Tras los pasos de los indianos: un viaje por la la memoria, la naturaleza y la gastronomía del Alto Najerilla

Rioja2

12 de septiembre de 2026 10:32 h

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El agua del río Najerilla marca el compás en una de las comarcas más deslumbrantes y vírgenes de La Rioja. Aquí, donde las cumbres rocosas y los prados de montaña dominan el paisaje, el tiempo parece discurrir a otro ritmo entre calles de piedra. Sin embargo, tras la aparente quietud de sus pueblos late una historia de ida y vuelta: la de miles de riojanos que en el siglo XIX lo dejaron todo para cruzar el océano y cuyo éxito sigue reflejado en la fisionomía de estos pueblos de la sierra.

La huella señorial de las Viniegras

La ruta para descubrir este legado arranca en Viniegra de Abajo, distinguida en la lista de los “Pueblos Más Bonitos de España”. Al recorrer sus calles salta a la vista un contraste fascinante: frente a las tradicionales construcciones de mampostería levantadas por generaciones de ganaderos se alzan soberbios chalets y palacetes señoriales a los pies de la carretera.

A diferencia de otros puntos de la comarca, Viniegra de Abajo lideró una emigración temprana a Argentina a mediados del siglo XIX. Su gran impulsor fue Elías Romero Laguardia, creador en Buenos Aires de la célebre Tienda San Miguel, quien empleó a decenas de paisanos y promovió obras esenciales como la carretera de acceso desde el Puente del río Neila, financiada en 1900 para jubilar el antiguo “Camino de herradura”. A este impulso filantrópico se sumó el de Venancio Moreno, cuya donación permitió erigir en 1907 las Escuelas Públicas —aún en funcionamiento—, o el de Nemesio Sangrador y Claudia Mendizábal, promotores de la traída de agua corriente al municipio en 1929. Gracias a este compromiso con la educación y las infraestructuras, en 1930 las dos Viniegras alcanzaron las tasas de alfabetización más altas de La Rioja.

Pasear hoy por el municipio permite admirar estos inmuebles emblemáticos que convierten a la villa en un conjunto excepcional dentro de la España de interior. Destaca Casa Villar (1904), levantada por Nicanor Villar como la primera casona indiana en el nuevo eje de la carretera; Casa Montero (1921), diseñada con amplios corredores orientados al sur que con el tiempo fueron anulados por no ser apropiados para los largos inviernos; Villa Emilia, coqueto palacete de inspiración italiana por el comerciante Domingo Sangrador para su esposa; Casa Sangrador (1922), levantada en piedra rojiza con aires afrancesados; o Casa Manzanares, construida por el matrimonio Manzanares-Pérez como réplica de su residencia en la sevillana avenida de La Palmera. Caracterizadas por sus imponentes fachadas de sillería, grandes ventanales y detalles ornamentales en la cantera roja autóctona, estas residencias —concebidas originalmente como villas de veraneo— dialogan armónicamente con la tradición ganadera del pueblo. Esta atmósfera se contagia a la vecina Viniegra de Arriba, también distinguida entre los “Pueblos Más Bonitos de España”, donde el empedrado y la arquitectura popular completan una estampa única en la sierra riojana.

Gastronomía de montaña: la alubia de Anguiano

Tras este viaje por el pasado indiano, la jornada invita a saborear el producto que define la identidad gastronómica de la comarca: la Alubia de Anguiano, conocida también caparrón. Cultivada exclusivamente en las huertas de montaña del pueblo de Anguiano, esta legumbre cuenta con Denominación de Origen Protegida. La rusticidad del suelo serrano y la pureza del agua de deshielo hacen que este grano rojo alcance una finura extraordinaria, con una piel suave y una textura en boca tan cremosa como la manteca. Cocinada sin prisa, a fuego lento y acompañada por el tocino y el chorizo fresco de la zona, representa un plato humilde y reconfortante que condensa el sabor más auténtico de la sierra.

Naturaleza, cultura y senderos de altura

La experiencia en el Alto Najerilla se completa disfrutando de su entorno natural y cultural con propuestas adaptadas a todos los ritmos. Quienes busquen un momento de reposo tras la comida pueden quedarse en la propia Viniegra de Abajo: el área recreativa de La Vega, situada a orillas del río Urbión, ofrece un refugio idílico arbolado con césped y el murmullo constante del agua, perfecto para disfrutar de una sobremesa relajada a la sombra o un refrescante baño cuando el calor del verano aprieta.

Para los apasionados de la cultura, la parada obligatoria se encuentra a pocos kilómetros, en Canales de la Sierra. Allí se conserva su histórico corral de comedias del siglo XVIII, un teatro singular construido en 1771 que constituye uno de los espacios escénicos más antiguos y singulares de La Rioja. Bellamente rehabilitado, este coqueto edificio de madera y piedra sigue acogiendo representaciones y festivales estivales, demostrando cómo la pasión por la interpretación sigue viva en pleno corazón de la montaña.

Finalmente, si el cuerpo pide actividad física y contacto directo con la naturaleza más pura, las botas de montaña encuentran su mayor aliciente en la ascensión hacia los Picos de Urbión. Remontando el espectacular valle desde el paraje de Tramborríos —donde cruzan los ríos Urbión y Ormaza entre las dos Viniegras—, los senderistas pueden adentrarse por frondosos bosques centenarios, bordear arroyos cristalinos y ascender hasta las lagunas glaciares antes de coronar la cima del Urbión a 2.228 metros de altitud. Es el itinerario senderista más emblemático para tocar el cielo y poner el broche perfecto a un viaje inolvidable por el corazón verde de La Rioja.