CRÓNICA
Entre Leire Díez y Antonio Balas, la directora de la Guardia Civil no tiene dudas
“Nunca. Jamás”. Fueron las dos palabras más repetidas por Mercedes González, directora de la Guardia Civil, en su comparecencia del martes en la Comisión de Interior del Senado. El tema era sus contactos con Leire Díez, imputada por sus maniobras para atacar a los jueces, los fiscales y la UCO que realizan investigaciones que perjudican al Gobierno. Durante demasiado tiempo ha dejado que fuera creciendo la bola en función de la aparición de informes policiales. El comunicado que difundió la semana pasada no era un prodigio de claridad. Ahora tenía la oportunidad de dejar las cosas más claras.
“No he participado jamás nunca en ninguna trama conspirativa contra la UCO ni contra ninguna unidad de la Guardia Civil”, dijo. Supo de Leire Díez cuando era delegada del Gobierno en Madrid y ella trabajaba en Correos. Solo se intercambiaron algunos mensajes por WhatsApp a cuenta de conflictos laborales en la empresa. Su primer encuentro en persona fue poco después de su nombramiento en la Guardia Civil. Básicamente, Díez se estaba ofreciendo por si había algún puesto para ella, cosa que no se produjo. Tres meses después, hubo otro encuentro —el informe de la UCO habla de tres contactos—, pero ella dice que “no lo recuerda”, pero parece que no descarta que se produjera.
González dijo que el último encuentro fue parecido al primero, pero en él Díez sacó el tema del comandante Rubén Villalba, separado del servicio por estar imputado en una investigación judicial. En ese momento, puso fin a la reunión, que se celebró en una cafetería. “Jamás volví a verla”, terminó diciendo.
Esta es una información bastante precisa que González podía haber dado hace mucho tiempo. Leire Díez lleva apareciendo en los medios de comunicación desde hace más de un año. Ella sabrá por qué no la ha compartido en persona con la opinión pública hasta que el Partido Popular la ha convocado en el Senado. Una vez que apareció en una grabación que Díez presumió en una conversación con otro implicado que González era “de mi confianza”, la directora había quedado comprometida.
El caso es que la directora de la Guardia Civil ya sabía lo que se estaba cociendo. Leyó frases de un artículo publicado el año pasado en un medio del que no dio el nombre que decía que ella se había reunido con Leire Díez en su despacho en la sede del Instituto Armado. Ahí volvió a repetir lo de “jamás nunca”. Se quejó de ese “ruido ensordecedor” y de la “bola mediática”, pero en esa época decidió no contar con claridad en qué habían consistido esos contactos.
Sus explicaciones no sirvieron al PP, como era previsible. Su portavoz, Luis Santamaría, le llamó “comandante cloaca” y dijo que ha quedado desautorizada por el contenido de los informes de la UCO: “¿Por qué mintió sobre sus reuniones con Leire cuando el informe dijo que eran tres?”. “Son todo mentiras, mentiras y más mentiras”, dijo.
Tuvo tiempo para hacer una reflexión general sobre la democracia: “¿Cómo se llaman las operaciones en las democracias en las que se quitan de en medio a policías y guardias civiles que investigan delitos?”. Precisamente, eso fue lo que se intentó en el Ministerio de Interior de Jorge Fernández Díaz contra el trabajo del inspector de la UDEF Manuel Morocho, que investigó la corrupción de la Gürtel. Santamaría ha hecho las preguntas en nombre del PP en varias comisiones de investigación en los últimos años con la única intención de sugerir que toda la investigación policial y judicial de la Gürtel fue una operación política contra su partido.
El senador del PP insinuaba, y lo hizo en más de una ocasión, que ha habido “purgas” en la Guardia Civil para obstaculizar las investigaciones que perjudican al Gobierno. González respondió recordando que se reunió con los altos mandos de la Guardia Civil, incluidos los de la UCO, para reiterarles su apoyo cuando se publicaron en mayo de 2025 audios de conversaciones de Leire Díez en los que ella salía diciendo que quería ver “muerto” al teniente coronel Antonio Balas. En esa reunión, les comunicó que sabía quién era Díez: “Expresamente reconocí que conocía a Leire y que me había visto con ella en alguna ocasión”.
En un momento posterior de la comparecencia, decidió dar su apoyo específico a Balas, jefe de la unidad de delitos económicos de la UCO. El teniente coronel tuvo un papel esencial y también polémico en el juicio del fiscal general para facilitar su condena, así como lo ha tenido en el juicio reciente de David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno. No solo por las pruebas facilitadas en su testimonio en esas vistas, sino también por sus deducciones con las que fundamenta la culpabilidad de los acusados.
González destacó que Balas está donde estaba cuando ella se estrenó en el cargo. “Dígame dónde estaba el teniente coronel Balas cuando llegué a la Guardia Civil y dónde está ahora. En el mismo sitio. Haciendo su trabajo. Escrupulosamente”.
Con las palabras de la directora de la Guardia Civil, Balas queda blindado en el puesto. Por lo demás, y a pesar de lo que denunció el PP, no hay pruebas de que su puesto estuviera en peligro o que vaya a dejar de dirigir las investigaciones de presuntos delitos de corrupción que persiguen ahora al Gobierno. Si Leire Díez quería matarlo, no cabe duda de que nadie le hizo mucho caso en ese punto.