Por qué la pasión por lo salvaje y la revuelta obrera hacen de Jack London un escritor de hoy
Puede que no todo el mundo conozca a Jack London (San Francisco, 1876 - Glen Ellen, California, 1916), pero quién más, quién menos ha visto u oído hablar de las películas basadas en sus novelas; en particular, las adaptaciones de títulos como La llamada de lo salvaje (1903) o Colmillo Blanco (1906). Pese a su temprana (y controvertida) muerte, el escritor tuvo tiempo de escribir más de veinte novelas, además de numerosos cuentos, ensayos, teatro y memorias. Este 150º aniversario de su nacimiento es un buen pretexto para revisitar su obra y recordar algunas claves que hoy hacen de él un autor vigente.
Gran parte de la obra del autor ha sido editada en castellano por Alianza, en enero, Montesinos ha publicado La pequeña dama de la casa grande y hace pocos días Nórdica ha llevado a las librerías La llamada de lo salvaje, traducida por Héctor Arnau.
1. Pionero de la 'nature writing'

La nature writing, ese género de narraciones de ficción o no ficción inscritas en un medio natural, desde una conciencia ecologista y animalista, del que se considera fundadores a los pensadores y naturalistas estadounidenses Ralph Waldo Emerson, Henry David Thoreau, John Muir y John Borroughs, ha vivido un gran repunte en la última década gracias a la preocupación por la emergencia climática y al retorno, literal o al menos de espíritu, a un estilo de vida más próximo a lo primigenio, frugal, alejado del ruido y en armonía con los ciclos de la naturaleza. En este sentido, el peso que la naturaleza tiene en las narraciones de Jack London, y sobre todo la mirada desde la que se acerca a ella, hacen de él un escritor afín a este género.
2. Animales en estado salvaje
El escritor destaca por su capacidad para ponerse en el lugar del animal protagonista sin caer en la adjudicación de atributos humanos: tanto el perro domesticado que debe sobrevivir en el bosque de La llamada de lo salvaje como el perro lobo en estado salvaje que se acerca a los humanos en Colmillo Blanco están caracterizados con una cuidada recreación de su entorno, los instintos por los que se mueven, la vida en manada y la percepción que tienen del mundo humano. A pesar de que el desenlace de algunas de sus historias prioriza la lección moral, intrínsecamente humana, por encima del estado natural, el tratamiento que hace de los animales, junto con el hecho de colocarlos en el centro de la narración, lo convierten en un referente.
3. Hombre de mar
Otra de sus novelas más conocidas, El lobo de mar (1904), es fruto de su experiencia como marinero: en su juventud se embarcó en una goleta con rumbo a Japón y también trabajó como ostrero. Como ocurre con sus narraciones ambientadas en el bosque –que tienen asimismo una inspiración en sus vivencias, por las que conoció de primera mano la hostilidad del medio natural–, la imagen que da del mar dista mucho de ser edulcorada; al contrario, pone de relieve sus peligros, los momentos de lucha contra las inclemencias y el abismo en el que su inmensidad sume al ser humano. Fruto de esta experiencia escribió El lobo de mar (1904), otra de sus novelas más emblemáticas.
4. Novela de aventuras

Jack London forma parte de los escritores clásicos del género de aventuras, como Jules Verne, R. L. Stevenson, Emilio Salgari o Walter Scott. Como suele ser habitual, estas peripecias nacen del propio periplo del autor, que fue un escritor en gran medida autodidacta, encadenó trabajos precarios, llevó una existencia errabunda y se codeó con piratas, delincuentes y buscadores de fortuna en plena fiebre del oro (él mismo se internó en los yacimientos de oro de Klondike, de donde salió enfermo y con una mayor conciencia de la proximidad de la muerte). Sin duda, un material perfecto para captar las sensaciones de un personaje que emprende su camino en un entorno que le es desconocido y que esconde numerosas amenazas.
5. Trasfondo de gran complejidad moral
Más allá de las aventuras, las obras de Jack London, al igual que sucede con las de Joseph Conrad o Rudyard Kipling, contienen un profundo dilema moral, por lo general en torno a la confrontación entre la naturaleza y la civilización, entre el instinto de supervivencia de los animales y el orden humano. El autor no se libra del todo del antropocentrismo, pero aun así va bastante más allá que muchos de sus contemporáneos y escritores posteriores en su acercamiento al “estado salvaje” de la realidad. No elude tampoco cuestiones incómodas como la muerte o la violencia, que conoció desde bien pequeño.
6. Literatura “como la de antes”
No hay que perder de vista que Jack London es un autor del siglo XIX, y, aunque las aventuras pueden ser susceptibles de asociarse con lo ligero, con el entretenimiento superficial, los grandes escritores del género hicieron gala de una prosa rica, descriptiva y envolvente, con las características propias de la época y la narración episódica que facilitaba la publicación por entregas. Leída hoy, Colmillo Blanco no solo impresiona por su retrato del animal, sino por la suntuosidad de la prosa, que se demora en recrear el paisaje, con un estilo exuberante, pródigo en matices, que poco o nada tiene que ver con las voces depuradas (cuando no endebles) del presente.
7. Lucha de clases

Además de emprender aventuras y cultivar una carrera literaria, Jack London se implicó en política. En concreto, sus orígenes humildes, junto con todas las experiencias que le descubrieron los bajos fondos de la sociedad, le hicieron sensible a las desigualdades y partidario del socialismo, en cuyo partido llegó a afiliarse. Y, dado que para un escritor la vida (y sus valores) es inseparable de la literatura, esta conciencia se refleja de forma más o menos directa en muchas de sus obras, por ejemplo, en la novela El talón de hierro (1908), inspirada en la rebelión de unos obreros de una corporación industrial; o en La gente del abismo (1903), una crónica de sus años en la calle. Este año, además, la editorial El Desvelo ha publicado recopilaciones de artículos como ¿Qué es el socialismo? o La Revolución mexicana.
8. Mucho más que un escritor de formación
Las novelas de aventuras suelen ser el primer contacto de muchos niños con la lectura (o, al menos, así era hasta que existiera una literatura infantil y juvenil al margen, con su propio circuito), por lo que, al echar la vista atrás, estas lecturas pueden ser vistas con cierta condescendencia, como una obra de entretenimiento pero sin el calado que uno descubre al leer más adelante a Proust o a Tolstói. Craso error: puede que ocurra así con las novelas de consumo, pero, cuando se trata de clásicos como Jack London (o Alexandre Dumas, o Joseph Conrad, o…, la lista es infinita), no solo resisten el paso del tiempo, sino que tienen esa cualidad de ganar en matices con cada nueva lectura. Así que no, no es (solo) un autor para jóvenes, aunque sin duda muchos jóvenes le deban su afición por los libros.
9. El desclasamiento
Como muchos otros autores, Jack London vio en la literatura un camino con el que solventar sus problemas económicos y dejar atrás la vida proletaria. Para ello, se formó de manera autodidacta, leyendo libros de la biblioteca pública. Si bien logró ser admitido en la universidad, no llegó a graduarse por la imposibilidad de costearse los estudios. Aun así, salió adelante gracias al éxito de sus publicaciones. Su novela Martin Eden, publicada por entregas entre 1908 y 1909, recoge buena parte de sus lucha por el ascenso social, aunque las vivencias del protagonista lo conducen a un desenlace mucho más pesimista y crítico con el individualismo del sueño americano.
10. Su lado menos conocido

Jack London fue un escritor versátil, de modo que quien quiera conocerlo a fondo descubrirá que hay vida mucho más allá de La llamada de lo salvaje o Colmillo Blanco. Por ejemplo, La peste escarlata (1912), una obra de ciencia ficción postapocalíptica que no tiene nada que envidiar a los maestros del género; La pequeña dama de la casa grande (1916), una novela sobre una mujer entre dos mundos, el de las convenciones sociales del matrimonio y el del extravío al que la condenaría la libertad individual, recientemente recuperada por la editorial Montesinos; o El vagabundo de las estrellas (1915), una novela de trasfondo existencialista sobre el descenso a los infiernos de un profesor, con un cuestionamiento contundente del sistema penitenciario estadounidense.