Carta a sus señorías desde Sol y con vistas al 29N: tener una casa, tumbar la Ley Mordaza o repensar la educación pública
Desde el lunes por la mañana solo hay un tema de conversación. La crisis por la vivienda ha abocado al país a un adelanto electoral, con el presidente Pedro Sánchez entre la espada y la pared y siendo incapaz de responder a una demanda urgente desde las instituciones. Ahora vuelven los mitines de campaña y habrá apenas dos meses de preparación: los aspirantes tendrán que convencer a su electorado y ellos, a su vez, deberán definir cuáles son sus criterios de seducción. La vivienda está en el epicentro y ya no solo según el CIS, que encadena varios barómetros colocándola como la gran preocupación de los españoles. También en la acampada de Sol, que suma unas 2.000 tiendas y se ha convertido en el núcleo más visible de este maletar, parece claro el diagnóstico. Lo difícil es plantearse quién o qué fórmula (no necesariamente electoral) puede acercarles más a arreglarlo.
En la misma mañana en la que la Moncloa anunciaba elecciones el próximo 29 de noviembre, el Gobierno de la Comunidad de Madrid amanecía entre gente expectante frente a su sede, donde se ha instalado el asentamiento. Sánchez ya había avanzado que este fin de semana lo usaría para deliberar un posible adelanto de los comicios, previstos originalmente para la primavera de 2027.
Este periódico ha preguntado entre los acampados de Sol cuáles son a su juicio las medidas más urgentes que deberá adoptar un nuevo gobierno, y qué reclamos principales tienen como electores. Las cuestiones relacionadas con la vivienda, la educación pública o la sanidad han dominado buena parte de las respuestas, especialmente la primera. Medidas como la limitación al número de casas que un solo particular puede poseer, la creación de un portal inmobiliario estatal o el freno a la expansión de fondos y grandes tenedores en ciudades como Madrid han coincidido entre los encuestados, pero también se pidió eliminar las guardias médicas de 24 horas, modificar la Ley de Extranjería, derogar la Ley Mordaza o desatascar los salarios para acercarlos al coste de la vida.
“Es el momento menos malo para la izquierda”, afirmó Iván el lunes a primera hora, después de escuchar en directo el dictamen del presidente. Le parecía que el estallido social tras el voto en contra del PP, Vox y Junts a los decretos de vivienda, con el PNV sumándose a tumbar también uno de ellos, era el caldo de cultivo idóneo para relanzar al PSOE: “Esta es una convocatoria estratégica”. Horas más tarde, otros acampados en Sol charlaban sobre el adelanto electoral, con una duda en común: la mayoría no sabe a quién votar.
Vivienda: tope de pisos por casero o un portal inmobiliario estatal
“España está tan polarizada que la derecha asume el rechazo a todas medidas sociales, porque no son las 'suyas'. Pero mucha gente está convencida de que les van a expropiar su segunda casa y todos debemos insistir en que ese no es el problema, ni lo que se está reclamando”, expone Alejandro, otro campista en mitad de Sol. Él tiene 27 años, y propone en cambio un sistema en el que un solo propietario, sea empresa o particular, no pueda acumular 10 casas mientras persista el problema de acceso a la vivienda. También limitar a un máximo de dos inmuebleslos que pueda tener un casero al uso.
“Si damos por hecho que esto no son solo ideas de la izquierda y cada vez más gente lo reclama, el equilibro parlamentario sería más sencillo”, añade Bruno, de 22 años. Él pide no olvidar que a veces “una idea de la derecha puede no estar mal para alguien de izquierdas, o al revés”, y por eso aboga por un sistema “más participativo” en el que la ciudadanía “pueda tomar voz ante cuestiones importante, como los decretos [Maricarmen]”, de forma que las dinámicas parlamentarias no influyan en decisiones clave.
Básicamente, propone votar en plebiscitos públicos algunas medidas troncales como las que afectan a la vivienda o la sanidad, sin dar lugar a “estrategias internas” de los partidos que “obstruyan el debate”. De hecho, he ahí para ambos otra de las dificultades a la que se enfrente estos meses un votante de la izquierda, entre los que se incluyen. Con los aliados del gobierno sin líder claro y una “falta de referentes” percibida entre jóvenes, algunas como Irene (22 años) creen que ahora los acampantes “parecen tener claro adónde van”, refiriéndose a una huelga general, pero aún no a quién confiar su voto.
Fin de las guardias médicas de 24 horas y más participación social
“Mucha gente ha desconectado de sus representantes y, aunque a nosotros en la calle nos toque defender un discurso más exigente es normal que un gobierno no pueda cumplirlo todo. Pero el sostén no puede estar en partidos como el PNV o Junts, sino en otras formaciones progresistas que remen a favor”, considera después de días en la acampada. La caída de los dos decretos urgentes de vivienda auspiciados por el desahucio de Maricarmen, vecina de 87 años cuyo caso ha detonado una crisis institucional; o la convocatoria de una gran marcha en 54 ciudades el sábado abrieron un breve lapso de incertidumbre que ha terminado en un adelanto electoral.
El lunes el presidente anunció comicios para el 29N y, un día más tarde, el Consejo de Ministros terminó aprobando dos nuevos decretos similares a los que cayeron el viernes, con medidas más restrictivas para los fondos buitre. Por ejemplo, ahora se les prohíbe comprar vivienda hasta 2030, dos años más que en la norma tumbada el viernes. Este miércoles las medidas fueron publicadas en el BOE, el boletín oficial del Estado, y el jueves entran en vigor.
“Debemos lograr que el Parlamento nos dote de una mayoría progresista mucho más amplia con la que doblegar a las élites, conquistar nuevos avances sociales y seguir transformando España”, zanjaba el presidente, trazando las primeras líneas del que será su gran reclamo de campaña: solo desde el Gobierno pueden responder a las demandas de la calle.
Más participación ciudadana en las decisiones clave
En pleno pulso ciudadano y sindical para blindar desahucios o regular los precios del alquiler, otras propuestas o áreas de debate han comenzado a abrirse dentro y fuera de Sol. Desde el sábado 26 de septiembre, cuando una gran manifestación por Maricarmen culminó en las primeras tiendas sobre la plaza –que fueron cientas en apenas 24 horas y, luego, más de mil–, una acampada como la que solo se vio durante el 15M abrió paso a debates y asambleas en la que se discutían fallos estructurales del sistema, y algunas vías para atajarlos.
Los aspirantes a obtener o revalidar su escaño en la Cámara Baja mueven ficha a contrarreloj, primero para buscar un líder del espacio que antes ocupaba Sumar y ahora pasa a llamarse el Frente Amplio (se habló de la ministra Mónica García, pero finalmente Más Madrid propondrá a la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau) como en la creación de un relato desde el que ganar la confianza ciudadana. Sin ser una muestra representativa ni absoluta de la población española, la acampada en la Puerta del Sol lleva días organizando debates y charlas a pie de calle sobre la vivienda, el rentismo o el impacto de los fondos en el mercado; pero también acerca de la sanidad, las escuelas infantiles, migraciones, precariedad laboral o formas mejores de participación social.
“Nosotros nos sentimos orgullosos de esta generación de cristal”, revela Ignacio, que tiene 45 años pero se ha unido a la acampada en esta plaza del centro, que acogió otra gran movilización social en 2011. Para mostrar su apoyo a la protesta Ignacio ha utilizado adrede uno de los términos que más pesan sobre sus artífices, jóvenes en buena medida: la generación de cristal, que se presupone frágil e incompatible con la frustración.
Remontar el informe PISA y cambiar el diálogo sobre la migración
“Creo que aquí hay gente que, como muchos, aún no sabe lo que quiere en estas próximas elecciones, ni si son buenas o no para la huelga. Pero se están moviendo cosas, ponen ideas sólidas sobre la mesa y todos los días hay debates abiertos al público, en los que se discute cómo intervenir en la situación del país”, remarca su acompañante, otro hombre de mediana edad que prefiere no aparecer.
Cerca de la salida, tres amigas de entre 21 y 25 años dibujan sobre cartones, apoyados sobre sus piernas entre el runrún de Puerta del Sol. Cuando se les pregunta por este mismo debate, el de qué medidas ven imprescindibles o cuáles son los problemas por los que decidieron acampar, sale una risa espontánea. “Llevamos hablando de lo mismo toda la mañana”, explica Ariadna, la mayor de todas y en el ecuador de la veintena. Se confiesan preocupadas por los resultados del último informe PISA, que puso el acento en las dificultades de comprensión lectora entre el alumnado español, o por la forma en la que “se habla de la inmigración en el debate político”.
Pero, sobre todo, les preocupa la vivienda y la desafección social que “ahora parece romperse” en Sol, y atribuyen a unos partidos políticos que “han dejado huérfanos de representación” a quienes tratan de ver “más allá de una consigna”. “Ya sabes: Yolanda Díaz hizo mucho ruido y pocas nueces”.