Un neurólogo explica cómo el ejercicio físico puede influir en el Alzheimer: “Tiene un efecto biológico claro”

La investigación muestra el beneficio de caminar 5.000 pasos al día.

Paloma Martínez Varela

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La enfermedad de Alzheimer comienza a gestarse en el cerebro bastante antes de que aparezca el primer olvido y un estudio de largo aliento publicado en la revista Nature concluye que la actividad física puede influir en su avance antes del desarrollo de síntomas. La actividad física no solo es buena en términos generales, sino que tiene un efecto específico capaz de frenar la progresión de la patología en sus etapas más tempranas, según los investigadores. 

“Es un trabajo potente porque está hecho sobre una cohorte de personas que está muy bien estudiada, son 300 personas analizadas con pruebas neuropsicológicas durante más de diez años”, afirma el neurólogo y doctor en medicina Pablo Martínez-Lage. “La limitación sería que es un estudio puramente observacional”, aclara. El siguiente paso sería la realización de ensayos de intervención clínica para establecer una causalidad definitiva. 

Cómo funciona el Alzheimer

Para entender el resultado de la investigación es necesario comprender la secuencia del Alzheimer. “Uno de los primeros fenómenos que se produce es que en el cerebro se forman unos depósitos anómalos de una proteína que se llama beta-amiloide, que ejerce un efecto tóxico que se traduce en una serie de cambios bioquímicos que conducen a la aparición de depósitos de la llamada proteína tau y el desarrollo de la patología”, resume de forma breve el neurólogo. 

Es precisamente en este último paso del proceso donde interviene el ejercicio físico del que habla la investigación, porque no parece tener ningún efecto sobre la acumulación de amiloide, pero sí ralentiza significativamente la acumulación de tau en personas que ya presentan depósitos de beta-amiloide.

“La aparición de proteína tau es la que acompaña a la pérdida de neuronas, a la pérdida de conexiones entre neuronas, y es la que se asocia a la aparición de síntomas cognitivos de la enfermedad”, explica Martínez-Lage. Así, reducir su acumulación a través de ejercicio físico significa reducir la posibilidad de un deterioro neuronal.

Cuidar la salud cerebral con 5.000 pasos al día

Frente a los populares 10.000 pasos recomendados en múltiples aplicaciones y establecidos como mínimo diario en la cultura popular, la evidencia científica habla en este caso de un objetivo más asequible. “El trabajo muestra que a partir de 5.000 pasos se ve un efecto”, destaca el doctor y en la investigación esa protección sobre la cognición alcanza hasta los 7.500 pasos. En este caso no es estrictamente necesario acudir al gimnasio o utilizar máquinas complejas, basta con caminar de forma constante y cotidiana.

Sin embargo, el especialista también apela a la cautela sobre el alcance de estas medidas: “Estamos hablando de situaciones de riesgo y de promoción de factores protectores; creemos que va a ayudar a prevenir algunos casos de alzhéimer, evidentemente no todos”.

Es decir, ni todos los que caminan están exentos del desarrollo de la enfermedad, ni quienes no lo hacen la desarrollarán, pero “cuidarse no es que sea bueno, es que tiene un efecto biológico claro sobre los procesos que conducen a la enfermedad”, subraya Martínez-Lage.

“Cuidar la salud cerebral puede ayudar a prevenir el Alzhéimer”, asegura el neurólogo, que aclara que el estilo de vida es una pieza clave dentro de un enfoque de salud integral que debe incluir el control de la tensión arterial, el colesterol, la dieta, el tabaquismo y la actividad cognitiva constante, que va desde la lectura o los pasatiempos a la socialización. 

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