normalización (ISO, por sus siglas en inglés), encargada de establecer estos estándares de seguridad, que permite distinguir estos productos de otros pensados únicamente para reducir la luz ambiental. La numeración debe figurar completa, ya que una mención genérica a “ISO”, “protección solar” o “filtro UV” no permite confirmar que el artículo sea adecuado para ver un eclipse.

En los productos comercializados dentro de la Unión Europea también debe aparecer el marcado CE. Este símbolo tiene que ser visible y estar acompañado de información suficiente para identificar el modelo. El embalaje o las instrucciones deben incluir el nombre del fabricante, las indicaciones de uso seguro y las pautas de conservación. Estos datos permiten saber quién responde por el producto y cómo debe guardarse para que el material filtrante mantenga sus propiedades. Si solo aparece el código técnico, pero no hay referencias sobre la empresa responsable o el modo de uso, la información queda incompleta.

El lugar de compra puede ayudar a reducir riesgos, aunque no sustituye las comprobaciones anteriores. Siempre que el modelo cumpla todos los requisitos, puede adquirirse en distintos establecimientos o plataformas. Aun así, los planetarios, las asociaciones astronómicas y las entidades científicas suelen ofrecer más garantías para encontrar productos adecuados o recibir orientación. En cualquier caso, conviene revisar personalmente el etiquetado y no fiarse únicamente de expresiones comerciales como “especial para eclipses” o “máxima protección”. El precio, la forma de la montura o la oscuridad de la lente tampoco garantizan que el visor esté homologado.

Una vez verificados los datos, es necesario examinar la zona que cubre los ojos. La lámina debe estar bien colocada, sin separarse de la montura y sin dobleces que puedan afectar a su funcionamiento. También hay que comprobar que no existan rayaduras, roturas, grietas, perforaciones o zonas que dejen pasar más luz de lo normal. Esta revisión puede hacerse en un lugar bien iluminado, sin mirar directamente al Sol. Si se detecta cualquier defecto, esas gafas deben descartarse y sustituirse por otras en buen estado.

Las lentes convencionales no sirven como alternativa. Su función es reducir el deslumbramiento en situaciones cotidianas, pero no están diseñadas para soportar la observación directa del Sol. Lo mismo ocurre con soluciones caseras, aunque a simple vista parezcan bloquear gran parte de la luz. Para observar el fenómeno de forma directa es imprescindible utilizar filtros que incluyan la norma correspondiente, el marcado exigido y la información del fabricante. Si falta alguno de estos elementos o no puede verificarse, no es posible asegurar que el producto ofrezca una protección adecuada.