De 11 y 14 metros de altura, estos dos faros “hermanos” están separados por 300 metros y en medio vivía el farero

En la costa de Oleiros, concretamente en Mera, uno puede descubrir una peculiaridad del mundo de los faros españoles. Y es que en esta tranquila localidad situada en el Golfo Ártabro perviven dos estructuras emblemáticas que han servido de guía durante más de un siglo, centinelas que conocidos popularmente como los faros de Mera, presiden un entorno privilegiado frente a la ría coruñesa. Su presencia es mucho más que un adorno paisajístico, pues constituyen un sistema vital para la navegación en estas aguas bravas del Atlántico. Desde su ubicación, se domina una panorámica que abarca desde la Torre de Hércules hasta el puerto de la ciudad de cristal. Es en este rincón gallego donde el Monumento Natural de la Costa de Dexo-Serantes despliega toda su fuerza y esplendor geológico.

Los protagonistas de este escenario son dos torres de enfilación, a menudo llamadas faros “hermanos” por su diseño y su cercanía geográfica. El primero de ellos, conocido como el Faro Pequeño, se encuentra a unos escasos 56 metros sobre el nivel del mar. Esta estructura de hormigón posee una altura de 11 metros y destaca por su remate superior en un elegante enrejado de piedra. Su pareja, el Faro Grande, se sitúa en una zona algo más elevada, alcanzando los 81 metros de altitud. Con 14 metros de altura, esta segunda torre presenta una silueta algo más estilizada que su compañera cercana al borde del acantilado. Juntas forman una alineación perfecta que permite a los marinos orientarse con precisión absoluta antes de entrar al puerto.

La separación entre estos dos vigías blancos es de aproximadamente 300 metros, un espacio cargado de memorias de la vida junto al mar. Además, justo en el punto medio de ambas construcciones se halla lo que antiguamente fue la vivienda residencial del farero de la zona. Hoy en día, este edificio ha sido rehabilitado y transformado en el Aula do Mar, funcionando como un centro de visitantes especializado. Este espacio museístico permite a los curiosos descubrir los secretos de los ecosistemas costeros y el funcionamiento de las señales lumínicas. Los paneles explicativos en su interior narran la historia de los primeros pobladores y su estrecha relación con la pesca y la agricultura.

La casa es una parada obligatoria para quienes desean comprender la importancia ecológica y cultural de este tramo litoral tan protegido, de ahí que siga atrayendo a miles de senderistas. Aunque se les llame faros, su función técnica es la de torres de enfilación destinadas a marcar el canal seguro de entrada a la ría. El Faro Pequeño emite una luz roja constante, mientras que el Faro Grande proyecta una señal blanca visible a varias millas náuticas. Cuando los barcos llegan a la zona de Punta Herminia, deben buscar la verticalidad perfecta entre ambas luces para navegar de forma segura. Este sistema visual ayuda a evitar los peligrosos bajos y escollos que se esconden bajo la superficie de las aguas del Ártabro.

Con un alcance de unas ocho millas, estas señales garantizan que el acceso al puerto coruñés sea una maniobra exenta de riesgos. El trabajo coordinado de estas dos luces ha evitado innumerables naufragios en una zona conocida por su gran peligrosidad. La historia de estas estructuras se remonta a principios del siglo XX, concretamente al año 1917, cuando brillaron por primera vez. En sus inicios, utilizaban lámparas de incandescencia para vapor de gasolina antes de la llegada de las tecnologías modernas de iluminación. No fue hasta 1932 cuando ambas torres fueron finalmente dotadas de suministro eléctrico para mejorar su operatividad. Ambas poseen una planta octogonal y están pintadas de un blanco inmaculado que las hace fácilmente reconocibles desde la distancia marina.

Cuentan con terrazas superiores adornadas con balaustradas de celosía que les confieren una estética inconfundible y muy fotografiada por turistas. Su longevidad las convierte en piezas clave del patrimonio industrial y arquitectónico de la provincia de A Coruña. El entorno que rodea a estos dos centinelas es tan impresionante como las estructuras mismas, formando parte de una reserva de gran valor. Nos encontramos en el Monumento Natural Costa de Dexo-Serantes, un espacio que destaca por sus abruptos acantilados de roca oscura y vetas claras. Estas vetas de cuarzo blanco, conocidas localmente como Seixo Branco, sirven como una referencia visual natural de gran utilidad para los marineros.

La zona cuenta con una rica biodiversidad de flora y fauna propias de los climas atlánticos, protegida bajo la Red Natura 2000. Pasear por sus senderos permite descubrir furnas o cuevas marinas formadas por la erosión constante de las olas contra el litoral. Es un paisaje donde la geología cuenta historias de millones de años ante la mirada atenta de los dos faros hermanos. La protección de este paraje asegura que las generaciones futuras puedan disfrutar de este contacto directo con la naturaleza virgen.

Baterías y búnkeres

Desde la atalaya natural donde se ubican las torres, las vistas son simplemente espectaculares, abarcando varias de las rías más famosas de Galicia. Se pueden divisar con claridad las rías de Ares, Betanzos y Ferrol, ofreciendo una perspectiva única del golfo en los días más despejados. Este emplazamiento estratégico no pasó desapercibido en el pasado, como demuestran los restos de antiguas baterías militares que aún se conservan. Estas fortificaciones servían para defender la ciudad de A Coruña de posibles ataques navales extranjeros, especialmente durante siglos de conflictos.

Cerca de los acantilados todavía se pueden encontrar búnkeres y edificios abovedados que atestiguan el uso defensivo de esta costa privilegiada. Hoy, estas ruinas militares se integran en el paisaje, añadiendo un matiz histórico a las rutas de senderismo que recorren la zona. La combinación de historia bélica y belleza natural crea una atmósfera melancólica única en toda la comunidad autónoma. Visitar este rincón de Oleiros es sumergirse en una experiencia que combina naturaleza, historia y una gastronomía local de primerísima calidad. Tras contemplar los faros, el viajero puede acercarse a lugares como el Portiño de Dexo o degustar los famosos mejillones en Lorbé. La silueta de la pequeña isla de A Marola completa el horizonte, recordándonos los refranes populares sobre la bravura del mar circundante. Es, sin duda, uno de los mejores puntos de la provincia coruñesa para disfrutar de atardeceres mientras el sol se oculta tras la ciudad.