Entrevista
Diego Luna: “Alarma ver que el discurso de odio e ignorante de la extrema derecha contra el migrante gana terreno”
Los charolastras han crecido, como todos. Julio y Tenoch, aquellos amigos con decálogo de buenas prácticas incluido, aparecieron en la pantalla de cine y se convirtieron en el símbolo de toda una juventud. El sexo, el descubrimiento, lo político, la lealtad… todo estaba en Y tu mamá también, aquella película sudorosa, sensual y profunda que partió el cine mexicano, y el mundial, en 2001.
Alfonso Cuarón presentó en pantalla a dos adolescentes cuyo magnetismo era tan arrollador como su filme. Gael García Bernal y Diego Luna se amaban y traicionaban en una road movie que les colocaba en el foco mundial. De aquella película hay algo que continúa latiendo, y que queda patente en la amistad a prueba de todo que forjaron ambos actores, que siguen en el presente siendo aquellos charolastras, solo que ahora más cercanos a los 50 años que a los 20.
Ambos han sabido crecer y madurar delante de la cámara como actores y como cineastas. Diego Luna de hecho ha logrado hasta algo que parecía imposible, que una saga como Star Wars le dé a un mexicano un protagonista absoluto. Lo hizo en Rogue One, pero sobre todo en ese caballo de Troya llamado Andor y que analiza una rebelión contra el fascismo que se siente más actual que muchas series ambientadas en el presente.
Diego Luna estrena, además, su nueva película como director, Ceniza en la boca, una adaptación de la novela de Brenda Navarro que ya se puede ver en los cines y que le “atravesó y removió” cuando la leyó, y que cuenta la experiencia de tantas mujeres que dejaron su país para venir a España a cuidar a los hijos a y a los padres de otros mientras dejaban a los suyos en tierra. Las “fracturas de la migración” que analiza en una película tan delicada como actual.
Como mexicano, ¿había algo que le atravesaba más de la novela de Brenda Navarro? De alguna forma usted ha hecho también ese viaje de ida y vuelta.
La película, más que el libro, se centra en un momento de vida de la joven, que interpreta Ana Díaz de manera excepcional, en el que está en Madrid, siguiendo a su madre que había emigrado ocho o nueve años antes. La película trata de los que llegan, pero también de los que reciben.
Si en alguna de estas posiciones me puedo colocar es en la de quien recibe. Por vivir en México, la migración nos cruza por todos lados. Están los que migran hacia el norte buscando las oportunidades que no tienen o por sobrevivir o porque son expulsados de sus lugares. Pero están también los que buscan México como destino.
Me ha tocado convivir con eso y reflexionar sobre por qué la gente migra, qué pasa en el trayecto. Pero esta película y este momento de la historia que decidimos contar nos habla de quienes ya están aquí, de su vida cotidiana, de con quién te encuentras todos los días y decides ser indiferente o no.
Me parece una reflexión muy pertinente pensar en cómo nos relacionamos, en qué tanto estamos dispuestos a entender a quien deja todo detrás, busca construir una vida y sembrar en donde estamos. La película te invita a ponerte en los zapatos del otro, pero el otro es ese con el que ya convives.
Ahora mismo ponerse en los zapatos del migrante, con los discursos de odio que vemos, es algo importante.
Me parece una pregunta muy pertinente, pero yo haría otra pregunta: ¿no crees que hace cinco años me hubieras hecho la misma? O hace diez, cuando Alemania estaba recibiendo migrantes, o antes… Esta reflexión es y ha sido pertinente porque no podemos explicarnos ningún arraigo sin tener que pensar en una migración.
Para que tú puedas decir “yo soy de aquí”, alguien migró, o si no, es que fuiste tú mismo quien migró. Es el tema que atraviesa todos los temas y siempre es y será pertinente. Creo que lo que sí está pasando hoy, que alarma, es cómo ese discurso de odio, ese discurso ignorante que además es tan rentable para las extremas derechas, va ganando terreno. Pero también somos muchos los otros y tenemos que salir al encuentro.
¿Cómo ayuda el cine en ese sentido?
A mí es lo que me gusta del cine, que te invita a seguir tu curiosidad, meterte a una sala, parar un poquito, sentarte con un grupo de personas que no conoces, asomarte con interés a la vida de alguien que no conoces y encontrar una conexión. Eso ya habla bien de ti. Mientras haya gente que va al cine, habrá gente que esté saliendo a ese encuentro. En este momento eso es lo que es necesario: información, entendimiento, reiteración. No vamos a ser más escandalosos, pero sí podemos ser persistentes.
En mi vida, el cine me ha ayudado a forjar la persona que soy, a entenderme, a cuestionar mi entorno y mi contexto, a atreverme a hablar de cosas
¿Es de los que piensa que el cine tiene ese poder de cambiar algo, o le parece naïf pensar eso?
No me parece naïf para nada; no haría lo que hago si no pensara que tiene un sentido. En mi vida, el cine me ha ayudado a forjar la persona que soy, a entenderme, a cuestionar mi entorno y mi contexto, a atreverme a hablar de cosas. Me ha servido de ejemplo, para bien y para mal. Es de las cosas importantes en mi vida, así que aspiro a que también lo sea para otros.
En efecto, el cine no va a cambiar las cosas, pero sí puede hacer hacernos sentir menos solos en ese interés por cambiarlas. Si además seguimos celebrando el cine como a mí me tocó, que es en una sala con gente que no conoces, automáticamente eres parte de una comunidad. Y eso es poder, el poder está en los números.
Tus preocupaciones, solito, tienen poco alcance, pero si sales a ver quién está preocupado por lo mismo, te darás cuenta de que no estás solo y que es más fácil articular algo. Es momento de articular lo que sea que te interese o preocupe, de articular una reacción y una sensación comunitaria de defensa de esos espacios y de esas ideas.
Ceniza en la boca se estrena en este puente que aquí se llama de la Hispanidad, como mexicano, ¿cómo se lleva con ese término?
¿Cómo me llevo con ese término? Híjole, no es parte de mi lenguaje, la verdad. Las veces que me ha tocado estar aquí entiendo lo que significa. Pero en mi vida… no.
Ahora, sí me parece curioso e interesante que la película se presente y se estrene en esta fecha, que no es algo que planeamos. Es una bonita coincidencia, porque la película habla de lo que pasa, pero también sugiere lo que podría pasar. Hay historias ahí que a mí me parecen muy lindas, como la de la mujer mayor, sin echarles a perder la película: cómo termina reaccionando con Lucila y dando la vuelta a esa relación, alguien que recibe cuidados y de pronto está dispuesta a cuidar. Hay destellos ahí de lo que es posible y es bonito.
A mí me gusta hablar de cómo hicimos la película. Nace como idea en México, pero de ahí busca complicidad en España. Somos tres productoras mexicanas que nos asociamos con una de aquí, Valérie Delpierre, de Inicia Films. Armamos un equipo diverso e interesante, que tiene distintas perspectivas sobre un mismo tema que a todos nos interesa: ¿qué pasa hoy con los que migran de América Latina a España? ¿Qué pasa con ese intercambio? ¿De qué somos capaces cuando articulamos cosas juntos? La película es un resultado de eso. No hay mejor época para estrenarla que esta.
Ha hablado de esos destellos de luz en la película. ¿Es optimista o se obliga a serlo en este momento?
Sí, claro que lo soy. Por eso sigo, por eso trabajo, por eso tuve hijos. Cuando el entendimiento se da, vemos la mejor versión de la gente. Cuando la información llega, hay esperanza, claro que sí. Una vez que estás, ya no hay manera de desinformarte. Una vez que conoces la historia, ya no hay vuelta atrás.
Lo que es cierto es que cada vez es más difícil llegar. Pareciera que estamos más aislados, más solos, más enclaustrados en nuestras burbujas de lo que creemos y lo que nos llega, por lo que buscar la forma de meterse por ahí. Ayer, por ejemplo, tuvimos un encuentro con el público y fue una plática muy linda donde pensé: “Ah, pues para mí hay esperanza”.
En el festival de Venecia, Penélope Cruz destacaba cómo ha cambiado todo, hace años los personajes de mujer española o latina hablaban en inglés con acento, ahora se habla en español sin problema, ¿ha notado ese cambio?
Sí, sin duda. Crecí en mi adolescencia y, sobre todo, la joven adultez… ¡Es que ya fue hace mucho!
Es que ha crecido delante de la cámara. Eso tiene que dar mucha impresión.
Sí. El otro día me dieron un reconocimiento, dijeron el tiempo que llevo haciendo esto y me dio pánico. Dije: “No puede ser, ¿cuándo pasó todo ese tiempo?”.
El caso es que antes había un rechazo y un miedo, digamos industrial, a la especificidad. Ahora es todo lo contrario, no porque la industria se haya vuelto más audaz y los que toman las decisiones en las grandes empresas ahora quieran tomar riesgos. Es un mensaje que mandó el público, que empezó a decir: “Oye, yo quiero verme ahí, sentirme cerca de lo que estoy viendo. Quiero sentir que para ti eso que a mí me hace diferente es importante y que para representarlo vas a ser meticuloso y preciso”. Y empezaron a pasar cosas muy lindas con el cine que no era en inglés.
De hecho, el cine estadounidense cada vez está más nutrido de voces que vienen desde industrias cinematográficas que no tienen nada que ver con ese país. Y esas miradas y esas visiones han llegado a ser muy enriquecedoras. El público, cuando ve una historia que pasa en España, quiere oír el español. O cuando unos personajes viajan por México, no es normal que todo el mundo les hable en inglés. De repente estas cosas de la especificidad también hacen que las películas sean diferentes, que como espectador haya un reto en descubrir dónde estás, en tratar de entender. Que no todo esté digerido para ti y simplificado.
El propósito de 'Andor' no es que fuera buenos contra malos, sino ver lo difícil que es articular un movimiento social
El cambio también está en los papeles que le ofrecen, no sé si pensaba que un actor mexicano iba a poder protagonizar una película y una serie de Star Wars como Andor.
Pero no es solo que los que toman decisiones en la industria decidieron transitar eso, de eso somos parte todos. Cuando hicimos Y tu mamá también, no sabes la cantidad de guiones que me llegaban de jóvenes que fumaban marihuana y hacían locuras, como si siguiera leyendo el mismo personaje que había hecho y que probablemente había inspirado a otros a escribir cosas. Uno, como actor, tiene que saber contener esa ola y buscar lo que quiere hacer o tratar de generar tu propio trabajo para mostrar otras opciones, otras caras, otros personajes que te representen, otros retos.
Luego, por otro lado, se fue tornando evidente que el público prefería verse así. La gente que tiene alguna conexión con América Latina en EEUU quiere ver latinos en la pantalla e historias interesantes donde tenga una razón de ser que seas quien eres.
En el caso de Andor es una especie de caballo de Troya, una serie de Star Wars contra el fascismo, ¿estaba claro desde el principio ese componente político?
Sí, el propósito era ese. Cuando se sumó a la serie Tony Gilroy, nos sentamos a platicar qué íbamos a hacer y estaba muy claro: la serie era la historia de cómo nace una revolución y cuáles son los elementos sociales y políticos para que emerja. Esa era la historia que teníamos que contar, utilizando a este personaje como pivote, como pretexto para ir conociendo y encontrando todos esos elementos que van articulándose para que suceda la revolución.
El propósito desde el principio era eso y también ver todos los ángulos, todas las aristas. Tratar de que no fueran buenos contra malos, sino ver lo difícil que es articular un movimiento social.
Ha mencionado Y tu mamá también. ¿Se cansa uno de que le pregunten por ella?
Me da mucho gusto siempre hablar de ella porque además la recuerdo siempre. Cuando dirijo, por ejemplo, pienso mucho en las lecciones que Y tu mamá también representaron para mí como actor y lo que entendí del proceso de Alfonso Cuarón, tanto del equipo que armó como del rigor de trabajo.
La primera vez que pasé más de una semana en España fue porque estábamos ensayando Y tu mamá también y me empecé a relacionar de una forma distinta con Madrid. Después en la promoción, viajamos por toda España. No me volvió a pasar, por lo menos no con ninguna película mexicana.
¿Ha pensado por qué se convirtió un icono, al menos generacional?
Es algo multifactorial e imposible de repetir. Hay una parte del proceso que es la que nos corresponde a los que la hicimos, que sí te puedo decir qué la hizo diferente. Todo ese trabajo que se hizo antes y después, cuando nos subimos detrás de la película, la acompañamos a todos lados, la defendimos cuando había que defenderla y la disfrutamos con el público.
Siento que esa película para mí fue un parteaguas, un antes y un después en la forma en la que todos nos involucramos. Pero luego también hay otras cosas: es el momento en el que sale. En México era la segunda, tras Amores perros que venía de competir en festivales y se convertía en la película más taquillera, eso que antes estaba completamente desconectado y que ahora parece otra vez estar completamente desconectado, por lo menos en la industria mexicana. ¿Cuándo va a volver a pasar? No lo sé.
Y con 20 años, ¿cómo se vive un fenómeno como ese?
Tiene que ver con la cantidad de trabajo que costó. La popularidad, cuando llega de golpe, te puede enfermar de forma más profunda. Te mareas un poco y te empiezan a pasar cosas que no sabes dónde acomodar.
Nos teníamos como equipo, nos pasó a todos, y me pasó con mi amigo, mi hermano, con Gael: tuvimos la fortuna de que esta revolución pasó cuando podíamos tomarnos de la mano y vivirla juntos. Había una cantidad de trabajo atrás, de esfuerzo, de dedicación y de sacrificios. Cuando llevas trabajando dos años y medio, con mucho rigor, que pase algo así es muy lindo de celebrar porque te lo ganaste, y sabes que no va a volver a llegar a menos de que le dediques esa cantidad de esfuerzo porque no lo regalan. Eso te pone las cosas un poquito en perspectiva.