Claves del trasplante que evita el rechazo inmunológico: así serán los órganos del futuro
Una nueva técnica de trasplantes, liderada por médicos del Hospital Universitario de La Paz, evita el rechazo y le ahorra al paciente la medicación inmunosupresora y los retransplantes. El trabajo, que se ha presentado esta semana en una revista científica y ha adelantado elDiario.es, puede ser el primer paso hacia un tipo de trasplante que mejore la calidad de vida de los pacientes, además de garantizar su supervivencia. Estas son las claves:
¿En qué consiste el nuevo tipo de trasplante?
Se trata de un “injerto doble”. Además del órgano, el receptor recibe un “cóctel de células” de su médula (donante cadáver) o de su sangre (donante vivo) que se infunden al paciente en las semanas posteriores y enseñan a su sistema inmune a reconocer ese riñón, hígado o intestino como propios.
¿Qué ventajas tiene para los pacientes?
Aunque los trasplantes son un éxito en España, el hecho de que los pacientes reciban inmunosupresión de por vida les expone a un mayor riesgo de desarrollar determinados tipos de tumores y otros efectos secundarios. Además, a día de hoy todos los órganos tienen una durabilidad limitada y muchos pacientes (sobre todo los niños) necesitan segundos y terceros trasplantes. Esta técnica evitaría o reduciría mucho la medicación y evitaría el rechazo, generando “trasplantes de por vida”.
Según la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), la nueva técnica “podría cambiar radicalmente la vida de los pacientes trasplantados” y permitiría que hubiera más órganos disponibles. Si eliminamos la necesidad de retrasplantes continuados en los pacientes más jóvenes, explican los especialistas, se liberarían entre un 20 y un 50% de las listas de espera de retrasplante, con un gran impacto para el sistema.
¿En qué estado está la investigación?
El equipo acaba de presentar en una revista científica los resultados de los dos primeros pacientes, Yassine y Nora, tras seis años sin efectos adversos. También está en marcha un ensayo clínico de Fase I con diez pacientes para evaluar la viabilidad y seguridad de este procedimiento. El ensayo clínico tiene dos partes —una de donante vivo y otra de donante cadáver— y persigue es afinar la técnica. En un segundo estudio en fase 2 el objetivo será la retirada de la inmunosupresión tras confirmar la desaparición de los linfocitos T encargados del rechazo.
Al mismo tiempo, los médicos trabajan en simplificar la logística del trasplante con ayuda de la ONT: enseñar a otros equipos a hacerlo y establecer unos protocolos claros y seguros para que sea repetible y extensible. “Estamos trabajando para profesionalizar y formar a más personal técnico en el país para que este procedimiento tan bonito, estratégico y fisiológico se convierta en una rutina clínica sencilla en el futuro”, resume el doctor Pérez Martínez.
¿Cómo se pondría en la práctica?
Al protocolo habitual de extracción de órganos, coordinado por la ONT, se sumaría un equipo de hematólogos que extraen 100 mililitros de médula ósea de los cuerpos vertebrales del donante. Mientras se realiza el trasplante de órgano, el equipo hematológico realiza la llamada “cirugía celular”: separa y congela las células específicas que inducen la tolerancia inmunológica. Cuando el paciente se recupera de la cirugía del trasplante, recibe la infusión de este cóctel celular para proteger el nuevo órgano.
¿Es una idea totalmente nueva?
Todo parte de un viejo sueño de la inmunología, que empezó en la década de 1950, cuando los científicos Ray Owen y Peter Medawar descubrieron un fenómeno natural fascinante: cuando dos terneros gemelos genéticamente distintos compartían la placenta en el vientre materno, intercambiaban células madre sanguíneas (progenitores hematopoyéticos) a través de la sangre compartida. Al desarrollarse juntos desde la etapa fetal, el sistema inmunitario de cada ternero aprendía a reconocer las células de su hermano como propias, lo que les permitía de adultos aceptar injertos de piel —uno de los tejidos que más severamente se rechazan— sin activar sus defensas.
Este hallazgo demostró que la convivencia prolongada de células de dos organismos diferentes induce tolerancia inmunológica de forma natural, conocida como quimerismo. A partir de los años 90, investigadoras pioneras como Megan Sykes recuperaron este viejo sueño de la medicina y trataron de aplicar este principio a trasplantes de médula, riñón e intestino. Este es un campo todavía por desarrollar, pero el equipo de La Paz ha extendido el quimerismo a muchos más órganos, con una técnica propia y más amable para los pacientes. Y ha conseguido la supervivencia de un paciente cuyos órganos eran totalmente imcompatibles.
¿Cómo serán los trasplantes del futuro?
El futuro será una combinación de este cóctel celular (u otros que vayamos probando) con fármacos, según los investigadores. La farmacología no va a desaparecer del todo, al menos en el periodo inicial de un par de años, pero se irá limitando hasta su eliminación. Según los especialistas, en el futuro casi todos los trasplantes utilizarán algún tipo de terapia celular para evitar el rechazo y que el órgano dure mucho más tiempo.