Tres corralones resisten en Sevilla mientras la constructora de Castellar echa el ojo a la Fábrica de Sombreros
El casco histórico de Sevilla muta bajo la mirada de los paseantes bajo la influencia de la afluencia turística y la gentrificación de los barrios, como ha sucedido con los corralones. El vestigio del pasado industrial de la ciudad, refugio y lugar de trabajo para decenas de artesanos que preservan el oficio siglos después, es una sombra de lo que fue. De los cinco identificados en la calle Castellar 48, 50 y 52, también, Pelícano 4, Pasaje Mallol 8 y 11, y Bustos Tavera 26, solo quedan en activo tres, habiendo en Castellar un proyecto para construir un hotel y varias viviendas. Pero Arenas La Bellida S.L. planea nuevas incursiones en el centro, muy cerca: en la Fábrica de Sombreros.
Así se desprende del Plan de Reforma Interior que ha presentado la empresa a la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla, tal y como ha podido consultar esta cabecera. En uno de los apartados del documento se especifica que el Plan General de Ordenación Urnaba (PGOU) de 2006 delimitaba hasta 6 ARIs dentro del Distrito Casco Antiguo. El más cercano a Castellar es el ARI-DC 04 Fábrica de Sombreros, en el que “tampoco se ha desarrollado” las actuaciones de reforma interior contempladas en la planificación, “pero que desde aquí podemos avanzar que también va a ser impulsado contemporáneamente por este por el mismo promotor”. Por tanto, se deduce que la propuesta se realizará más pronto que tarde para sacar rendimiento económico a la zona.
A continuación, el documento expone que el desarrollo del área Castellar-Dueñas en las condiciones actuales “es claramente disfuncional y antieconómico”. El PGOU contempló en las fichas que el desarrollo del ARIs de la zona (actuaciones de reforma interior) fuera “preferentemente público”, pero denominan la operación como inviable según las exigencias del artículo 105 de la Ley 7/2002 de Ordenación Urbanística de Andalucía, “circunstancia sobradamente acreditada por el simple transcurso del tiempo”.
“Van a desarrollarse contemporáneamente”
Es decir, tras 20 años no se ha operado ningún cambio en las fincas, pese a que los dueños expresaran en el pasado su deseo de rehabilitar el espacio y que, de otra parte, se intentara llegar a un acuerdo con la Junta y el Consistorio para que pasara a manos públicas.
A ese intento frustrado le siguió la degradación y expulsión de los artesanos que trabajaban en su interior, sufriendo hoy presiones y daños por parte de la propiedad que representa Garajes Santa Inés S.A., que los acusa de ocupación. Unos dueños a los que ya se suma la empresa Arenas de la Bellida S.L., que posee el 66% del inmueble y ha ofrecido 12 millones de euros por la totalidad, siempre y cuando el plan urbanístico sea viable para construir un hotel de cuatro estrellas de 90 habitaciones y otras 29 viviendas libres, para lo que necesita la aprobación en pleno municipal.
El Plan de Reforma Interior presentado por la compañía onubense procede a “establecer nuevas condiciones de aprovechamiento que habiliten el efectivo desarrollo urbanístico, jurídico y físico del ámbito de manera autónoma, pero considerando además la relación de complementariedad que Castellar-Dueñas tiene con el aledaño Fábrica de Sombreros, pues como sabemos van a desarrollarse contemporáneamente”. Dando por sentado, así, la operación.
Ante el malestar vecinal y la amenaza de derribo del colegio concertado Calderón de la Barca, la solución de los grupos políticos municipales del Ayuntamiento de Sevilla pasa por pasar las parcelas a manos de la administración pública. En respuesta a la oposición, el pasado jueves el gobierno de José Luis Sanz admitió que se podría plantear una expropiación con tal de garantizar la viabilidad del centro educativo y en pos de la convivencia vecinal. A preguntas de este medio sobre la Fábrica de Sombreros, las fuentes municipales se han remitido al comunicado.
El Calderón: “Una suerte de ejercicio de concentración educativa”
En el documento que aborda la remodelación de Castellar se plantea la paulatina pérdida de alumnado en el colegio Calderón de la Barca, ya que, como justifican, el número de matriculaciones ha descendido hasta las 236 en el curso 2023/2024. A la Gerencia de Urbanismo le explican que “el centro ha pasado de tener listas de espera hace una década a ver cómo se quedan cada vez más plazas vacantes en Infantil, aventurando una paulatina reducción en su oferta por falta de alumnos”.
A tenor de lo comentado, la memoria del Plan de Reforma Interior insiste en que “a la vista de esta tendencia, sería plausible que la propia Consejería se adelantase para plantear una suerte de ejercicio de concentración educativa para finales de esta misma década, reorganizando líneas entre toda la comunidad educativ concernida por este escenario. En este caso, la reorganización conllevaría el traslado de algunas líneas a otros centros, situación que ya es innata en el Calderón para sus alumnos de Bachillerato, quienes deben trasladarse al IES Velázquez o el IES San Isidoro”, sugiriendo su desaparición. Pero, más allá de los números 48, 50 y 52, ¿qué ocurre con el resto de corralones que hay en el casco de Sevilla?
Pasaje Mallol 8 y 11
Manuel Fernández, coordinador del Distrito Centro en Izquierda Unida, muestra los restos de un patrimonio industrial que data de los siglos XIX y XX, tal y como reseñan varias publicaciones científicas que dan cuenta del origen obrero de estas barriadas que hoy en día, por su ubicación y la expansión del turismo, son carne de especulación. El grupo municipal Podemos - Izquierda Unida registró el pasado 1 de junio una propuesta a debatir en la Junta municipal del Distrito Casco Antiguo para que se tomaran medidas relativas a los corralones de la calle Castellar, al igual que adelantó el PSOE que realizaría un seguimiento en las próximas semanas para abordarlo en el pleno municipal.
Los corralones registrados en Sevilla son los de calle Castellar 48, 50 y 52, también, Pelícano 4, así como Pasaje Mallol 8 y 11, y Bustos Tavera 26. La primera parada en el camino es el Pasaje Mallol número 11, cuya fachada blanca no recoge en ninguna planca o seña que fuera patrimonio industrial. La web de La Cooperativa de Arquitectos muestra el diseño del proyecto de rehabilitación y ampliación del edificio plurifamiliar: 10 viviendas-taller, nueve viviendas y 49 garajes que comprenden los números 11, 13 y 15.
No obstante, los vecinos consultados por la zona comentan que en el interior no se produce ninguna actividad y, en todo caso, hacen referencia a los corrales próximos, del número 11. “En su momento se vendieron por 400.000 euros”, comenta una lugareña. En vista de la transformación de la edificación, el movimiento activista denunció durante la remodelación el alto coste de estas propiedades que va contra el espíritu primigenio de los corralones: alquileres de bajo coste, comunitarios, que permitan la actividad artesanal.
Además, en este tramo también se preveía que los restos de una vivienda tardoislámica del siglo XI pudieran contemplarse a través de una cristalera en el sótano de la propiedad y, pese a que las obras estaban proyectadas para acabar en 2021, no hay señalización que permita apreciar este hallazgo. En frente, se encuentra Pasaje Mallol 8, cuyas puertas aún se mantienen abiertas y deja a los paseantes contemplar el interior de la actividad a pequeña escala. Es la única referencia que toman los artesanos de su vecino más próximo, el corralón de Pelícano número 4.
El corralón de Pelícano 4
Una placa da la bienvenida a las calles empedradas, llenas de árboles y coches aparcados a un lado y a otro. Colgado en la pared están los azulejos que datan de septiembre del año 2000, y reza: “Dios bendiga este patio de artesanos de plaza Pelícano nº 4 para que Dios les dé trabajo, salud y paz”.
En el taller hay una cabecilla que intenta encajar las piezas. La artesana cuenta su experiencia a este medio, aunque prefiere reservar su identidad. En el espacio rectangular conviven los ritmos dispares de los artistas, hay materiales desperdigados por las mesas de trabajo, lienzos de pintura, caballetes, tornos para limar los metales. Cientos de piezas que une desde hace más de una década. Confía en que la propiedad, que ha pasado a manos de los herederos, no ponga ningún obstáculo y permita que sigan con sus labores, ya que nadie ha comunicado ningún cambio en el uso de las infraestructuras. “Aquí somos cuatro artesanos y, en total, hay como 20 personas trabajando”.
El proyecto urbanístico que se planea sobre el corralón de la calle Castellar ha tenido otro efecto en la comunidad: la movilización. En redes sociales, a través de asambleas con los afectados, la cuestión es mover ficha antes de que haya una nueva desaparición y reactivar el tejido asociativo que se dio hace 20 años. En el barrio de San Julián crecen las posibilidades y la artesana cuenta el transcurso de los acontecimientos: “Hay iniciativas para revitalizar el barrio, como el mercado y la ruta artesana, porque reivindicamos los espacios del barrio. Esto no deja de ser un doble lastre: aparte de hacer tu trabajo diario tienes que estar ojo visor de lo que ocurra en los otros corralones”.
En busca de figuras de protección
En el año 2006 se intentó modificar el Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU) de Sevilla y que la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento asumieran la gestión pública de los corralones. Con la crisis económica de por medio, no llegó a fructificar ninguna medida que blindara el futuro de las parcelas. “Llegamos a ser 90 artesanos trabajando en la calle Castellar en aquel año y, al poco tiempo, empezaron a echar a la gente y subieron los alquileres, que pasaron de 180 a 500 o 600 euros”, menciona, “aparte, hubo quien aprovechó para montar bares ilegales, por lo que le dieron argumentos a la propiedad y supuso la expulsión de al menos la mitad de los que estaban allí”.
“Hay miedo”, lamenta. La única opción a la que ve posibilidades es retomar el curso de 2006 y la gestión pública del recinto. “El PGOU tiene 20 años y a saber si cambiar los usos del suelo... Se iría todo a tomar por culo”, pero nota el hastío o la desesperanza del colectivo social. Hace dos décadas se reunían en aras de conseguir mejoras conjuntas, pero los obstáculos se encadenan: a la presión urbanística se le añade la precarización del oficio y el aumento de las responsabilidades personales, ya sean familiares o el pago de la hipoteca o el alquiler. “Unir a todo el mundo es muy difícil, pero si ves el movidón en Castellar... No es solo allí, es todo. Hay que resistir”.
“El pasaje Mallol y Pelícano no tienen un peligro real, por ahora, pero queremos adelantarnos y declararlos Bien de Interés General y Etnológico”, consiguiendo así reforzar su protección. Un paso antes de que cualquier otro proyecto urbanístico haga temer por la pervivencia del enclave sociocultural.
Bustos Tavera, 26
La última estación de este recorrido se encuentra en Bustos Tavera, número 26. Habría que remontarse al 2007 para conocer qué pasó en este recodo hispalense. Una información del día 6 de noviembre de aquel año en el ABC Sevilla, y de otros blogs locales, relata el desalojo de los últimos artesanos después de que la propiedad resolviera los contratos de alquiler. En aquel entonces, la Plataforma de Artesanos del Casco Antiguo de Sevilla (PACA) denunció los hechos y alertaba sobre la especulación que presionaba la zona norte. Ya se pedía el amparo de la administración pública y la organización llegó a entrevistarse con la Consejería de Cultura para que se declarara el inmueble como Bien de Interés Cultural. Una iniciativa ahora rescatada a contrarreloj.
El futuro de Busto Talavera ya estaba sentenciado, pero no fue hasta septiembre de 2024 cuando las obras hicieron aparición y alertaron a la oposición. Fernández, representante del grupo municipal Con Podemos - Izquierda Unida, registró una pregunta a la Junta Municipal del Distrito Casco Antiguo, que asegura que sigue sin responderse. En ella, cuestionaba la demolición “completa” del edificio “sin respetar el deber de conservación de los elementos de la fachada y la primera crujía de la finca”. Al asomarse a las obras, apenas quedan restos de la infraestructura original.
La promotora Puntal de Dueñas ha desarrollado ya el 50% de las obras que supondrán la construcción de 12 viviendas y 10 viviendas-taller, describe en la página web y dossier adjunto, en el que no hay imágenes de los espacios dedicados a oficios, como ocurría en Pasaje Mallol número 8. La propuesta va encaminada a convertirse en un lujoso edificio residencial con “loft de alta gama” que contará con pisos, patios interiores y piscina en su azotea en el marco de un diseño “minimalista contemporáneo e industrial”. El único vestigio que quedará de los corralones industriales en el recinto será esa descripción.