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Opinión - 'Como si fueran las elecciones de nuestra vida', por Rosa María Artal

Como si fueran las elecciones de nuestra vida

20 de octubre de 2026 21:36 h

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“Mira que nos acechan todavía” (Federico García Lorca, 1936).

Dice Feijóo que “mantener al sanchismo fuera del Senado es un reto para el PP”. En unas elecciones democráticas, el candidato situado primero en las encuestas quiere mantener a un partido que ahora gobierna fuera del Senado. Coincide con Vox, con quien explora acuerdos, dice. La democracia es una antigualla para ambos. Lo ha dicho Feijóo en una radio amiga, la COPE, a un informador amigo, Carlos Herrera. Jiménez Losantos se ha desmelenado en el programa de Ana Rosa Quintana en Telecinco. A toda pantalla propone impunemente, una vez más, “aplastar” y “perseguir” a la izquierda tras el 29-N. ¿Hace falta tener más claro qué se dilucida en las urnas ese día?

Habrá que insistir tantas veces como podamos en que estas son las elecciones más trascendentales en este periodo de nuestras vidas. Aspiremos a que la mayor parte de la ciudadanía sepa -y de momento no es así- que se decide entre dos modelos de sociedad. Imperfecto incluso el que más la favorece, cargado de todo tipo de trampas el que aspira a mutaciones rotundas, nefastas para la mayoría, y ni siquiera lo oculta. No por completo: cuando ve riesgos con sus patinazos -por ejemplo, con las pensiones- miente y ataca. Atentos también a las injerencias exteriores y a cómo se utilizan las convulsiones en otros países, por descontento como denominador común. Es un hecho que este mundo ha sufrido una enorme degeneración y la mayoría no se dio cuenta ni de cómo se gestaba. Lo insensato es cambiar a peor, en lugar de afrontar errores lo primero.

Toda la carne en el asador, ahora e in crescendo en el poco más de un mes que queda para las elecciones. Agotados ya de tanto ruido y tanta basura para distraer de lo esencial: lo mucho que nos jugamos el 29N en España. Las redes son un enjambre de avispas hambrientas, en donde -más o menos gratis- se vierten las consignas sin filtro, que luego amplifican los medios convencionales a su gusto. Antes era al revés, por lo menos.

A pesar de las encuestas tan favorables, a la derecha-ultraderecha se les sigue notando miedo a perder. No es para menos. Pocos ciudadanos adultos y responsables elegirían por propia voluntad que mermen y comercialicen las pensiones, que precaricen la sanidad y la educación tan esenciales para la vida, o que, con una Dana tras otra, cargadas de víctimas y destrozos materiales, siga diciendo el socio del presunto gobierno, Vox, que esto es culpa del “terrorismo climático”. Terrorismo es lanzar un mensaje tan falso y convencer a imbéciles de solemnidad de que es cierto. No tengan la menor duda de que lo van a intentar. El portavoz del PP, Borja Sémper, acaba de justificar un pacto del PP con Vox que los haga más fuertes en que “tendrán que tomar decisiones históricas”, dice. ¿En la economía más adelantada hoy de la UE? Aterra pensar en qué están pensando.

La postura del PP con las pensiones, solo en estos días, es un ejemplo concluyente de lo que es este partido y lo que piensa hacer si llega a La Moncloa. Vamos ya por la tercera versión en menos de una semana.

1) Ester Muñoz dice que el sistema va a petar y que así no puede seguir.

2) Ante el revuelo causado, sale Feijóo y promete solemnemente que no lo cambiará y actualizará las pensiones con el IPC.

3) Aparece de nuevo Feijóo y suelta que tienen dudas sobre si hay un profundo agujero en el sistema de pensiones. Es, con toda claridad, una hipótesis, sin pruebas, para justificar su plan de recortar y privatizar las pensiones. En el que, sin duda, le acompaña Vox. Figaredo sigue insistiendo en el plan que tienen sobre las pensiones: “Un cambio traumático que exige sinceridad a los ciudadanos”. “En el que haya una parte de reparto y una parte de capitalización”. Ese que han tenido que ir abandonando numerosos países que lo implantaron.

Una cacicada que afecta a millones de personas, y familias también, que se apoyan en ese ingreso absolutamente legítimo que no padece otro riesgo que un gobierno de PP y Vox como debemos insistir. Hay que escuchar argumentos y razones y no distraerse tanto con los excitantes improperios de ese ser trastabillado que preside Madrid y que ya demostró cómo afrontar el “gasto” con ancianos que, en principio, gastan más que producen. Entretiene mucho, llena páginas y pantallas, pero eso no es ni política siquiera.

Cada cual juega sus cartas en esta partida en la que están sobre la mesa derechos que no pueden ser objeto de pujas y envites. Veremos si el as Ayuso les sigue funcionando con tanta basura como le rodea y las muestras que da de nerviosismo. Igual que su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez. Alto cargo político con sueldo público que amenaza una vez más al presidente del Gobierno de España haciéndole responsable hasta de las manifestaciones por la educación pública: “Te voy a decir una cosa, PerroSinAmo: lo tienes muy difícil para asustar y callar la boca a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. Y me gusta la fruta”, escribe. Recordemos que el Supremo le tiene un gran aprecio a este sujeto. El pasmo llega cuando el sindicato policial Jupol pide la dimisión del delegado del Gobierno por no prever que Ayuso fuera increpada, dice que afectó a su seguridad. Varios manifestantes han visto muy afectada la suya a palos de los policías.

De los gobiernos autonómicos PP/Vox cada vez llegan referencias más preocupantes: el andaluz suspende las subvenciones a Cruz Roja, SAMU e Inserta destinadas a ofrecer pisos de acogida y un plan de inserción laboral a personas sin techo, el 80% extranjeros, que se ven abocados a volver a la calle el 20 de diciembre.

Medios subvencionados -con nuestro dinero- ayudan a esa derecha que ha perdido el norte. Veremos si el otro gran aliado -esa facción peculiar de la justicia- actúa también. En conjunto son poderosos enemigos de unos votantes que no se enteren de qué está yendo todo esto y no se preocupen seriamente por su propio futuro incluso.

Esa derecha que ya es una y extrema, se mueve sin complejos. Lo vemos en cómo confirma Feijóo negociaciones con Vox. Y en la llave que buscan para controlar el Tribunal Constitucional desde el Senado. E incuso poder cambiar la Constitución. Al gusto de la derecha extrema seria. En la COPE ha dicho que busca una mayoría de 3/5. Eso le facultaría para hacerlo. El destrozo democrático podría ser irreversible. En mucho tiempo, al menos.

El Gobierno actúa también, aunque está en minoría frente a ese bulldozer con doble motosierra que armó Aznar y que, a su llamada, hace lo que puede y más. Actúa aprobando medidas que debió acometer antes de ahora -aunque más vale tarde que nunca-. Amplía las sociales en las que sí se ha venido empleando. Pero faltaría mucho más. Y que nos explicara esa permanencia en las listas electorales de los responsables de un ejército en el que algunos de sus miembros apalean a migrantes indefensos en Ceuta, igual que policías desbocados a manifestantes por los derechos de todos. No hay comparación, sin embargo, con la amenaza de dar el poder a las derechas más sucias de Europa; no tiene color, claro. Pero debemos aspirar a soluciones reales y duraderas.

Veremos qué ocurre con esa izquierda un tanto decepcionante en líneas generales a la que el PSOE necesita para gobernar, aquí ya no hay mayorías absolutas. La larga historia de traiciones en tan corto espacio de tiempo explica lo que ahora sucede, pero no lo remedia. No quiero entrar en ese jardín lleno de espinas. Solo pediría reflexión sobre el tratamiento, despiadado y machista, que está recibiendo Irene Montero de la propia izquierda. A ver si este lado se remansa, aunque el fuego cruzado que agita medios y redes es bien potente, porque todo será poco para la batalla que nos espera.

Tiempos de huir de los gritos -si se puede, porque interpelan con tal virulencia que caemos en ellos sin darnos cuenta- y buscar argumentos profundos. Se están luciendo estos días en varios medios, al mismo tiempo y no por casualidad, sino por el convencimiento absoluto de lo mucho que nos jugamos.

Todo esto ya pasó antes, aunque cada vez la factura es más cara, como escribía aquí Enric González. Citando a Arnold J. Toynbee, filósofo de la historia, recordaba que, “al principio, la Minoría Dominante intenta mantener por la fuerza (contra la razón y el derecho) una posición de privilegio heredado que ha dejado de merecer; y entonces el Proletariado repaga la injusticia con resentimiento, el miedo con odio y la violencia con violencia”. Concluía Toynbee que “Sin embargo, todo eso acaba en actos de creación positiva”. Alude el autor a reacciones transformadoras que alumbran un tiempo nuevo, por así decirlo. Veremos. De momento ese horizonte se ve lejos, pero el 29N puede acercarlo… o alejarlo por completo para caer en una auténtica sima.