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Semillas de arroz vietnamitas y paneles solares chinos: la batalla por sobrevivir en la Cuba sitiada por Trump

Andrés Gil

Enviado especial en La Habana —
1 de junio de 2026 21:35 h

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“Íbamos a sembrar 200.000 hectáreas este año, en Cuba nunca se había sembrado tanto, pero se nos echó todo esto encima”. Nelson González, director del Programa Nacional de Producción de Arroz del Ministerio de Agricultura, explica que desde que el bloqueo de EEUU a Cuba se agravara a principios de año con la asfixia petrolera, todos los procesos agrícolas se han visto agravados: para sembrar, regar, recoger, secar el arroz y llevarlo al punto de venta es imprescindible tener combustible, más allá de que las sanciones norteamericanas hacía décadas que complicaban la compra de maquinaria y repuestos.

Y todo se ha visto arrasado por el bloqueo de combustibles decretado por Trump desde que empezó el año: solo ha entrado en la isla un petrolero ruso, y nada de los suministradores tradicionales de Cuba, Venezuela y México, ya sea por el secuestro de Nicolás Maduro y la tutela sobre el Gobierno de Delcy Rodríguez, o por la amenaza de sanciones a cualquier país que quiera vender petróleo a la isla.

La media de consumo de arroz en Cuba se sitúa en 60 kilos al año por persona, es decir, Cuba consume alrededor de unas 600.000 toneladas al año, y en los últimos tiempos la isla ha producido en torno a 100.000, lo cual la hace muy dependiente de las importaciones. Y la asfixia estadounidense dificulta las importaciones por parte del Estado, que se están viendo aplacadas por donaciones de arroz por parte de China, que pueden alcanzar las 180.000 toneladas en 2026, explica el responsable del programa de arroz en Cuba.

En medio de toda esta tormenta perfecta, en el municipio de Los Palacios, en la provincia de Pinar del Río, a unos 100 kilómetros al oeste de La Habana, se está desarrollando una experiencia pionera: la explotación por parte de una empresa privada vietnamita de unas 1.000 hectáreas de terreno con una semilla de arroz importada desde el país asiático y que, de momento, está dando un rendimiento de más de siete toneladas por hectárea, muy superior a los alrededor de dos de otros arroces plantados en Cuba.

“Cuando hay los insumos, llámese diesel, fertilizantes y demás, se obtienen resultados”, explica en Los Palacios Michel Ballate, director de la Empresa Agroindustrial de Granos en Pinar del Río, sobre la explotación de la empresa vietnamita Agri-VMA, la primera de este tipo desde la Revolución, en 1959, y que tiene en usufructo la tierra de la empresa estatal cubana. Precisamente por ser una empresa privada, no tiene los problemas del Gobierno cubano para acudir a los mercados internacionales a comprar lo necesario para la producción.

Del mismo modo que en Los Palacios está trabajando la empresa vietnamita, hay numerosos productores privados que explotan las tierras estatales: “Antes la producción de arroz en Cuba era 80% estatal”, relata Nelson González. “Ahora el 90% es con productores privados, hoy tenemos 23.700 productores”, señala el directivo del Ministerio de Agricultura.

Una de las opciones, tanto privadas como del Estado, para sortear el bloqueo estadounidense, pasa por la energía solar. De camino a la plantación vietnamita en Pinar del Río, numerosas viviendas y negocios tenían placas solares para su autoconsumo, al margen del medio centenar de parques solares instalados en Cuba con paneles llegados de China durante el año pasado.

“Se hace un megaproyecto de instalación de 2.000 megavatios pico (Mxp) —la potencia máxima de una instalación en condiciones ideales—”, explica Josué Benavides, licenciado en Física de la Universidad de La Habana y miembro del laboratorio de fotovoltaica de la Universidad de La Habana: “El acuerdo es de unos 2.000 megas, que son un total de 92 parques fotovoltaicos. Los parques son más o menos del tamaño de seis por cinco cuadras, unas 30 hectáreas, y disponen de unos 21 megavatios de potencia fotovoltaica para incorporar al sistema”.

Benavides explica que, “además de esos parques, hay unas cuatro mega estaciones de baterías para poder regular el mercado, no para acumular energía para después distribuir en las noches, que es una tecnología que se llama intermitente, porque la fuente varía, no tienes un botón para encender y apagar el sol. Junto con esos 2.000 megavatios de potencia fotovoltaica, vienen 200 megas de almacenamiento en baterías y ya está por instalarse los primeros 100. Vaya, los primeros 50 están en un proceso de puesta en marcha avanzado, pero ese proceso requiere un tiempo determinado para poner a prueba el sistema antes de que se ponga en funcionamiento. Pero eso para algunas tecnologías dura más que para otras, y para las baterías puede durar 50 días”.

“Están en ese proceso de puesta en marcha desde hace como un mes y medio”, prosigue Benavides: “Yo lo que estoy rezando es por que acabe ya. Con estos 50 megas por lo menos puedes llegar hasta los 1.000, y ya después cuando tengas los otros 50 más, que viene siendo la mitad de lo que está comprometido con China, ya tú sí podrás tener toda la fotovoltaica lista para lista. Así que por el momento no ha llegado todavía y supongo que deben quedar dos semanas. Esas baterías no son para acumular y para después llevar esa energía a la noche, sino más bien para que durante el día tú puedas utilizar toda la fotovoltaica que quieras y no tengas que estarla limitando. La fotovoltaica ha resuelto un montón de problemas, y justo cuando podía empezar a verse una luz desde el punto de vista energético, ocurre el secuestro de Maduro en Venezuela”.