La doble moral John Gage: de ejecutor de la disolución de los monasterios por Enrique VIII a ocultar un manuscrito católico

Enrique VIII de Inglaterra abrió un cisma en la Iglesia como pocos se recuerdan. En el siglo XVI, el monarca de la casa Tudor rompió con Roma por la negativa del papa Clemente VII a anular su matrimonio con Catalina de Aragón, hija de los reyes católicos, la que fuera su primera esposa y madre de María. El rey dio carpetazo al catolicismo, estableciéndose como jefe de la Iglesia anglicana, un movimiento que también caló en otros países europeos. 

Ese cambio supuso la retirada y destrucción de libros y manuscritos que se guardaban en antiguos monasterios católicos. Esa orden se ejecutó principalmente a través del proceso histórico conocido como la disolución de los monasterios. Una empresa que no hubiera sido posible sin la colaboración de Sir John Gage, al que se le considera como una figura clave. 

Gage ejecutó cuantas acciones fueron necesarias para la expansión del anglicismo. Sin embargo, una nueva investigación publicada en la revista Notes and Queries pone en cuestión la convicción de este colaborador de Enrique VIII, que habría protegido un valioso texto católico de la destrucción que el rey le había ordenado llevar a cabo. 

Propiedad de Gage

El espejo de la vida bendita de Jesucristo del monje Nicholas Love fue una de las obras religiosas y teológicas más importantes e influyentes de la Inglaterra medieval tardía. Como muchas otras, el destino de esta era su destrucción. Un libro considerado “un riesgo para la vida” durante la reforma inglesa. 

Ahora, una nueva investigación liderada por científicos de las Universidades de Sussex y Cambridge ha permitido reunir seis páginas del manuscrito, conservadas en Brighton (Reino Unido), con otra parte que se conserva a 3.500 millas de distancia, en la Universidad de Yale. Y resolvieron un enigma de catalogación que había desconcertado a los investigadores durante casi un siglo, dejando el fragmento “oculto a plena vista”. 

Examinando un manuscrito digitalizado conocido como Takamiya MS 20, que se conserva en la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale, encontraron el hueco donde debían estar las seis páginas, justo antes de un pasaje controvertido sobre la importancia de la confesión oral a un sacerdote, y compararon la caligrafía del escriba con el contenido del pasaje faltante para demostrar la conexión.

En la última página del manuscrito de Yale, entre una lista de nombres de posibles propietarios, incluidos los de dos mujeres religiosas, los investigadores encontraron la firma de John Gage. Una sorpresa por el papel que jugó durante la reforma y por la cercanía que tenía con el Tudor. Una doble moral, apuntan. 

“El hecho de que dos posibles propietarias antes de Gage fueran mujeres religiosas sugiere que el manuscrito pudo haber estado en un monasterio antes de llegar a sus manos. La disolución de los monasterios provocó la destrucción de muchos libros, pero otros fueron sustraídos y luego difundidos a través de redes informales. Teniendo en cuenta el papel activo de Gage en la disolución, es muy posible que adquiriera el libro durante este caos”, señala la Katie Walter, de la Universidad de Sussex.

Teorías hay muchas. “Una posibilidad es que John Gage fuera a la biblioteca de un monasterio y se lo llevara a casa. Otra es que alguien más lo sacara de contrabando y que circulara brevemente de mano en mano hasta que Gage lo adquirió. Lo fundamental es que lo mantuvo a salvo cuando debía destruir libros como este”, concluye James Wade, del Girton College de Cambridge.