La portada de mañana
Acceder
El mapa del alquiler de temporada: cómo han crecido los anuncios, mes a mes
Vox repite la ‘fórmula mágica’ de la ultraderecha europea para la vivienda
Opinión - 'Sobredosis de juego sucio', por Esther Palomera

Un año esperando a la Unidad del Dolor: 365 con dolor crónico, parálisis facial y miedo a volver a trabajar

Pedro (nombre ficticio) tiene 33 años, pero camina con la pesadez y la cojera de quien soporta un desgaste de décadas. Diagnosticado con tres hernias discales, su vida cotidiana se ha visto reducida a una cuenta atrás donde la única constante es el dolor punzante y agudo. Trabaja como carretillero, pero lleva cerca de un año en situación de baja laboral. A la incertidumbre médica y al deterioro de su calidad de vida, se le suma ahora la presión administrativa. El plazo límite para enfrentarse a un tribunal médico del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) se acerca, mientras la cita especializada que necesita para no ser derivado a un puesto de trabajo que no puede asumir sigue sin llegar.

Pedro es uno de los muchos riojanos atrapados en el cuello de botella de la Unidad del Dolor de La Rioja. Derivado por su traumatólogo al considerarse demasiado joven para someterse a una intervención quirúrgica en la columna, la única alternativa que le ofrecieron para paliar su sufrimiento fue un tratamiento de infiltraciones que obligatoriamente debe ejecutarse en este servicio especializado. Sin embargo, desde que ingresó en la lista de espera, nunca ha llegado a ser recibido por un médico de esta área.

Desde el Gobierno regional reconocen la falta de medios y aseguran a la Rioja2 que la Consejería “está trabajando actualmente en nuevas medidas para reforzar y mejorar el abordaje del dolor y la atención a estos pacientes”. Desde los sindicatos, denuncian meses sin consultas y déficit de profesionales.

“Hace unos dos meses fui presencialmente a preguntar qué pasaba con mi cita. Me dijeron que no me agobiara, que esperara porque todavía iban citando por la lista de espera de junio del año pasado”, relata. En octubre, cumple un año entero en la lista de espera. 365 días sin haber recibido un solo mensaje o llamada de citación.

El estrés por la espera

El retraso en la atención no es solo una cifra en un registro de la administración pública. En el caso del protagonista de esta historia, la espera ha empeorado aún más su condición física. Y es que además de no poder caminar trayectos medianamente largos, agacharse con normalidad o coger peso, el dolor constante ha acrecentado sus niveles de estrés. “A raíz del problema con las hernias entré en una crisis de ansiedad tan fuerte que sufrí una parálisis facial”, confiesa.

El día a día se ha convertido en un ejercicio de resistencia donde las tareas más sencillas requieren pausas y estrategia. “Tengo un niño de siete años y hay veces que no lo puedo coger en brazos porque pesa 25 o 30 kilos. Son cosas que al final haces por inercia, pero que te cohíben completamente la vida social”, explica. Y es que además del dolor, muchas veces la medicación que toma para poder paliarlo, le provoca dolores de cabeza, mareos, vómitos o pitidos en los oídos. Por todo ello, también recurre a métodos caseros como aplicarse calor.

La desesperación también ha dejado episodios de desamparo en los servicios de urgencias de la región. En una de sus crisis más agudas de dolor, acudió al hospital a las cinco de la tarde y tras nueve horas de espera —hasta las dos de la mañana— decidió marcharse a casa sin ser atendido. “Me dijeron que era nivel 4 de triaje, que no era prioritario. No me dieron ni una bolsa de frío ni nada”.

Semanas en verano sin consultas

Los datos que manejan los sindicatos sanitarios ratifican la parálisis del servicio que denuncia Pedro. Jaime Sainz de Comisiones Obreras en La Rioja calcula que en esta Unidad deberían trabajar unos cuatro o cinco profesionales y atender una media de 80 consultas mensuales. Sin embargo, la realidad es otra. “Durante este verano solo ha habido un médico al frente de esta Unidad”. Un único profesional que “tampoco ha realizado el turno completo así que el número de consultas mensuales ha sido de cuatro”, asegura Sainz. “Antes del verano la cifra de consultas mensuales rondaba la veintena. Una cifra muy alejada de las 80 recomendadas”, insiste.

De hecho, desde la formación sindical aseguran que ha habido meses sin consultas. “Durante dos semanas en julio y las dos semanas antes de San Mateo no ha habido consultas en la Unidad del Dolor”. Una situación que está provocando una lista de espera de año y medio con una intención clara. Y es que para Sainz, la intención del Gobierno de La Rioja “es privatizar la sanidad. Estamos hablando de pacientes que conviven con dolores crónicos, de forma que muchos de ellos (los que se lo puede permitir) se van a la sanidad privada”. Otros, como el protagonista de esta historia, están obligados a convivir los dolores y buscar otras alternativas menos costosas.

Desde el Sindicato de Enfermería, Satse La Rioja, también denuncian falta de personal en la Unidad del Dolor especialmente durante los meses de verano. Y al igual que CCOO La Rioja, la secretaria autonómica, Patricia Mogena, asegura que “solo hay un médico por lo que hay muchas técnicas y tratamientos que no se pueden llevar a cabo”, y eso afecta al trabajo de las enfermeras también se ve afectado. “Se intenta organizar todo para que la lista de espera sea equitativa y perjudique lo menos posible a los pacientes, pero es imposible ofrecer un buen servicio en estas circunstancias. Van lidiando la situación como pueden”, relata a la vez que recuerda que “la enfermera es quien recibe las críticas y quejas” porque son las que están en la primera línea del cuidado.

Asimismo insisten en que esta situación no es nueva. “Todos los veranos pasa lo mismo con el agravante de que cada vez hay más pacientes y la lista de espera no deja de crecer. La falta de personal es una realidad y con dos enfermeras es imposible llegar a todo”. La solución apunta Mogena, “contar con un número de profesionales proporciona al volumen de personas que tratan en la Unidad”.

El temor de tener que volver al trabajo

Pero mientras las soluciones llegan, continúa con sus dolores físicos y el miedo de tener que volver al trabajo. A punto de cumplir el año de baja laboral, Pedro teme recibir una llamada. “Me preocupa que me llamen del Instituto Nacional de la Seguridad Social para pasar el tribunal médico y me digan que tengo que volver a mi puesto de trabajo como carretillero sin que ni siquiera me hayan hecho ninguna infiltración en la espalda ni me hayan valorado en la Unidad del Dolor”.

Lleva cerca de un año esperando a ser atendido por la Unidad del Dolor. Hemos intentado saber cuántas personas como él están esperando ser atendidos por primera vez en esta unidad, pero desde el Gobierno de La Rioja explican que “no existe una lista de espera única equiparable a la de una especialidad médica ni se calculan unos tiempos medio y máximo de demora con esos mismos criterios. Los pacientes son atendidos y priorizados en función de su patología, de la técnica o atención que precisen y de criterios de prioridad clínica establecidos por los profesionales responsables”.

Asimismo, desde el Ejecutivo regional explican que la Unidad del Dolor del SERIS “no funciona como un servicio o una especialidad independiente y, por tanto, no está sujeta al mismo sistema de seguimiento de listas de espera y demoras que otras especialidades médicas. Se trata de una unidad multidisciplinar en la que participan fundamentalmente profesionales de Anestesiología y Rehabilitación, además de Enfermería y otros perfiles asistenciales en función de las necesidades de cada paciente”. Su actividad, añaden, “incluye la valoración y el seguimiento de pacientes derivados por otros especialistas, así como diferentes técnicas intervencionistas y no intervencionistas para el abordaje del dolor crónico, neuropático, oncológico, etc.”

En cuanto al número de profesionales que atienden esta unidad –los sindicatos denuncian que solo hay uno– desde el Gobierno de La Rioja no facilitan una cifra exacta porque “al tratarse de una unidad multidisciplinar cuya asistencia se presta desde distintos servicios y profesionales, no resulta adecuado establecer una cifra cerrada de profesionales adscritos ni una referencia única sobre cuál debería ser el número óptimo de consultas mensuales”, defienden. “La actividad se organiza en función de las necesidades asistenciales y de los diferentes procedimientos que se realizan”, añaden desde el Gobierno regional.

Asimismo y ante la situación de Pedro, que lleva cerca de un año esperando a ser atendido, a preguntas de Rioja2 sobre si la Consejería de Salud tiene previsto adoptar medidas o alguna actuación específica en esta Unidad, la respuesta es que “es una línea de trabajo que se encuentra en desarrollo”. “Se está trabajando actualmente en nuevas medidas para reforzar y mejorar el abordaje del dolor y la atención a estos pacientes”, aseguran. Es una línea de trabajo que se encuentra en desarrollo y que podremos concretar y presentar próximamente. En todo caso, se garantiza la continuidad asistencial y la atención sanitaria de los pacientes en función de sus necesidades y de los criterios de prioridad clínica“, dicen textualmente desde el Ejecutivo regional.

Pero mientras estas “nuevas medidas para reforzar y. mejorar el abordaje del dolor y la atención a estos pacientes” llegan, uno de ellos, Pedro, seguirá esperando, seguirá viviendo con dolor y recurriendo a masajes y otros métodos caseros y menos costosos que acudir a la sanidad, algo que está fuera de su alcance.