La portada de mañana
Acceder
El juez eleva al PSOE la responsabilidad sobre las maniobras de Leire Díez
Por qué Trump vincula la paz con Irán con los polémicos Acuerdos de Abraham
Opinión - 'Algo pasa en València', por Raquel Ejerique

Entrevista

¿Sanar un trauma con un cursillo de tres días? Marta Sader analiza el auge de la “espiritualidad líquida”

Juanjo Villalba

27 de mayo de 2026 22:39 h

0

Marta Sader llevaba años viviendo en un pueblo del sur de España, en plena naturaleza, cuando comenzó a llevar a su hijo al colegio. Allí, de manera casi inevitable, comenzó a estrechar lazos con los padres de los otros niños. 

Con ellos compartía muchísimas cosas, se sintió como en casa, pero pronto se dio cuenta de que también tenían enormes diferencias. “Me decían cosas con total naturalidad que a mí me parecían de otro planeta”, recuerda. El momento decisivo llegó durante una fiesta. Una pareja le explicó que, si su hija enfermaba, no la llevarían al médico porque ellos creían en la Nueva Medicina Germánica, una pseudoterapia que sostiene que las enfermedades se originan en conflictos emocionales no resueltos. 

“Pero, ¿qué conflicto iba a tener su hija, si apenas acababa de cumplir tres años?”, afirma sorprendida. “Ellos me decían que quizá el conflicto no era suyo, sino de un antepasado que se podría haber reencarnado en ella. Me fui a casa pensando: ‘¿cómo puede ser posible?’.

Aquella pregunta terminó convirtiéndose, tras años de investigación, en Espiritualidad líquida. Misticismo pop en la era del yo (Debate, 2026), un ensayo que explora el auge del esoterismo pop, las pseudoterapias y las nuevas formas de misticismo contemporáneo. 

Sader no escribe ni como creyente ni como conversa. Tampoco como crítica. Se define como una persona profundamente escéptica, formada en el pensamiento racional y muy preocupada por entender cómo construimos nuestras creencias. Lo que le interesaba al escribir su libro no era ridiculizar a quienes creen, sino entender por qué personas inteligentes, sensibles y cultas terminan confiando en discursos mágicos.

“Para mí la gran pregunta era por qué ellas creen y yo no”, apunta. “Porque mis amigas son personas increíbles: listas, sensibles, amables. Yo no podía reducir aquello a que fueran ingenuas o tontas”.

Una espiritualidad exprés

Pronto surgió el concepto que da título al libro. Para Sader, la espiritualidad líquida es una versión contemporánea, flexible y consumible de la búsqueda espiritual tradicional. “La espiritualidad pura exige una vida entera de dedicación, introspección y búsqueda de sentido”, dice. “La espiritualidad líquida, en cambio, te promete soluciones rápidas. Sanar tu linaje femenino en un cursillo de tres días o curarte de un complejo trauma con tu padre mediante una ‘cirugía astral’ realizada con la energía de los ángeles”.

La espiritualidad pura exige una vida entera de dedicación, introspección y búsqueda de sentido. La espiritualidad líquida, en cambio, te promete soluciones rápidas

La autora compara la espiritualidad líquida con ciertos discursos de la autoayuda contemporánea. “Te da respuestas inmediatas a problemas complejos”, resume. “Y además lo hace de una manera comodísima”. No exige compromiso profundo ni pertenencia estable. Se puede entrar y salir de ella fácilmente, puedes mezclar astrología, tarot, terapias energéticas, manifestación, chamanismo o discursos pseudocientíficos sin necesidad de construir un sistema coherente.

Pero, ¿cómo explicar su éxito en los últimos años? En opinión de Sader, no puede explicarse únicamente desde la ignorancia, sino que en el centro del fenómeno detecta necesidades emocionales reales y humanas. “Todos las tenemos”, afirma. “Necesitamos que nos vean, sentir que pertenecemos a algo, que nuestra vida tiene sentido. También cierta necesidad de trascendencia. Pero en el mundo capitalista en el que vivimos no hay espacio para eso. Cuando éramos cazadores-recolectores y nos sentábamos alrededor del fuego, se contaban historias compartidas que daban forma al grupo, a su pasado y a su futuro. Todo eso ya no existe y algo tenía que ocupar ese lugar”.

El capitalismo también vende consuelo

Lo que ocurre es que el capitalismo, siempre atento a hacer negocio, ha aprendido a convertir incluso esa búsqueda espiritual en un producto de consumo. “El capitalismo ha absorbido esas necesidades y las vende en forma de espiritualidad líquida”, sostiene. “Eso no significa que todas las personas que trabajan en este mundo sean estafadoras. Mucha gente cree sinceramente en lo que hace y quiere ayudar a los demás, pero también necesitan ganar dinero”.

La periodista también señala que hay muchos que simplemente explotan un mercado muy rentable. “Una aplicación de astrología probablemente está desarrollada por gente que ni siquiera cree en la astrología”, apunta. “Lo mismo pasa con parte de la industria del wellness. Probablemente Gwyneth Paltrow no ha probado ni se cree todo lo que vende su marca. En ese caso, es simplemente un negocio”.

Nos encanta sentir que podemos controlarlo todo. Si me dices que solo necesito meditar, visualizar y hacer determinados ejercicios para que mi vida funcione, eso me da tranquilidad. El problema es que cuando fracasas, la culpa también recae únicamente sobre ti

A la vez, la autora señala en su ensayo cómo estos discursos encajan con la lógica neoliberal contemporánea, en el sentido de que muchas de estas corrientes trasladan toda la responsabilidad al individuo. Si uno fracasa, enferma o no alcanza sus objetivos, el problema está en cómo vibra, en que no ha manifestado suficiente o en la energía que proyecta.

“Pero no todo depende de uno mismo”, subraya la autora. “Llegas o no llegas a fin de mes por muchos motivos, desde luego no porque no hayas manifestado suficiente. Influye el lugar donde has nacido, las oportunidades que has tenido o el contexto histórico”.

Pero estos relatos siguen resultando seductores porque ofrecen una ilusión de control que, en realidad, no es real. “Nos encanta sentir que podemos controlarlo todo. Si me dices que solo necesito meditar, visualizar y hacer determinados ejercicios para que mi vida funcione, eso me da tranquilidad”, explica. “El problema es que cuando fracasas, la culpa también recae únicamente sobre ti”.

El horóscopo como identidad

El libro dedica un amplio espacio a uno de los fenómenos relacionados con el esoterismo que en los últimos años ha gozado de más fama: el horóscopo. Para la autora, internet y las redes sociales han sido decisivos para su enorme expansión. “Vivimos en una época de explicaciones rápidas y simplificadas”, explica. “Instagram o TikTok convierten cualquier cosa compleja en una píldora fácil de consumir en un minuto”.

Y la astrología encaja perfectamente en ese ecosistema porque ofrece una identidad instantánea. “Dices ‘soy Acuario’ y automáticamente ya hay una narrativa construida sobre quién eres”, señala. “El horóscopo proporciona una explicación rápida de tu personalidad y además te integra dentro de un grupo, tu signo”.

El hecho de que durante la epidemia de Covid-19 todos estuviéramos buscando un sentido a nuestras vidas, influyó mucho en su expansión: “La pandemia fue la tormenta perfecta para el auge del horóscopo”, asegura. “La gente tenía tiempo, ansiedad y mucha incertidumbre”, asegura.

La pandemia fue la tormenta perfecta para el auge del horóscopo. La gente tenía tiempo, ansiedad y mucha incertidumbre

La espiritualidad como refugio

Otra de las cuestiones centrales del ensayo es la relación entre espiritualidad y género. Sader cree que muchas de estas corrientes de pensamiento mágico interpelan especialmente a las mujeres porque históricamente estas han asumido los cuidados (tanto propios como ajenos) y porque la medicina tradicional, que siempre ha sido profundamente machista, ha ignorado durante décadas determinados malestares femeninos.

“También pienso que al estar más educadas en lo emocional, las mujeres necesitamos una serie de cosas para sentirnos bien, como por ejemplo estar en paz con nosotras mismas o con nuestra familia. Algo que proporcionan muchas de estas prácticas. Por lo tanto, el hecho de que las mujeres nos sintamos más atraídas que los hombres hacia estos temas no se trata de algo biológico, sino cultural”.

El peligro aparece cuando alguien se aprovecha

El libro es especialmente crítico con las pseudoterapias que prometen milagros ante enfermedades muy graves. Una idea que circula entre los seguidores de estas ideas es que “con la medicina también te mueres”. Obviamente, esa afirmación pierde fuerza cuando se la confronta con las estadísticas. “La gente que recurre a las terapias alternativas tiene más posibilidades de morir, un 470% más en algunas patologías”, afirma la autora en el libro. “Pero la realidad es un relato. Yo creo que la ciencia sirve para algo basándome en datos como ese pero, aunque los datos están ahí, no todo el mundo los ve igual”.

Sader reconoce que ese es uno de los aprendizajes más grandes de Espiritualidad líquida: “Ante el mismo hecho, dos personas pueden sacar conclusiones completamente diferentes”. Además, según la autora, “hay muchas variables que favorecen el uso de las pseudoterapias. La fundamental es que el sistema médico les está fallando. No es lo mismo que un médico te despache en cinco minutos y te dé una receta, que sentarte durante una hora con alguien, que le cuentes tu vida desde que naciste y que sientas que ha entendido realmente lo que te pasa. A veces, lo que le ocurre a la gente no es solo, por ejemplo, que le duela una pierna, sino que ese dolor se relaciona con su trabajo, la relación con su madre o un secreto que lleva guardando desde hace 25 años. Los seres humanos somos mucho más complejos de lo que la medicina, tal y como está planteada actualmente, nos quiere hacer creer”.

A pesar de todos los argumentos en contra de las pseudoterapias y el pensamiento mágico, Sader evita la superioridad moral. De hecho, su mirada es tremendamente comprensiva. “Yo soy crítica con aquello que hace daño”, explica. “Con el gurú que manipula, con quien promete curaciones falsas o con quien se aprovecha de personas vulnerables”. Sin embargo, insiste en que comprender no significa necesariamente compartir. “Entiendo por qué creen, aunque yo no crea”.

Vivimos en una época de explicaciones rápidas y simplificadas. Instagram o TikTok convierten cualquier cosa compleja en una píldora fácil de consumir en un minuto

La periodista reconoce que convivir con personas que ven el mundo de una manera radicalmente distinta a la suya ha terminado siendo una experiencia enriquecedora. “Quizá hace veinte años habría pensado: ‘Qué tontas’. Ahora me parece muchísimo más interesante intentar comprenderlas”, reconoce.

De hecho, el libro está dedicado precisamente a esas amigas a las que llama “las místicas”. “Las quiero como si fueran de mi familia”, dice. “Y eso me parece una de las grandes lecciones del libro”.

Preguntarse quién gana

Al final, más que ofrecer respuestas cerradas, Espiritualidad líquida busca abrir preguntas. Especialmente una: quién gana con determinadas creencias.

“La cuestión importante es preguntarse quién lo dice y por qué lo dice”, concluye Sader. “No estoy diciendo que la gente no crea. Cada uno puede creer en lo que quiera. Pero sí conviene preguntarse qué intereses hay detrás y qué efectos tiene todo esto a nivel colectivo”.

En un presente marcado por la ansiedad, la precariedad y la incertidumbre constante, este libro nos invita a reflexionar sobre nuestra profunda necesidad de encontrar sentido. Quizá lo más inquietante de todo sea descubrir que el mundo se ha vuelto tan hostil que volver a creer se ha convertido en el mayor de los deseos.