Colón no derribó el mito de la Tierra plana porque muchos ya conocían la realidad
A ras de suelo, la curvatura terrestre se reparte a lo largo de miles de kilómetros y el horizonte parece una línea plana ante los ojos. Creer hoy que la Tierra es plana significa imaginar un disco con una superficie extendida, en vez de un planeta esférico cuyo suelo se curva en todas direcciones. Esa creencia obliga a rechazar explicaciones básicas sobre los husos horarios, los eclipses y la navegación. También exige atribuir las fotografías del planeta y las mediciones astronómicas a un engaño organizado por poderes que mandan en la sombra.
La falta de información de otros siglos podía favorecer errores, pero la credulidad no crecía de manera automática al retroceder en el tiempo. Muchas sociedades antiguas y medievales conocían la esfericidad terrestre mediante argumentos que podían comprobar con sombras, estrellas y barcos.
Un escritor del siglo XIX difundió el falso pasado medieval
ZME Science recuerda que la creencia en una Edad Media convencida de una Tierra plana nació mucho después del periodo medieval. Washington Irving ayudó a difundirla en 1828 con The Life and Voyages of Christopher Columbus, una biografía novelada que presentó al navegante frente a religiosos aferrados a un mundo plano.
John William Draper y Andrew Dickson White aprovecharon después esa versión para alimentar una pugna entre ciencia y religión. El historiador Jeffrey Burton Russell situó la expansión del relato entre 1870 y 1920: “Nadie antes de la década de 1830 creía que la gente medieval pensara que la Tierra era plana”.
Los argumentos a favor de la esfericidad venían de mucho antes. Aristóteles observó en el siglo IV a. C. que la Tierra proyectaba una sombra redonda durante los eclipses lunares y que los barcos desaparecían por el casco al alejarse.
Hacia 240 a. C., Eratóstenes comparó las sombras del solsticio en Siena y Alejandría. El ángulo de 7,2 grados equivalía a una quincuagésima parte del círculo, por lo que multiplicó la distancia entre ambas ciudades por 50 y obtuvo unos 250.000 estadios. Según la equivalencia usada, el cálculo ronda entre 39.000 y 40.000 kilómetros, muy cerca de las mediciones actuales.
Un mapa medieval alimentó una interpretación equivocada
La Hereford Mappa Mundi, elaborada hacia 1300, ayudó a que la interpretación equivocada pareciera creíble porque representaba el mundo conocido dentro de un círculo. El manuscrito colocaba Jerusalén cerca del centro e incorporaba relatos bíblicos, criaturas míticas y ciudades. Su finalidad era religiosa y enciclopédica, lejos de servir como carta de navegación o demostración geográfica. El dibujo expresaba una visión teológica del mundo conocido, mientras el modelo de Ptolomeo situaba una Tierra esférica e inmóvil en el centro del universo.
Las excepciones permiten precisar hasta dónde llegó la creencia en una superficie plana. Lactancio, escritor cristiano de la Antigüedad tardía, ridiculizó la posibilidad de habitantes al otro lado de una esfera. Cosmas Indicopleustes, monje y comerciante del siglo VI, defendió una cosmología plana en su Topografía cristiana.
Los historiadores consideran esas posturas minoritarias frente al saber de las personas instruidas, y la obra de Cosmas tuvo poca difusión en el Occidente latino. Sobre la mayoría analfabeta apenas quedan testimonios escritos, de manera que cualquier afirmación total sobre sus creencias rebasa lo que permiten las fuentes.
Los reparos al viaje de Colón se apoyaban en el tamaño del planeta, ya que muchos estudiosos calculaban que Asia quedaba mucho más lejos de lo que él afirmaba. Colón redujo la circunferencia terrestre y exageró la extensión oriental de Asia. Si América no hubiera interrumpido la ruta, la expedición podía haberse quedado sin agua ni comida antes de alcanzar su destino. El desacuerdo trataba de medidas y capacidad náutica, mientras la versión posterior lo convirtió en una pelea contra un borde imaginario.
Las escuelas medievales mantuvieron el conocimiento heredado
El saber antiguo pasó a los reinos medievales tras la caída del gobierno romano y también fue conservado, traducido y ampliado por estudiosos islámicos. Beda el Venerable escribió hacia 723 una explicación ligada a la duración desigual de los días: “Es una esfera situada en medio de todo el universo”. Johannes de Sacrobosco convirtió la esfericidad en una enseñanza universitaria con De sphaera mundi, redactado hacia 1230 y copiado durante siglos.
Tomás de Aquino, Alberto Magno y Roger Bacon aceptaron asimismo una Tierra esférica dentro de un cosmos geocéntrico. Dante Alighieri construyó un pasaje de la Divina comedia en el que él y Virgilio atravesaban el centro del planeta, notaban el cambio de la gravedad y salían hacia el hemisferio opuesto.
La idea de que en la Edad Media todo el mundo creía que la Tierra era plana hace que muchas veces se presente el pasado como una época de ignorancia y el presente como un tiempo mucho más informado. Sin embargo, esa comparación pierde fuerza al comprobar que, pese a los satélites, las mediciones y las imágenes tomadas desde el espacio, todavía hay personas que defienden que la Tierra es plana.
Esto muestra que creer o no una información no depende solo de la cantidad de datos disponibles, sino también de la disposición a aceptar pruebas, revisar las propias creencias y diferenciar una historia llamativa de una explicación basada en evidencias.