Alemania y Francia pactan el rumbo para la automoción: “preferencia europea” y menos exigencia de reducción de emisiones

Emmanuel Macron visita el stand de Peugeot en el Salón del Automóvil de París

Toni Fuentes

16 de octubre de 2026 14:29 h

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Francia y Alemania han acordado una hoja de ruta conjunta para reforzar la industria automovilística europea que combina una mayor protección de la producción en la UE con una flexibilización de los objetivos de emisiones de CO2 para 2035. El pacto apuesta por la denominada “preferencia europea” para impulsar la fabricación de vehículos eléctricos en el continente y plantea rebajar las exigencias de descarbonización respecto a la propuesta inicial de Bruselas, al tiempo que ofrece mayor margen regulatorio para adaptarse a las condiciones del mercado, con una electrificación más lenta de lo previsto.

Los dos países, que concentran los grandes grupos de fabricantes europeos, defienden que la transición hacia una movilidad sin emisiones debe ir acompañada de inversiones industriales, innovación y protección del empleo. “Nuestro rumbo no ha cambiado: reducir significativamente las emisiones de CO2 y reforzar la capacidad de Europa de desarrollar y producir la próxima generación de vehículos eléctricos”, señalan en una declaración conjunta difundida por el Elíseo.

Los contactos entre fabricantes y con el Gobierno francés durante esta semana en el Salón del Automóvil de París han acelerado el impulso final a la declaración conjunta del eje franco-alemán. También puso su grano de arena el consejero delegado del grupo Volkswagen, Oliver Blume, que pidió un cambio de rumbo a la UE para defender la industria local poniendo como ejemplo la producción de cuatro eléctricos urbanos en España. Lo hizo en presencia del ministro de Industria francés, Sébastien Martin, con quien coincidió en un acto público y posteriormente en un encuentro discreto cara a cara. El presidente francés, Emmanuel Macron, tuvo la oportunidad de conversar con directivos del sector, especialmente los de grupos franceses, durante la inauguración oficial del salón el pasado lunes.

Objetivo más suave de reducción de emisiones

El principal cambio de la declaración conjunta de Francia y Alemania afecta al objetivo climático para 2035. La Comisión Europea propuso que las emisiones de CO2 de los coches nuevos se redujeran un 90% respecto a los niveles de 2021 en lugar del 100%, lo que equivalía a prohibir la venta de coches de combustión e híbridos. Sin embargo, contemplaba que los fabricantes compensaran el 10% restante mediante medidas adicionales, como el uso de acero con bajas emisiones de carbono y combustibles alternativos, lo que se vio como algo inviable por parte de la industria.

El acuerdo franco-alemán plantea mantener la reducción del 90%, pero sin exigir esas compensaciones adicionales para cubrir la diferencia hasta el 100%. Esta fórmula responde en gran medida a las demandas de los fabricantes alemanes, que llevan tiempo reclamando mayor flexibilidad en el calendario de descarbonización y en las condiciones para mantener la competitividad de sus plantas europeas.

La propuesta supone una concesión de Francia, tradicional defensora de una regulación más estricta y de una mayor protección de la producción comunitaria, a cambio de que Alemania acepte el principio de “preferencia europea”. El objetivo compartido es preservar la capacidad industrial del continente frente a la competencia internacional, especialmente la de los fabricantes chinos.

Reino Unido podría entrar en el 'Made in Europe'

El segundo eje del pacto aborda las reglas de contenido local que la UE estudia introducir para determinados productos adquiridos mediante contratación pública, subastas o programas de ayudas. Francia defiende que las ventajas asociadas a estas medidas se reserven a los productos fabricados dentro de la Unión, mientras que Alemania ha abogado por incluir a otros países vinculados a las cadenas de suministro europeas.

La fórmula acordada establece que, en el sector del automóvil, la etiqueta 'Hecho en la UE' podría extenderse a los 27 Estados miembros y a otros socios europeos que formaban parte del mercado interior comunitario el 1 de enero de 2020. Esta definición permitiría incluir a Reino Unido, que abandonó el mercado único a finales de ese año, y daría cobertura a sus plantas y proveedores de automoción. También había peticiones, como la de Ford, de incluir bajo el paraguas europeo a fábricas de Turquía.

La incorporación británica, sin embargo, estaría condicionada a un acuerdo de plena reciprocidad, a la adaptación dinámica a las condiciones europeas para las inversiones procedentes de terceros países y al cumplimiento de las medidas de protección comercial de la UE. Estos requisitos podrían obligar a Londres a alinearse con decisiones comunitarias como las restricciones comerciales aplicadas a los vehículos eléctricos fabricados en China.

Flexibilidad climática y protección industrial

El acuerdo pretende conciliar la reducción de emisiones contaminantes con incentivos para la inversión, la investigación y el desarrollo, la producción europea y el fortalecimiento de las cadenas de suministro. Ambos gobiernos sostienen que esa combinación permitirá preservar la soberanía tecnológica y la competitividad internacional del sector sin renunciar a los compromisos climáticos.

“Europa debe ser un continente que innova, invierte y produce, al tiempo que protege el clima y preserva empleos”, subrayan los dos países, que aspiran a incorporar rápidamente al resto de sus socios comunitarios a la iniciativa.

La hoja de ruta se suma a las presiones de los fabricantes europeos para flexibilizar la regulación sobre emisiones y disponer de un marco que facilite la adaptación de sus inversiones a la evolución de la demanda, las tecnologías disponibles y la competencia internacional. Aunque el pacto abre la puerta a prolongar el papel de determinadas tecnologías de combustión mediante una mayor flexibilidad regulatoria, la declaración conjunta no detalla las condiciones concretas para extender la vida comercial de estos vehículos ni establece por sí misma un nuevo calendario definitivo.

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