La guía de un psicólogo para explicar a los hijos las restricciones de redes: “Conceder todo lo que piden no les hace más felices”
En los hogares europeos se avecina un cambio con la nueva normativa europea en marcha que prohibirá el acceso a las redes sociales de todos los menores de 13 años. Además, los que tengan entre 13 y 15 años solo podrán utilizar cuentas infantiles bajo la supervisión de los padres, y hasta la mayoría de edad se les restringirá el acceso a plataformas que utilicen algoritmos orientados a provocar adicción. ¿Cómo transmitirles este cambio en su relación con la tecnología?
“Yo a los padres siempre les explico el tema de normas y límites como si fuera un semáforo. Hay decisiones que pueden tomar los chavales en función de su edad y preparación, situadas en la zona verde, lo cual fomenta su autonomía e identidad”, explica el psicólogo infantojuvenil y director de Domínguez Psicólogos, Abel Domínguez, a la hora de abordar la conversación.
Por su parte, la zona amarilla engloba aquellas pautas susceptibles de diálogo y pacto. “La adolescencia es la edad de la negociación, donde ni los chavales se salen con el 100% de lo que querían ni los padres ceden en todo”, asegura Domínguez. Sin embargo, con el nuevo marco legal en la mano, las redes sociales antes de los 13 años caen de lleno en el color rojo: la franja de los límites no negociables.
“Esta nueva normativa viene de Europa, de las altas esferas, de quien debe legislar para proteger a los chavales”, enfatiza el psicólogo. “Simplemente tenemos que explicar a los menores que, aunque no haya sido una decisión nuestra ni suya, está en rojo y la tenemos que cumplir. Y debemos ayudarles a entender que estas normas van a protegerlos y a contribuir a su ciberseguridad”, expone.
La culpa o el conflicto no deben hacer ceder a los padres, insiste el especialista, ya que la firmeza también ayuda a la estructura emocional de los menores: “Llega un punto en que darles más a los chavales no es mejor; conceder todo lo que piden no les hace más felices y, en muchas situaciones, hasta les pone en riesgo”.
Desmontar la presión de grupo
Uno de los principales obstáculos a los que se enfrentan los padres que intentan aplicar restricciones a la tecnología es el reproche del aislamiento social, la típica frase de “soy el único de mis amigos al que no le dejan”. “Es un argumento universal, todos lo hemos utilizado”, reconoce Domínguez. “Invito a los padres a reflexionar sobre sus valores, sobre lo que es importante en sus familias, y a que se lo trasladen y lo defiendan ante sus hijos. Es el mejor ejemplo que les podemos ofrecer para enseñarles a resistir la presión grupal”, añade.
Obviamente, el objetivo de la normativa no es el aislamiento de los menores, y si la prohibición amenaza con dejar al niño o niña fuera de los planes sociales su grupo de amigos, el psicólogo sugiere habilitar vías alternativas y supervisadas de contacto. “Podemos permitir que charlen o queden a través de un chat que supervisemos los padres, para evitar que tengan acceso directo al gran océano de internet sin ningún tipo de filtro ni protección”, señala.
Sin demonizar la tecnología
Para que los menores comprendan los motivos detrás de la ley y que su visión no se reduzca a la frustración de perder una vía de entretenimiento, el experto recomienda enseñarles a mirar detrás de la pantalla. “No entienden que los algoritmos están creados para mantenernos cada vez más tiempo enganchados, haciendo scroll e incentivando la inmediatez”, advierte Domínguez. “Estamos educando a una generación que no entiende que si mandan un mensaje no es obligatorio que se lo contesten al instante”, apunta.
Para hacer visible todo lo invisible, el experto propone dinámicas cotidianas críticas a la hora de usar la tecnología. “A mí, por ejemplo, me gusta aprovechar algún vídeo que ellos estén viendo de contenido aparentemente inocuo y jugar con ellos es a ver qué les se están intentando vender, una suscripción, una marca de chocolate o incluso una bebida energética”, pone de ejemplo el psicólogo.
El objetivo final es la prevención temprana. “Tenemos que empezar a hablar de ciberseguridad e higiene digital con ellos en cuanto empiezan a usar una tablet o un móvil”, defiende Domínguez. “No se trata de demonizar las redes sociales, porque son parte de su presente y su futuro, sino de enseñarles a utilizarlas con responsabilidad y seguridad”, resume.