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Festival de Cannes

Diego Luna aborda la migración en Cannes: “Hay una narrativa de conflicto y confrontación entre España y México”

El director mexicano Diego Luna presenta 'Ceniza en la boca' en Cannes.

Javier Zurro

Cannes —
14 de mayo de 2026 22:01 h

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Hace 25 años, en el Festival de Venecia, dos jovencitos captaban todas las miradas. Se llamaban Gael García Bernal y Diego Luna, y presentaban en el certamen la película que les cambió las vidas, Y tu mamá tambien, de Alfonso Cuaron. Ha pasado un cuarto de siglo, y en un festival diferente, el de Cannes, se vuelven a cruzar. Su amistad se ha mantenido desde entonces a prueba de balas, y siguen apoyando cualquier proyecto que emprendan. Por eso tampoco fue extraño ver entre el patio de butacas del teatro Debussy a Gael García Bernal en la premiere de Ceniza en la boca, la adaptación del libro de Brenda Navarro que Diego Luna ha dirigido.

Una coproducción con parte española que muestra la migración a nuestro país de una familia. La madre y la hija acabarán limpiando por cuatro duros las casas de los burgueses españoles, primero madrileños y luego barceloneses, mientras intentan formar una nueva vida alejada de la violencia y el terror que vivieron en México en una comunidad dominada por los narcos.

Aunque en la película la vida de la joven protagonista adquiera un poco de luz, Diego Luna deja claro que no quería marcar que Madrid fuera más hostil que Barcelona. Lo es para su personaje. “En efecto, Madrid es mucho más inhóspito para este personaje y Barcelona representa el pequeño chispazo de libertad que le toca vivir”, aclara.

Para la adaptación investigó de forma “profunda los entornos y los contextos que se retratan”. “Es muy interesante profundizar dónde están estas comunidades y sus diferentes versiones. Tú no eres latino, tú eres mexicano hasta que llegas a un lugar donde te dicen que eres latino porque hay esta necesidad de encontrar un recipiente en el que quepan todos, pero la comunidad latina tiene muchas aristas diferentes. Están los que acaban de llegar, los que nacen, los que están de paso, los que buscan su destino final…”, explica.

También subraya que aunque el lugar donde ocurre sea España, ese racismo y clasismo se encuentra en todo el mundo, aunque evidentemente las heridas del colonialismo ofrecen alguna diferencia: “Esto ocurre en todo el mundo, no es un problema solo de España, porque pasa también aquí en Francia y pasa en EEUU. Hay una narrativa de confrontación y de conflicto entre ambos países. Para mí, la película es un intento por replantear eso. Desde el propio andamiaje de la producción buscamos eso, contar una historia que pasa en ambos países, y por eso vamos a escucharnos, vamos a trabajar juntos, vamos a hacer lo que deberíamos estar haciendo más, porque compartimos muchísimas cosas que nos permiten hablar de lo mismo”.

Una forma que debería ser la que ocurriera siempre, pero que no siempre se da. “La historia debe cargar un poco la lógica y la filosofía detrás del cómo se opera la maquinaria que produce. Y aquí lo llevamos a un extremo. No hay nadie más documentado que varias personas que trabajaban en esta película porque están hablando de su propia vida. Creo que hay un reclamo de ida y vuelta que atender y que me parece que nos está haciendo mucho daño”, añade.

El problema migratorio

Para él, “el problema migratorio es más profundo” y cree que, muchas veces, la gente piensa que aquellos que vienen de Latinoamérica a España lo tendrán más fácil por hablar la misma lengua, algo que Luna rechaza. “No es cierto, simplemente llegas más rápido a las otras capas, pero la confrontación es la misma que tiene el migrante en otros países. Se enfrentan al mismo nivel de violencia y de racismo, que tiene su origen en la ignorancia y en el miedo. Y eso te lo encuentras en todos lados, va más allá de un territorio en específico”, asevera.

Por eso confía que su película sirva para algo, que haga reflexionar: “Me gustaría que la película nos haga pensar, sobre todo, en aquellos que recibimos, porque cada vez van a ser más los que se muevan. Eso parece ser que no va a cambiar. Cada vez somos más los que recibimos y ojalá seamos más los que nos replanteamos cómo recibir a estas personas”.

La normalización de la violencia

Ceniza en la boca también muestra de forma sutil uno de los motivos por los que la gente huye de México, la violencia de los narcos en ciertas comunidades, algo que Diego Luna explica que ha incluido de forma “deliberada porque es algo que ha estado pasando”. “Ha pasado en comunidades del ejército donde antes resultaba inconcebible que se pudiera vivir esa violencia. Cuando íbamos a rodar, alguien puso sobre la mesa un periódico que se preguntaba cuántas veces había pasado justo lo que estábamos contando nosotros, que una comunidad militar protegida y cerrada sufriera un ataque, una extracción”, explica sobre su película.

El punto de vista elegido, el de esta joven que vuelve a México, le sirve “para hablar de la normalización que tenemos con la violencia”. “Es muy raro ver a un personaje mexicano que no entiende esa violencia, y para mí eso es ella, porque sale a los 12 años a España y cuando regresa de adulta se topa con un México que no entiende y que ella no ha normalizado. Creo que estamos perdiendo la capacidad de asombro en México, y a través de su personaje quiero hacer ese comentario, porque nosotros deberíamos ser ese personaje. A nosotros nos debería incomodar ese nivel la violencia. En cambio, nosotros somos los demás en esa comunidad, los que no dicen nada, los que creen que no hay nada que se pueda hacer”, zanja.

A pesar de que “la violencia en México ha llegado a un punto donde se ha normalizado como algo que es parte de nuestro contexto”, no quiere sonar pesimista: “Espero no serlo con la violencia. La película retrata un momento concreto de esa comunidad, pero creo que hay esperanza en la tenacidad y en la resiliencia de ese personaje”.

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