Entre cortados de vértigo y huellas de dinosaurios: el Cañón del Río Leza, el secreto mejor guardado de La Rioja interior

Mirador del río Leza

Rioja2

0

A tan solo media hora en coche desde Logroño, las viñas ceden paso a la roca caliza. El eco de los buitres leonados indican al turista que ha llegado al Cañón de Río Leza, una garganta de más de 200 metros de desnivel esculpida a la fuerza por el agua en el corazón de la Reserva de la Biosfera de La Rioja.

Y es que La Rioja ofrece alternativas distintas para los que buscan una escapada fuera de las rutas vinícolas habituales, este rincón del Camero Viejo ofrece senderismo accesible, leyendas de dinosaurios, patrimonio artesanal y cocina de montaña. Una escapada perfecta para mayores y pequeños.

Mirado del cañón del Río Leza

La mejor forma de estrenar la jornada es asomándose al Mirador del Cañón del Río Leza, emplazado en la peña de El Torrejón, a dos kilómetros de Soto en Cameros. Sus balconadas de seguridad ofrecen una panorámica frontal de las paredes verticales donde anida una de las mayores colonias de buitres leonados de España. Equipados con prismáticos, los niños y niñas podrán ver a estas aves alzando el vuelo a escasos metros sobre sus cabezas.

Para quienes disfruten de la caminata, la experiencia gana puntos recorriendo el sendero lineal de 4,6 km (ida y vuelta) que une el pueblo de Soto en Cameros con el mirador. Una ruta de menos de cinco kilómetros (ida y vuelta) y de dificultad baja. Una ruta apta para toda la familia porque discurre por un trazado ancho y acondicionado flanqueado por paneles interpretativos.

Callejuelas con sabor a almendra en Soto en Cameros

Y tras descender del cañón, una de las paradas obligatorias y naturales está en Soto en Cameros. Una de las villas más pintorescas del Camero Viejo. Bañada por el río Leza, las calles de este municipio riojano son una invitación al paseo pausado cruzando su puente de piedra medieval o jugando el parque infantil junto a la ribera.

Soto en Cameros, puente de piedra medieval
Soto en Cameros, La Rioja

Y también en este rincón de La Rioja es obligatorio entrar en alguno de sus obradores tradicionales para hacerse con una caja de su producto estrella: el Mazapán de Soto. Un dulce artesanal con base de almendras, azúcar y un toque de limón que cuenta con Indicación Geográfica Protegida. Comenzaron a elaborarse en Soto en Cameros en 1850. “Un pastelero real que acompañaba a la corte a Sevilla era de Soto, enfermó muy joven y regresó al pueblo y trajo la receta a Soto”, cuenta un artesano de la zona. Y así comenzaron a elaborar estos dulces cuya receta y secretos se ha trasmitido de forma oral porque no hay documentación escrita, tampoco cómo aquel pastelero real modificó la receta para alumbrar los Mazapanes de Soto tan aprecidados dentro y fuera de La Rioja.

Mazapanes dentro del horno de leña

Jesús Redondo es la cuarta generación de Viuda de Manuel Redondo y junto con su hermana Marimar y su mujer Patricia, mantienen viva la tradición que comenzó el bisabuelo hacia 1870 o quizás antes. En el mismo lugar y con la misma receta que ha pasado de generación en generación, los hermanos siguen mezclando almendra con azúcar en jarabe, haciendo las bolas y horneándolas, para terminar con la oblea en la base y el baño de jarabe. “La única diferencia es que cuando mi bisabuelo empezó, el mazapán que se hacía era la calidad estándar, que era con patata, ahora hacemos el supremo, que no lleva”.

Este es el sabor de la Navidad en La Rioja, un dulce que tiene los mismos ingredientes que el de Toledo, pero distinto. “Compartimos el mismo nombre, pero el apellido lo cambia todo”, apunta Jesús Redondo. El proceso de elaboración es completamente diferente, para el de Toledo se mezcla el azúcar con la almendra en grano hasta que se hace una masa con un 11 por ciento de humedad, y para el de Soto se mezcla la almendra con el azúcar en jarabe, y el mazapán es más jugoso, con un 16 por ciento de humedad. “No quiere decir que uno sea mejor que otro porque son completamente diferentes”.

Y con el postre asegurado, Soto en Cameros, y el Camero Viejo en general, cuenta con su propia gastronomía muy alejada del picoteo más urbanita. Carnes a la brasa, chuletones y cocina tradicional. Caparrones, platos con verduras de temporada de la huerta riojana son algunos de los reclamos gastronómicos de la zona. Terroba, Soto en Cameros, San Román de Cameros... municipios del entorno en los que reponer fuerzas para continuar paseando por esta zona de La Rioja.

La zona también ofrece alternativas para disfrutar del agua

Por la tarde, la escapada permite dos itinerarios en función de la época del año o los gustos de los más pequeños. Ahora que todavía las temperaturas son agradables, los más pequeños, también los mayores, pueden disfrutar de las pozas de agua cristalina y piscinas naturales que se forman en los tramos bajos y en las inmediaciones del cauce del Leza. Si las temperaturas ya no invitan a disfrutar del baño, la Ruta de las Icnitas, es el plan perfecto.

Un parque jurásico en Enciso
Un atractivo para los menores

Así y cruzando hacia el Valle del Cidacos (a unos 30 minutos en coche hacia Enciso), la comarca se transforma en un auténtico parque jurásico al aire libre. La Ruta de las Icnitas cuenta con sendas señalizadas salpicadas de huellas fósiles reales y grandes reproducciones de dinosaurios a escala real que dejarán con la boca abierta a los amantes de la paleontología. Para los que opten por esta propuesta, se recomienda llevar calzado deportivo o de montaña además de agua, gorra, protección solar y prismáticos para observar la avifauna. Cualquier época el año es buena para visitar esta zona, pero el otoño regala al turista un contraste cromático espectacular en las arboledas el valle. En primavera, el caudal del río y la floración se convierten en los elementos más fotografiados.

¿A quién no le apetece reservar una jornada para descubrir el secreto mejor guardado de La Rioja interior?

Etiquetas
stats