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CRÓNICA

Sánchez pone al PSOE a bailar al ritmo de Begoña Gómez para voltear la campaña

Para cuando Pedro Sánchez se puso a hablar de las cosas que se hablan en campaña (el miedo al enemigo, los datos económicos, las pensiones), las crónicas del mitin de este sábado en Fuenlabrada (Madrid) ya tenían material más que suficiente para echar a rodar. Tampoco necesitaban mucho más los cientos de militantes socialistas que abarrotaban el auditorio Tomás y Valiente y que jaleaban enfervorecidos la declaración de amor expreso que acababan de presenciar en directo: su líder, su presidente y su candidato a las elecciones besando, abrazando y, de paso, poniendo en el centro de la estrategia electoral de su partido a su pareja.

“Gracias por ser mi esposa, por ser la madre de mis hijas y por ser mi mujer, te quiero”. Así arrancó su intervención el presidente, aunque hasta llegar a ese punto ya se había dado junto a Begoña Gómez todo un baño de masas cargado de simbolismo. En una campaña en la que el líder del PSOE quiere volver a jugar a la contra para remontar todos los augurios y todas las encuestas que vaticinan, otra vez, una victoria holgada de las derechas, Sánchez decidió entrar al acto con su pareja. Un gesto que implica un mensaje político en sí mismo.

Porque Begoña Gómez es ya para los socialistas un símbolo de la ofensiva sin cuartel de los poderes fácticos del país que denuncian que predente al derribar al Gobierno a toda costa.Y de lo que es paradigma una instrucción judicial escandalosa del juez Peinado que acabará sentándola en el banquillo de los acusados ante un jurado popular tras imputarla por malversación y tráfico de influencias. “Nos han intentado quebrar de todas las maneras y han logrado justo lo contrario. Hoy estamos más unidos y somos más fuertes que nunca. Así que, que lo escuchen alto y claro, te quiero”, le dijo mientras ella lo escuchaba en primera fila con lágrimas en los ojos y el público canturreaba: “Qué bonito, que bonito”.

Antes de entrar al recinto, uno de los jóvenes militantes del PSOE encargado de la logística le advirtió a Sánchez: “Presidente, vas a entrar con una canción que se llama MalibU, de Rusowsky. Es un joven cantante y compositor emergente...”.Y el presidente lo interrumpió: “Sé quién en Rusowsky, me encanta”. De la mano de Begoña Gómez accedió al recinto y de su mano subió también al escenario para dejar, por ahora, la foto de la campaña: un abrazo y un beso convertidos ya en imagen viral en redes sociales e inmortalizada mientras sonaba el estribillo del cantante emergente. “Ella es mi mundo. Ella es mi baby. Cuando estamos juntos, to' desaparece. Todo en un segundo”.

“El 29N, tú eliges”, publicó en sus redes el ministro Félix Bolaños junto a una foto poco agraciada de Alberto Núñez Feijóo que contraponía a la del beso de este sábado. Desde la cuenta oficial del PSOE, tuitearon: “La fuerza que lo puede todo, la fuerza del amor”. Y así un sinfín de publicaciones que corrieron como la pólvora por Instagram y Equis. Hasta tal punto, que ni siquiera desde la cuenta oficial del Partido Popular pudieron contener las ganas de intervenir en la conversación sobre la imagen del día. Lo hicieron con un montaje improvisado en el que eliminaron a Begoña Gómez y pusieron a José Luis Ábalos besando a Pedro Sánchez.

“Han entrado al trapo y eso es que hemos vuelto a tocar la tecla correcta y se corroen por dentro porque saben que con Pedro en este plan no se puede competir. ¿Tú te imaginas a Feijóo bailando ahí estos temas y diciendo estas cosas? Da risa pensarlo”, analizaba, eufórico, un dirigente socialista que insistía en que el ambiente de remontada gana con mucho a los malos augurios. Al menos, por el momento.

Pedro Sánchez, que puso a bailar a todo el PSOE y a gran parte de su Gobierno al final del acto, consiguió contagiar al auditorio de un insospechado optimismo que cimentó también en una burla descarada de su principal adversario. “La verdad es que Feijóo es todo un personaje, ¿eh? El otro día va y dice: 'Voy a pedir sacrificios, pero no me aplaudáis'. Hombre, si quieres te hacemos la ola. Pero encima, dice: 'Voy a pedir el voto a los currantes, no a los jetas'. ¡Y se señala a sí mismo! El tío se lo dice todo, es impresionante”.

Ni nadie mencionó, ni hubo atisbo alguno de duelo por las pequeñas o grandes tragedias del día a día. No se dijo ni media palabra sobre la dimisión de la portavoz del PSOE el día antes, Montse Mínguez, “rota” por la escabechina mediática y política a su vida privada tras publicarse que su pareja se dedica al negocio inmobiliario, ahora un pecado capital para una dirigente socialista en una campaña marcada por el derecho a la vivienda y unas elecciones convocadas tras el desahucio de Maricarmen.

Tampoco hubo espacio para lamerse las heridas por el polvorín en que se ha convertido una izquierda política que irá separada a las urnas y que complica un poco más la utopía de otro Gobierno progresista. Algo que todo el mundo concluye en las filas del PSOE que es una tragedia colectiva para la izquierda y una buena noticia para la derecha y la ultraderecha que, sin embargo, volvieron a confesarse escocidas por el último movimiento estratégico de Pedro Sánchez: las listas unitarias de la izquierda en el Senado.

Esa jugada en la cámara Alta, donde los socialistas se presentarán conjuntamente con la mayor parte de partidos de su izquierda y que les pone en disposición de arrebatar la mayoría absoluta a las derechas, tuvo una reacción inmediata por parte de Santiago Abascal. El líder de Vox insinuó en sus redes sociales estar dispuesto a retirar las candidaturas de su partido al Senado para que el voto de derechas se concentre en el PP y así boicotear el paso dado por la izquierda. Otra prueba, dicen en Ferraz, de que esa tecla pulsada también era la correcta.

Lo que trasladan las encuestas internas que manejan en el PSOE es que la fuga de votos del PP a Vox es incesante y se consolida en torno al 20%. Y que transcurre en paralelo a una progresiva, aunque por el momento insuficiente, movilización del electorado progresista. Ambas corrientes de fondo que señalan los sondeos, y a la que se suma el fracaso de las negociaciones entre Frente Amplio y Podemos, hacen que cada vez más gente entre los socialistas crea perfectamente viable ganar las elecciones y ser primera fuerza el 29 de noviembre. Otra cosa, claro, será poder gobernar. Algo que, hasta la fecha, ni siquiera atisban los más optimistas. Que sí insisten, sin embargo, en que esto no ha hecho más que empezar, en que aún quedan 40 días y en que, de momento, Sánchez ya ha puesto a bailar al PSOE con Begoña Gómez en el centro de la pista y con la derecha sin poder parar mirar de reojo.