Disfraces terroríficos, zapatos pegados al suelo y atracciones sin terminar: el caos de la apertura del primer Disneyland

Walt Disney ya había lanzado algunos de los largometrajes que acabaron convirtiéndose en clásicos como Bambi (1942), Blancanieves y los siete enanitos (1937) o La cenicienta (1950), pero el creador no dejaba de soñar. Se dice que fue mientras pasaba tiempo con sus hijas Sharon y Diane en el Griffith Park de Los Ángeles cuando se le ocurrió la idea. ¿Por qué no existían parques en los que padres e hijos, adultos y niños, pudieran pasarlo bien juntos?

Aquella pregunta fue la semilla que acabaría floreciendo y dando lugar a Disneyland Park, el primer parque temático de la franquicia que abrió sus puertas al mundo el 17 julio de 1955. Se trata de uno de los más especiales porque es el único que fue diseñado y construido bajo la supervisión del productor y cineasta estadounidense, aunque su apertura estuvo marcada por el caos.

Todo empezó días antes de que las puertas abrieran. El parque, que costó 17 millones de dólares en plenos años 50, fue construido en apenas 365 días, un tiempo récord que hizo que, los días previos a la gran inauguración, todavía quedaran muchas cosas por hacer. Sin embargo, Walt y los suyos decidieron seguir hacia adelante por la enorme expectación que se había generado.

El día de la inauguración

El 17 de julio, más de 70 millones de estadounidenses se prepararon delante del televisor para seguir en directo el evento. Disney había distribuido unas 15.000 invitaciones VIP a diferentes personas, entre las que había periodistas, políticos y estrellas de Hollywood, para que pudieran disfrutar del parque un día antes de su apertura oficial, que estaba programada para el día 18.

Nadie contaba con que se vendieran miles de entradas falsas y que el parque recibiera a alrededor de 30.000 personas en sus 34 hectáreas originales. Fue el primer gran fallo del parque, pero la cosa continuó. Al entrar en la famosa “Main Street”, la calle principal del parque que terminaba en el icónico castillo de princesas, muchas mujeres vieron cómo sus zapatos de tacón se quedaban atrapados en el suelo.

La respuesta estaba en el cemento, que se había vertido apenas un día antes de la inauguración por falta de previsión y que evidentemente no había tenido tiempo suficiente para secarse. A esto se sumaron los casi 38 grados que marcó el termómetro de Anaheim aquel día, las fuentes de agua potable repartidas por el parque, que no funcionaron correctamente, y el chasco por tres de las atracciones más esperadas.

El equipo de Disney había anunciado que Dumbo, Peter Pan Flight y The Rocket to the Moon estarían listas para el día de la inauguración, pero el público se encontró con el cartel de “en proceso” una vez llegó a las atracciones. Los niños que vivieron la inauguración seguro que recuerdan también la caracterización de los personajes animados de la franquicia, cuyos disfraces parecían sacados de una película de terror.

Nada de eso frenó el interés por el parque, que en su primer fin de semana recibió alrededor de 160.000 asistentes. El éxito fue tan grande que Disney decidió poner en pie otros parques temáticos dentro y fuera de Estados Unidos, lo que sirvió para que muchos olvidaron el caos de aquel verano de 1955.