La portada de mañana
Acceder
Feijóo frenado por Vox y la izquierda activada: la jugada que vio Sánchez
'Construir más no solucionará la crisis de la vivienda', por Alberto Garzón
OPINIÓN | 'Aceptar el órdago sin las mejores cartas', por Esther Palomera

Foster coloca de nuevo Bilbao en el foco de la arquitectura mundial con un Bellas Artes renovado y lleno de luz

Belén Ferreras

Bilbao —
5 de octubre de 2026 21:46 h

0

El Museo de Bellas Artes de Bilbao está de cumpleaños. Justo este 5 de octubre celebra su 118 aniversario, pero luce más moderno que nunca, lleno de luz y con amplios espacios que se erigen hacia el cielo casi desafiando la gravedad sobre el edificio antiguo que se inauguró en 1945 que se ha mantenido intacto, mezclando en perfecta armonía el antes y el después, el pasado, el presente y el futuro de una pinacoteca que es parte de la historia de Bilbao y que reivindicaba su espacio y protagonismo en la ruta del arte de la capital vizcaína casi eclipsado por el huracán Guggenheim.

El antiguo museo quería transformarse como lo ha hecho Bilbao, mirando al futuro sin perder su esencia, y Norman Foster lo ha hecho posible. El arquitecto británico, muy ligado a transformación de la ciudad, ha sido el artífice de conseguir un Bellas Artes con la magia de ser un edificio reinventado, en el que el antes persiste, pero en el que nada es igual. Justo en su cumpleaños se ha reinaugurado el edificio oficialmente, después de cuatro años de obras, con la presencia del arquitecto, que se ha mostrado orgulloso de su nuevo 'hijo', y que ha compartido protagonismo con los representantes de las distintas instituciones que han hecho posible la reforma y con el director de la pinacoteca que la ha capitaneado, Miguel Zugaza.

Como hizo hace más de treinta años con el metro de Bilbao, del que Norman Foster diseñó sus estaciones y las icónicas entradas que todo el mundo conoce como 'fosteritos' en honor a su diseñador, el arquitecto británico deja en el Bellas Artes un nuevo sello que será ya seña de identidad de la capital vizcaína. “Siguiendo la gran tradición de Bilbao, una ciudad con una rica historia industrial y una extraordinaria capacidad para reinventarse, este proyecto busca tender puentes entre el pasado, el presente y el futuro. El nuevo y flexible edificio mira hacia el porvenir y responde a la naturaleza cambiante del arte contemporáneo, al tiempo que respeta la histórica trayectoria del emplazamiento”, ha señalado el arquitecto, de 91 años. “El diseño refuerza el papel de la institución como uno de los principales atractivos cívicos de la ciudad, mejorando la permeabilidad, ampliando las salas de exposición y creando un nuevo corazón social”, ha indicado destacando la colaboración institucional que ha permitido llevar a buen término estas obras con las que Foster ha trabajado en colaboración el equipo de un arquitecto bilbaíno, Luis María Uriarte.

El proyecto Agravitas, como se ha denominado a la ampliación, ha supuesto una inversión de 45 millones de euros financiada con fondos de aportados por las tres entidades fundadoras del museo: el Ayuntamiento de Bilbao, la Diputación Foral de Bizkaia y el Gobierno vasco, que contribuyen a partes iguales a la financiación, además de la fundación BBK, que da nombre a una de las nuevas galerías de la ampliación BBKmuseoa.

En el acto de inauguración, en el que no ha faltado la música y la danza, además de Norman Foster, ha participado el lehendakari, Imanol Pradales, que ha destacado la importancia del arte: “En estos tiempos de incertidumbre, necesitamos más que nunca que el arte nos ayude a hacernos las preguntas adecuadas y nos acompañe en este complicado camino que nos está tocando vivir”. Pradales ha recordado que a lo largo de la historia, como sociedad, “en no pocas ocasiones, se ha considerado el arte como algo accesorio”. Es decir, algo que está bien promocionar “cuando las necesidades verdaderamente importantes ya están cubiertas”. En este sentido ha señalado que se ha considerado que “un hospital, un centro escolar, un bloque de viviendas o, incluso, un aparcamiento público, debían ocupar un lugar preferente frente a un museo”. Por ello, ha mostrado su agradecimiento a “todas esas personas que se rebelaron contra esa idea cuando dijeron que el arte no era un adorno ni algo de lo que se podría prescindir”. “Nos enseñaron que era capaz de transformar toda una realidad y todo un país”, ha indicado, recordando que en cierto modo Bilbao y en cierto modo Euskadi se ha transformado gracias al 'efecto Guggenheim'.

Tras resaltar que Euskadi, como pueblo, “sabe que un museo como el Bellas Artes vale lo que un hospital, una escuela o una universidad porque es un espacio para conectar”, ha apuntado que es también “un lugar reservado para el pensamiento, la belleza, la crítica, la reflexión o la imaginación”. Y que es necesario impulsar “proyectos culturales y transformadores” como la renovación del Bellas Artes de Bilbao para “para lograr el objetivo de elevar la cultura al mismo nivel de relevancia que la sanidad, la educación, o la protección social”. 

La vicelehendakari y consejera de Cultura, Ibone Bengoetxea, ha recordado que el Bellas Artes “nació fruto de un acto de confianza y esta ampliación es otro acto de confianza”, para reinventarse e iniciar una nueva etapa: “El deseo de transformación y de proyección al futuro”. Por su parte, el alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, ha asegurado que esta nueva etapa “es la continuidad de una apuesta colectiva iniciada hace un siglo” y que, en este tiempo, ha sabido acompañar a la ciudad en su evolución y convertirse en una institución artística con vocación internacional pero firmemente arraigada en Bilbao y su entorno“.

Aburto se ha dirigido al director del museo, Miguel Zugaza, para trasladarle que, como alcalde, “fue un privilegio iniciar este proyecto de ampliación” de su mano. “Y es un regalo terminarlo con él. Antes teníamos un gran museo y ahora tenemos uno extraordinario en un gran edificio”, ha señalado. Por su parte, la diputada general de Bizkaia, Elixabete Etxanobe, ha asegurado que este proyecto de ampliación confirma que “la cultura sigue ocupando un lugar importante en Bizkaia” y ahora, además, “se ha ganado espacio para recibir a más artistas, obras y visitantes que antes no tenían cabida”. Se ha mostrado convencida de que, como en otros sectores económicos, “Bizkaia tiene que atraer talento, también desde la cultura porque genera riqueza en el territorio”.

Una ampliación de 6.000 metros cuadrados  

El museo renovado diseñado por Norman Foster y Luis María Uriarte suma un tercer espacio a los dos ya existentes, el ala bautizada como Agravitas, que flota como un puente sobre los edificios originales, salvando 55 metros de altura sin tocarlos, salvo para su restauración. El nivel superior alberga una nueva y amplia galería diáfana, sin columnas.

La transformación se descubre en el atrio Arriaga, limitado por una de las dos grandes estructuras de pilares en V que sostienen la nueva arquitectura. Desde el exterior, el atrio es visible a través del gran muro cortina acristalado que refleja los árboles centenarios del parque. En el interior, una gran superficie volada de más de 2.500 metros cuadrados aloja un óculo de seis metros de diámetro que descubre la profundidad de las dos plantas de Agravitas y bajo el que está colocada la escultura la 'musa de Arraiga', obra de Francisco Durrio, que antes estaba en el exterior y que pasa a situarse ahora en esta sala que propio arquitecto define como “el corazón del museo”. A 11 metros de altura, la amplia cubierta de lamas blancas se proyecta también en la segunda estructura de pilares situada en el parque de Doña Casilda Iturrizar.  

El museo toma forma en tres edificios que responden a diferentes tiempos del arte y de la ciudad. El primero -diseñado en estilo historicista por Gonzalo Cárdenas y Fernando Urrutia- se inauguró en 1945 y sirvió para alojar los tres museos creados en las primeras décadas del siglo XX: el de Bellas Artes, el de Arte Moderno y el de Reproducciones. El segundo, en el que Álvaro Líbano y Ricardo Beasco siguieron el lenguaje racionalista del movimiento moderno, se levantó en 1970 y fue el primero en España dedicado al arte contemporáneo. En 2001 una reforma de Luis María Uriarte mejoró los accesos y la circulación interna con una nueva galería acristalada hacia el parque. Ahora, uniendo el conjunto, se eleva la arquitectura de 2026.  

Estas tres arquitecturas diferentes permiten crear hasta 13 espacios diferenciados dedicados a la exhibición del arte, su estudio y conservación, accesibles a los más diversos públicos y usuarios de un museo que conserva más de 18.000 obras de arte antiguo, moderno y contemporáneo, internacional, español y vasco. Es, al mismo tiempo, una colección de colecciones, formada por importantes legados y donaciones, que constituyen casi el 70% de sus fondos.   

La presentación de esta amplia colección es la principal baza de la del programa inaugural que se abre ya este martes para el gran público. El homenaje al gran coleccionista y benefactor del museo Plácido Arango y la colección de artistas que viajaron a Ultramar de Patricia Phelps de Cisneros dan la bienvenida al público en las respectivas entradas de los edificios de 1945 y 1970. En esos mismos edificios se muestra la historia del arte que conserva el museo, desde el siglo IV antes de Cristo hasta la actualidad. Con el título Bildu(e)mak -un juego de palabras en euskera con los términos ‘bilduma’ (colección) y ‘emak’ (mujeres)-, cerca un millar de obras pone especial atención al arte creado por mujeres.   

Otro fondo donado, un conjunto de dibujos de Rafael Ruiz Balerdi, inaugura el Gabinete Gondra Barandiarán, donde se irá mostrando la colección de obra gráfica y de fotografía del museo. Finalmente, el espacio Ikuspuntua /Observatorio ofrecerá un lugar de reflexión a través de la obra de Jorge Oteiza. BBKmuseoa es la galería principal del nuevo edificio diseñado por Norman Foster. Un espacio diáfano de 1.500 metros cuadrados y seis metros de altura que se prolonga en sus lados norte y oeste en una terraza perimetral de más de 500 metros cuadrados que ofrece una experiencia privilegiada del entorno urbano y natural del museo. La galería acoge la instalación sonora 'Respiración oceánica', de Itziar Okariz (1965), junto con otras propuestas artísticas de las primeras décadas del siglo XXI cercanas a su contexto, de June Crespo, Ibon Aranberri, Sergio Prego, Ana Laura Aláez, Gema Intxausti o Erlea Maneros, entre otros. En la terraza se presentan tres esculturas monumentales del artista británico Anthony Caro (1924-2013): Toronto Flats y Low Line Flats, donadas por la familia Foster, y Africa, cedida en comodato por la Colección Arango.