Del 'dicen que nunca se rinde' al 'manquepierda': Sevilla y Betis, una pasión con historia que llega a nuestros días
Escritor, catedrático de Antropología Social en la Universidad Pablo de Olavide y exfutbolista, Alberto del Campo (Sevilla, 1971) es un gran apasionado del fútbol sevillano. Durante los últimos cuatro años ha estado investigando en periódicos las crónicas, artículos de opinión y noticias relacionadas con los orígenes del fútbol en la ciudad hispalense, además de charlar con los sucesores de aquellas personas que dieron vida a los dos clubes más importantes de la ciudad.
Tras escribir dos libros sobre la historia del fútbol sevillano -Historia del Sevilla Fútbol Club e Historia del Real Betis Balompié- atiende a SevillaelDiario.es en la Universidad Pablo de Olavide. En ellos, describe los orígenes de ambas entidades, los partidos disputados, narra anécdotas y analiza a las figuras más importantes que dieron vida a la mayor dualidad de la ciudad de Sevilla.
En el fútbol actual también hay anhelos del pasado debido a la explotación comercial de fútbol. Sin embargo, esa gestión mercantil donde prima lo económico frente a lo deportivo no es más que un reflejo del fútbol más primitivo. En Sevilla, los grandes clubes sobreviven “porque forman parte de las buenas familias, de la oligarquía”, mientras que los equipos obreros, los de barrio, se hunden y desaparecen.
De trialidad a dualidad: los orígenes de los equipos sevillanos
Sevilla Fútbol Club, Sevilla Balompié y Betis Fútbol Club eran los tres equipos que predominaban en la ciudad hispalense debido a su capacidad adquisitiva. Los sevillistas tenían relación con la burguesía industrial y comercial, los balompedistas con los militares y los béticos con pequeños empresarios. “Los dos equipos grandes eran el Sevilla FC y Sevilla Balompié, el Betis era el tercer equipo, el equipo pequeño”.
En un primer momento, Sevilla FC y Betis FC eran clubes hermanados hasta el punto que “cuando el Sevilla pasa por malos momentos, los sevillistas juegan en el Betis”. Sin embargo decidieron fusionarse “omitiendo el nombre del Betis porque el Sevilla era mucho más antiguo y con mayoría de jugadores sevillistas, porque eran mejores”, afirma Del Campo. Pero no es algo que perdurase mucho en el tiempo, ya que los béticos, al ver que perdieron todas sus señas de identidad, se refundaron.
En diciembre de 1914 es cuando se produce la fusión “de forma sorpresiva” entre Sevilla Balompié y Betis Fútbol Club debido a una serie de intereses entre ambos. Por una parte, el Betis obtuvo el título de Real debido a la influencia del Partido Liberal y los Borbolla. Sin embargo, “deportivamente, perdía todos los partidos”. Por ello, en un primer momento a los seguidores del Real Betis Balompié se les llama balompedistas, “porque el Sevilla Balompié era el equipo fuerte”. Años más tarde fue en Madrid donde cuajó la idea de llamarlos béticos.
El Sevilla FC se fundó en 1890, si bien su actividad cesó a los dos años debido a la marcha de sus jugadores y directivos a tierras británicas, de donde eran originarios, por el cierre de las fábricas donde trabajaban. Sin embargo, en 1905, el hijo y el sobrino del médico del Sevilla FC decidieron refundarlo bajo el mismo nombre, jugando en el mismo campo y con la intención de retomar la actividad del club originado en 1890. Del Campo piensa que “es discutible que esos vínculos sean suficiente para aceptar jurídicamente una continuidad”.
La historia de un sentimiento heredado
El fútbol es el más fiel reflejo de la sociedad, y así lo era también en el pasado. “Durante la dictadura de Primo de Rivera, con un presidente y directivos militares, el régimen favorecía al Real Betis Balompié. Cuando el mundo comenzó a funcionar por el comercio y la industria, sectores vinculados al Sevilla FC, las tablas cambiaron”, aclara Del Campo.
La predominancia de cada equipo varía según la década. Mientras que en la de 1910 el Sevilla Balompié, antecesor del Betis, fue el equipo dominante, en la década de 1920 es el Sevilla FC el que arrasa. Este “turnismo”, según indica Del Campo, “es lo que ha hecho que la gente sea de un equipo u otro porque, al contrario de lo que ha pasado en Barcelona, Valencia o Madrid, donde hay un equipo hegemónico y poderoso y un segundón, aquí han sido muy parejos”.
El sentimiento hacia ambos clubes, en su gran mayoría, se ha transmitido de padres a hijos y de abuelos a nietos. Del Campo asegura que “la emoción que siente alguien cuando llora en las victorias o en los descensos o cuando sufre es porque recuerda a los que ya no están”. Además, el papel de la mujer, principalmente en el Betis FC, donde en 1914 ya hubo mujeres socias debido a que era el equipo más liberal, también es importante a la hora de transmitir este sentimiento familiar.
Paco Alba y el ‘dicen que nunca se rinde’: los orígenes del Sevilla
Del Campo cree que la figura de Paco Alba es la más relevante en la historia del Sevilla. En 1914 fue, en un primer momento, jugador y después, presidente de la entidad. Además, era miembro del Partido Liberal y gracias a su persona el club “es capaz de articular alianzas con los conservadores, la aristocracia, introducir elementos populares y abre la puerta a los republicanos”, facilitando la entrada al equipo a todo el mundo.
En la primera época del siglo XX comienza la idea del ‘Dicen que nunca se rinde’, cuando el club experimenta dificultades tras la marcha de jugadores importantes y hay grandes disputas internas, en la entidad “prevalece ese espíritu de lucha” propia de la mentalidad anglosajona. “Esa idea de sobreponerse a la adversidad, está muy en el ADN del Sevilla, y eso demuestra que no se extinguiera como se extinguieron otros clubes”, afirma Del Campo.
El partido fundamental para el Sevilla “y para el devenir del fútbol en Sevilla” fue la victoria ante el Recreativo de Huelva en Mesina (Italia). Un terremoto en esta localidad provocó un encuentro benéfico entre ambos clubes para recaudar fondos, sin embargo, este hecho sirvió como escaparate para que el club fuese conocido fuera de Andalucía. “Esta ocasión es la única vez que el Sevilla logra ganar al Recreativo de Huelva, entonces demuestra ante todas las clases sociales que es el principal club de la ciudad”.
Carmelo Navarro y el ‘manquepierda’: los orígenes del Betis
En contraposición, Carmelo Navarro es la persona más importante de la historia del Betis para Alberto del Campo, al que describe como “un portento físico”. Directivo, futbolista y capitán, en 1911 del Sevilla Balompié y en 1918 del Real Betis Balompié, donde es líder indiscutible, escribe crónicas y discursos, entre los que destaca el mítico ‘manquepierda’, “donde lo importante no son los títulos, sino la lealtad y el sentimiento”.
En una época donde el fútbol pasó de ser sentimiento a negocio, “el Betis tuvo que cambiar su filosofía para sobrevivir”. Con el paso del tiempo la oligarquía de la directiva verdiblanca quiso dejar de lado ese ‘manquepierda’, centrándose en “el que más tiene más gana”, pero el pueblo mantuvo esa idiosincrasia propia de sus orígenes militares.
En el Betis hay muchos partidos importantes, si bien Del Campo no destaca ninguno sobre el resto. Sin embargo, señala que “algunos campeonatos que se pensaban que no se iban a ganar, y finalmente se ganaron, alentó el orgullo de los balompedistas”.
Sevilla y Betis, una pasión que llega a nuestros días
Pese a la gran rivalidad y dureza con la que se juegan hoy en día los derbis, tan solo hace tres años de la fea entrada del canterano bético Miranda a la leyenda sevillista Jesús Navas días antes de que el Sevilla ganara su última Europa League, el juego cada vez es más limpio. Invasiones de campo, pedradas y fútbol duro provocaban una infinidad de lesiones en unos partidos sin cambios, que incluso “se tienen que suspender porque nadie quiere arbitrar por la peligrosidad”.
Estos partidos terminaban con los apasionados, ahora ultras, sacando a hombros a sus futbolistas y paseándolos por las calles donde el rival tenía sus sedes. Estos también escribían sus coplillas satíricas, lo que ahora son cánticos que se recitan durante el partido, principalmente de ofensa hacia el rival. “Esa guasa ha existido siempre, y conviene no olvidarlo, porque a veces se lo toman demasiado en serio”.
En una comparativa con la situación actual, el mal momento que atraviesa el Sevilla debido a su mala gestión es algo imposible que hubiese sucedido en el pasado ya que “los aficionados y los socios mandaban y se hacían valer”. Por otro lado, indica que hay una “legitimidad social” de los verdaderos dueños del club, los aficionados, y afirma que “no hay derecho a que la legislación ampare a que estos tipos puedan hacer lo que quieran”.
Por su parte, el Betis pasa por la mejor etapa institucional de toda su historia. “En todos los años buenos que he estudiado, nunca hubo una década de estabilidad, logros deportivos y gestión honesta”. Esta buena gestión provoca que los sevillistas incrementen su enfado ya que “la percepción de tu club va relacionado a cómo le va al otro”.
En su faceta de antropólogo, Del Campo cree que en Sevilla, al igual que las hermandades de penitencia, Sevilla y Betis son “pilares identitarios, fundamentales para miles de personas”. Además, destaca cómo el fútbol y las cofradías son vehículos de transmisión de ideales entre generaciones, de sentimiento de pertenencia y de construir tu propia personalidad. “No hay nadie que pueda vivir al margen del fútbol y de la Semana Santa, aunque seas ateo y no te guste el fútbol”.