Construido en el siglo X, desde lo alto de este castillo granadino puedes llegar a ver tanto Sierra Nevada como África
Erigido sobre un peñón rocoso que domina la costa de Granada, el Castillo de Salobreña ofrece hoy por hoy a todo aquel que lo visite una estructura que refleja diversas etapas. Su existencia se conoce desde el lejano siglo X y, desde lo más alto de sus torres, el visitante es recompensado con una panorámica sin igual que abarca desde las cumbres de Sierra Nevada hasta las lejanas costas africanas. Esta fortaleza es el resultado histórico del aporte de culturas musulmana y cristiana sobre bases romanas y púnicas.
La fisonomía de este monumento ha cambiado drásticamente con los siglos, pues originalmente se ubicaba sobre una península rodeada casi por agua. Con el paso de los años, los aluviones aportados por el río Guadalfeo crearon una llanura litoral que hoy separa al castillo del mar unos 500 metros. Esta vega, famosa por sus cultivos de caña de azúcar, sustituyó al antiguo entorno marino, restando eficacia defensiva a sus cañones. A pesar de este cambio geográfico, su elevación de 73 metros sobre el nivel del mar sigue garantizando un control absoluto del territorio.
Durante el sultanato nazarí, entre los siglos XIII y XV, el recinto alcanzó su mayor relevancia política al servir como palacio de recreo real. No obstante, su historia también está teñida de sombras al haber sido una prestigiosa prisión para miembros de la dinastía que cayeron en desgracia. Personajes como Yusuf III pasaron largos periodos de cautiverio aquí, alimentando leyendas como la partida de ajedrez que le salvó la vida. También se recuerda el fallecimiento de Muley Hacén en la alcazaba en el año 1485, acompañado por su esposa Zoraya.
La arquitectura del castillo se divide en tres recintos principales que muestran técnicas constructivas como el tapial real y la mampostería. En el núcleo más interno, el alcázar nazarí conserva vestigios de una zona palatina y unos baños árabes que se inspiraron en los romanos. Estas estancias disponían de un sistema de suelo radiante llamado hipocausto y estaban decoradas con solerías y azulejos vidriados de gran calidad. Las excavaciones recientes han permitido identificar la torre-qubba que presidía la residencia principal, siguiendo modelos similares a la Alhambra.
Tras la toma de la villa por los Reyes Católicos en 1489, la fortaleza inició una profunda transformación militar. Bajo la dirección del ingeniero Ramiro López, se construyó una potente barrera de artillería orientada hacia la ciudad para modernizar las defensas. Se añadieron baluartes, barbacanas con troneras para los nuevos cañones y murallas de gran espesor capaces de resistir ataques de artillería enemiga. Estos refuerzos permitieron al castillo mantener su utilidad estratégica frente a la amenaza de los piratas norteafricanos durante la Edad Moderna.
Declive y reparación
El declive definitivo del castillo llegó a finales del siglo XVIII, cuando el alejamiento de la línea de costa lo hizo inútil para la defensa marina. Al desaparecer el peligro de invasiones magrebíes y el acoso de la piratería, el edificio perdió su funcionalidad y fue abandonado paulatinamente. Sus muros sufrieron daños durante la invasión francesa al ser utilizado como acuartelamiento de las tropas, lo que aceleró su degradación física. La paz que se extendió por la rica vega granadina significó, paradójicamente, la condena a la ruina de este imponente bastión defensivo durante décadas.
La recuperación del monumento comenzó en el siglo XX gracias a leyes de protección y proyectos de restauración dirigidos por Francisco Prieto-Moreno. Se consolidaron murallas, se reconstruyeron fachadas de torres y se realizaron excavaciones arqueológicas para desenterrar su glorioso pasado medieval. Actualmente, el castillo se divide en sectores donde se han hallado aljibes andalusíes y estructuras del siglo XVI antes ocultas por escombros. Incluso en los años ochenta, el recinto fue hogar de un popular león llamado Jimmy, reflejando el variopinto uso cultural y social que ha tenido la zona.
Hoy en día, el Castillo de Salobreña es uno de los monumentos más visitados de la Costa Tropical y ofrece experiencias únicas como la Hora Dorada. Este programa permite realizar visitas guiadas al atardecer acompañadas de catas de vinos granadinos y gastronomía local en un entorno mágico. Se recomienda acceder a pie por las empinadas y blancas calles del casco antiguo, ya que el aparcamiento es limitado en la parte alta del peñón. La entrada general tiene un coste reducido pero existe la posibilidad de visitarlo de forma gratuita todos los lunes por la tarde.