La portada de mañana
Acceder
El Gobierno confía en una votación exprés por la tensión social
Datos - Quiénes son los casi tres millones de ahogados por el alquiler en España
Opinión - 'Dos decretos: uno para Junts y otro para Sumar', por Neus Tomàs

La asamblea de Sol pide una huelga general por la vivienda: “Esto ya va más allá de Maricarmen o un decreto”

Lourdes Barragán

Madrid —
29 de septiembre de 2026 20:02 h

0

Primero llegaron unos cuantos. Pero en cuestión de minutos eran ya cientos de personas las que iban sentándose en fila en uno de los laterales de la Puerta del Sol, la plaza más reivindicativa de los últimos días. “Hemos generado una crisis de Estado. Esto es un cambio de paradigma: ya nunca más se va a pensar que esto es imposible. Cuando eso pasa, la ventana de posibilidad se vuelve infinita. ¡Maricarmen vuelve a su casa, pero quedan muchas más! ¡Ese es el poder popular!”. Con este balance de Valeria Racu, portavoz y cara visible del Sindicato de Inquilinas, se inauguraba en plena tarde la primera gran asamblea ciudadana de las acampadas en Sol. Y una pregunta sobrevoló la charla por encima del resto: ¿cómo sostener y expandir esa rabia que ahora ha explotado?

La asamblea se citó a las 18.30 horas junto a la famosa estatua del Oso y el Madroño, que corona la Puerta del Sol. A lo largo del día, y también durante la tarde del lunes, algunos asistentes empezaron a repartir carteles para distinguir las zonas de la acampada creando nombres de calles, plazas o avenidas. Algunas, las principales, con el nombre de Maricarmen o la fecha en la que comenzaron las protestas, el 26 de septiembre. Otras, en cambio, son de lo más variopintas y casi siempre con algún mensaje político: Calle de la República, Calle de La Rabia, la Guillotina, Plaza Huelga General... “Esto ya va más allá de Maricarmen o un decreto”, declararon los manifestantes.

Llegada la hora clave, la gente comenzó a sentarse junto a la carpa habilitada por el Sindicato de Inquilinas, en torno a la escultura de la plaza. Se colocaron altavoces sobre el poyete y, poco a poco, fueron llegando los organizadores. Una de sus portavoces, Valeria Racu, dio comienzo a la charla. “Estamos ya un poco disociadas, tened paciencia con nosotras”, comenzó, irónica y micrófono en mano, ante los aplausos a su alrededor.

“Que no nos hagan pensar que esto es un punto final. Es punto y seguido y solo acaba de empezar. Aún tiene que llegar muy, muy lejos”, prosiguió la sindicalista, antes de otorgar la palabra a algunos de los asistentes. A todos ellos les pidieron resistir en la acampada y no conformarse con promesas: “Si el poder popular que hemos conseguido estos días se queda únicamente en Sol estaremos perdiendo la capacidad de llevarlo a todos los lugares donde cada día hay conflictos para nuestra vida”.

Miembros de Desokupa o Núcleo Nacional habían amagado con acudir esta misma tarde a la acampada, así que la alerta se mantuvo durante toda la charla. Después de un primer bloque en el que el Sindicato de Inquilinas, también con Alicia Ríos (otra de sus portavoces más conocidas) hizo balance de estos días.

“Tenemos que conseguir que lo que antes estaba normalizado, como especular, ahora dé vergüenza. Lo conseguimos con Maricarmen y seguiremos con otros conflictos”, ha destacado, antes de trazar los puntos más importantes de su estrategia: sostenerla desde organizaciones estables para evitar quedarse en la movilización espontánea; expandirse a otros territorios con delegaciones regionales o de barrio, pero también nacionales e internacionales; poner “el conflicto en el centro” y no tener miedo a “enfrentar el malestar”; aprender a reconocer “quiénes son los enemigos” de la vivienda asequible para la clase trabajadora y “trazar alianzas” con entidades afines.

Todo ello después de que los grupos políticos con representación en el Congreso ultimaran un acuerdo para partir en dos ramas distintas el Decreto Maricarmen, con nuevas medidas en materia de vivienda auspiciadas por la indignación social de estos días. PSOE y Sumar, socios de gobierno, limaron asperezas y lograron un pacto que aprobar en el Consejo de Ministros. El Ejecutivo ahora pide a la Cámara Baja que este se vote en un pleno extraordinario ya este viernes. Algunos de los puntos que alejaban a ambas formaciones aliadas se han podido salvar durante las negociaciones de esta mañana gracias al segundo decreto, que da mayor estabilidad a los contratos de alquiler.

“Haceos una pregunta: ¿cuántos de vosotros habéis sido desahuciados alguna vez?”, continuó Valeria Racu antes de definir lo que llaman desalojos “invisibles”: aquellos a los que no va una comisión judicial ni se despliega un operativo. “Cada vez que nos obligan a marcharnos de una casa de la que no queremos irnos estamos siendo desahuciados, aunque no nos demos cuenta”, afirmaba, extendiendo el símbolo de Maricarmen a otros inquilinos “presionados por sus caseros” o expulsados de una casa antes de la finalización del contrato.

Precisamente la abogada de la vecina de Retiro, Beatriz Duro, cerró el lunes por la noche un trato definitivo con el fondo Urbagestión para que la vecina de Retiro pueda volver a casa, días después de ser expulsada pese a los intentos de resistir. Beatriz Duro, letrada de la vecina, ha celebrado el acuerdo alcanzado el pasado lunes en presencia de representantes del Ayuntamiento de Madrid, que ejercía de mediador, para que la mujer de 87 años regrese a la que ha sido su casa desde 1956. Y, además, ha confirmado que su clienta acepta las condiciones planteadas por la compañía.

Pero desde la acampada madrileña, que ha sido replicada en otras ciudades del país, se proclamó que eso no bastaba. “¡Huelga general!”, comenzó a repetir la multitud al unísono, llamando a ampliar la protesta y continuar la presión ciudadana pese a los acuerdos adoptados o la posible vuelta de Maricarmen a su domicilio en la calle Alcalde Sainz de Baranda. La asamblea de Sol apuntaba, en realidad, a un problema estructural. “Recordad que, de todo lo que se ha dicho estos días, hay un cántico por encima de todos que debemos recordar: ¡los verdaderos invasores son los inversores”, zanjó una de las portavoces del sindicato, respondiendo a las acusaciones de estar eclipsando con su protesta la crisis persistente en la ciudad autónoma.

Al final, tomaron la palabras otros inquilinos allí presentes o personas anónimas que dejaron de serlo al contar su historia ante cientos de personas. Cuando se apagaron las luces, algunos volvieron a sus tiendas de campañas y otros a casa, dejando la sensación común de un desgaste reconvertido en rabia.