El truco para recuperar el brillo y limpieza originales de las sartenes
Las sartenes se usan a diario para preparar todo tipo de alimentos y, con el paso del tiempo, es normal que acumulen manchas difíciles de quitar. El aceite, los restos de comida y el calor de los fogones o de la placa van dejando marcas incluso cuando se lavan después de cocinar. Algunas aparecen en los laterales y otras se concentran en la parte inferior, justo donde el recipiente entra en contacto con la fuente de calor.
Al lavar una sartén, lo habitual es prestar más atención al interior. Es la zona en la que se cocinan los alimentos y donde quedan los restos más visibles, por lo que suele concentrar buena parte de la limpieza. Sin embargo, la base exterior también necesita ciertos cuidados. Allí pueden acumularse salpicaduras de grasa y pequeños residuos que terminan pegándose mientras el utensilio permanece sobre el fuego.
Este tipo de suciedad no siempre se nota después de los primeros usos. Puede comenzar con unas pocas manchas y acabar formando una capa oscura que cubra parte del fondo. Cuando esos restos se calientan una y otra vez, eliminarlos con agua, jabón para platos y una esponja resulta cada vez más complicado. Por eso, algunas sartenes terminan presentando un aspecto ennegrecido aunque se limpien con frecuencia.
También es importante diferenciar la grasa acumulada de los cambios propios del material. En el acero inoxidable, por ejemplo, pueden aparecer cercos provocados por el agua o cambios de color relacionados con las altas temperaturas. Una superficie rayada o un revestimiento que empieza a desprenderse, en cambio, no volverá a su estado original por mucho que se frote. Identificar qué tipo de marca es ayuda a evitar productos o utensilios que puedan empeorar el problema.
Cuando lo que hay son restos adheridos, algunos métodos caseros pueden ayudar a limpiar determinadas superficies sin recurrir directamente a un estropajo metálico. Uno de ellos combina bicarbonato de sodio y jabón líquido para platos, dos productos habituales en casa. La mezcla puede aplicarse en el exterior de algunas sartenes para facilitar la retirada de las manchas. El resultado dependerá del material, de la suciedad acumulada y del estado general de la pieza.
Cómo limpiar la base de las sartenes y mejorar su aspecto
Para preparar la mezcla se ponen tres cucharadas de bicarbonato y dos de jabón líquido para lavar los platos a mano en un recipiente pequeño. Después se remueve todo hasta conseguir una pasta que pueda extenderse. No debe confundirse este jabón con el detergente utilizado en el lavavajillas ni con el destinado a lavar la ropa. Antes de aplicarlo, conviene comprobar que el acabado exterior admite una limpieza ligeramente abrasiva, ya que el bicarbonato puede dejar marcas en materiales delicados.
La sartén debe estar completamente fría antes de empezar. Después se humedece la zona que se quiere limpiar con un poco de agua templada y se reparte la preparación sobre las manchas. Puede utilizarse una esponja suave para extenderla. Conviene frotar sin hacer demasiada presión e insistir algo más en las zonas donde se haya acumulado grasa, evitando siempre las partes pintadas, revestidas o especialmente sensibles al roce.
Tras frotar durante unos dos o tres minutos, la pasta se deja actuar otros cinco. A continuación se retira con agua templada hasta que no queden restos del producto. Secar bien con un paño limpio ayuda a eliminar la humedad de la base y de la zona próxima al mango. Si todavía queda alguna marca, conviene comprobar de qué se trata antes de repetir el proceso, ya que no todas las decoloraciones desaparecen al frotar.
El bicarbonato también puede mezclarse con unas gotas de agua para preparar una pasta más sencilla, siempre que la superficie sea compatible. Si el problema son restos de comida pegados en el interior de una sartén de acero inoxidable sin revestimiento, dejarlos ablandar primero con agua caliente y jabón para platos puede facilitar bastante la limpieza. No hace falta empezar con un estropajo duro, ya que puede rayar el metal, sobre todo si presenta un acabado pulido.
Hay manchas que necesitan un tratamiento diferente. Los cercos blanquecinos del acero inoxidable pueden deberse a los minerales presentes en el agua y, en esos casos, pasar un paño con una pequeña cantidad de vinagre blanco puede ayudar a retirarlos. Después hay que aclarar y secar bien. El ácido cítrico también se utiliza para algunas marcas en recipientes de acero inoxidable compatibles, pero este método no debe aplicarse a cualquier sartén ni dejar productos ácidos durante mucho tiempo sin revisar antes las recomendaciones de mantenimiento.
Las precauciones deben ser mayores con las sartenes antiadherentes. Su interior debe limpiarse con agua, jabón y una esponja que no raye. Las mezclas abrasivas, los estropajos metálicos y los objetos puntiagudos pueden dañar el revestimiento. Si esa capa empieza a desprenderse o presenta daños visibles, ningún truco casero puede reconstruirla. Las sartenes de hierro fundido también necesitan un cuidado diferente, ya que los productos ácidos pueden afectar a la capa de curado que protege la superficie.
Para evitar que la suciedad se acumule demasiado, conviene retirar las salpicaduras cuando la sartén ya esté fría, lavarla con productos adecuados y secarla bien antes de guardarla. Tampoco es recomendable someterla a cambios bruscos de temperatura ni apilarla de forma que unas piezas puedan rayar otras. La limpieza puede mejorar el aspecto de una base cubierta de grasa quemada, pero no siempre será posible recuperar por completo su color o brillo original si el material ya está desgastado.