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Una huelga confusa contra un patrón inexistente

Antonio Avendaño

La última huelga del transporte es una huelga que no es una huelga contra un patrón que no es un patrón y cuyos huelguistas que no son huelguistas le exigen al patrón que no es un patrón que baje unos impuestos que no puede bajar, suba unas tarifas que no puede subir y prohíba unas prácticas desleales que no puede prohibir.

Esta huelga es una huelga desconcertante ante la que uno no acaba de saber si está a favor o en contra o qué. Antes, la gente de izquierdas siempre sabía qué hacer ante las huelgas normales: estar a favor de los trabajadores y en contra de los patronos. Era fácil: “¡El metal! ¡unido! ¡jamás será vencido!” Con los camiones todo es más complicado, sobre todo porque los hay de todo tipo: grandes, medianos, pequeños, furgonetas, carromatos.

(...) Nos confunde esta huelga porque los huelguistas son trabajadores, sí, pero son al mismo tiempo patronos. Y son patronos, sí, pero tan modestos que muchos apenas merecen el nombre de tales. Y hacen muy requetebién en exigirle cosas al Gobierno, sí, pero al mismo tiempo no hacen tan requetebién porque el Gobierno no tiene culpa alguna de que el maldito precio del petróleo haya subido de una manera tan enigmática y disparatada en tan poquísimo tiempo. Ya quisiera este Gobierno poder tener la culpa de una cosa así.

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