Declarada Bien de Interés Cultural, esta histórica y misteriosa fuente palentina se vacía y se llena sola
En el municipio de Velilla del Río Carrión se oculta un enigma que ha desafiado a la lógica durante milenios. Se trata de la Fuente de la Reana, conocida históricamente como las Fuentes Tamáricas, un manantial que posee la asombrosa capacidad de llenarse y vaciarse de forma intermitente y caprichosa. Este fenómeno ocurre sin previo aviso y sin seguir un patrón estacional claro, dejando el estanque completamente seco o rebosante de agua en cuestión de instantes. Los habitantes de la localidad han convivido con este capricho de la naturaleza que convierte al recinto en un punto de interés turístico y científico fundamental en la región.
La quietud del parque que la rodea contrasta con la agitación que genera su comportamiento errático, que sigue asombrando a todo aquel que se acerca a sus orillas. Es una joya que une el pasado remoto con el presente más curioso de la localidad palentina. La historia de este manantial se remonta a más de dos mil años, cuando los pueblos cántabros ya veneraban estas aguas en la antigua región Tamárica. Fue el ilustre naturalista y militar romano Plinio el Viejo quien, en el siglo I, dejó constancia escrita de este lugar en su obra enciclopédica Historia Natural. En sus textos, Plinio describió tres fuentes que se unían en un solo lecho, destacando que podían permanecer secas durante periodos de 12 a 20 días sin explicación.
Durante siglos, estas crónicas sirvieron de guía para diversos investigadores que buscaron incansablemente la ubicación exacta del manantial por toda la geografía del norte de España. No fue hasta el año 1768 cuando el historiador Enrique Flórez logró situarlas definitivamente en su localización actual en Velilla. Su hallazgo permitió rescatar del olvido un enclave sagrado que hoy es orgullo de toda la provincia de Palencia.
Más allá de su valor geológico, la fuente arrastra una leyenda negra que ha alimentado el misticismo del lugar desde la época del Imperio Romano. Según los escritos de Plinio, encontrarse la fuente seca en la primera visita es un presagio de muerte inminente para el viajero incauto. Para documentar esta superstición, el autor relató el destino de su amigo Larcio Licinio, quien visitó el lugar con curiosidad y halló el lecho sin agua. La maldición se cumplió apenas siete días después, cuando Licinio falleció de forma repentina tras haber ignorado las advertencias locales. Hoy en día, una losa a la entrada del conjunto recuerda a los visitantes esta inquietante tradición que dota al sitio de un aura sobrenatural.
La estructura física del monumento es un estanque rectangular de sillería que mide aproximadamente 21 metros de largo por 3 de ancho. Sobre este estanque se asientan tres arcos de piedra, de los cuales solo uno es el original de la época romana, construido sin argamasa. Los otros dos arcos son reconstrucciones que buscan recuperar la imagen que el conjunto debió tener en su máximo esplendor. En la cabecera de la fuente se conserva un ara romana dedicada posiblemente a la ninfa protectora de las aguas sagradas. De su inscripción original apenas se distingue una letra ese, testimonio mudo de los rituales que se celebraban en este enclave hace milenios.
La sobriedad de las piedras unidas sin cemento habla de la gran maestría técnica de sus antiguos constructores romanos. El reconocimiento oficial de la importancia de la Reana llegó en 1961, cuando fue declarada Monumento Histórico provincial por el Ministerio de Educación Nacional. Años más tarde, en 2002, la Junta de Castilla y León elevó su estatus al declararla Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento. Estos títulos subrayan el valor no solo arqueológico, sino también social y cultural de un espacio que ha sido centro de reunión durante generaciones. Las excavaciones realizadas por Antonio García y Bellido en los años sesenta ayudaron a consolidar el conocimiento sobre su origen y estructura.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos institucionales, la procedencia exacta de sus aguas sigue siendo un tema de debate constante. Desde un punto de vista científico, la Reana se clasifica como una fuente de tipo bauclusiano, característica común en terrenos de naturaleza kárstica y caliza. Se cree que el agua proviene de un depósito subterráneo situado a mayor altura, el cual funciona mediante un complejo sistema de sifones naturales. Cuando el depósito alcanza cierto nivel por lluvias o deshielo, el sifón se ceba y el agua surge con fuerza hacia el exterior.
Rumor antes del llenado
Uno de los detalles más impactantes para los testigos es el rumor subterráneo, descrito como un bronco rugir, que precede al llenado. Este sonido, similar al de un fuerte viento o huracán, cesa abruptamente en el momento exacto en que el líquido empieza a brotar. Es un espectáculo sonoro y visual que desafía cualquier explicación simple y lógica de la hidrología. La espiritualidad del lugar también evolucionó con el tiempo, pasando de los ritos paganos de los cántabros a la fe cristiana durante la Edad Media. Al amparo del manantial se construyó a finales del siglo XII o principios del XIII la ermita de San Juan de Fuentes Divinas. Esta edificación buscaba cristianizar el entorno y borrar la influencia de los antiguos cultos a las deidades del agua que se practicaban allí. En su interior se conserva una talla policromada de San Juan Bautista y un ara romana que demuestra la continuidad religiosa del espacio.
En la actualidad, el Parque de las Fuentes Tamáricas ofrece un entorno ideal donde la naturaleza y el patrimonio se funden en una experiencia inolvidable. Los visitantes pueden disfrutar de zonas verdes y juegos mientras esperan a que el misterioso manantial decida, una vez más, regalarles su presencia. El enigma de sus ciclos irregulares permanece intacto, ya que ningún estudio moderno ha logrado predecir con exactitud cuándo se vaciará o se llenará. Esta incertidumbre es precisamente lo que mantiene viva la llama de la curiosidad en los viajeros que llegan a Velilla del Río Carrión, que presencian una de las joyas más enigmáticas y espectaculares de toda la península.