Encuentran un tesoro de oro de hace 1.800 años en Noruega y su recompensa abre un debate entre los arqueólogos

Un conjunto de anillos de oro descubierto en agosto de 2016 en un campo de Skaun, al sur del fiordo noruego de Trondheim, ha puesto de relieve las contradicciones del sistema de recompensas por hallazgos arqueológicos. Las piezas, localizadas por un aficionado con un detector de metales, se datan aproximadamente entre los años 200 y 550 después de Cristo y pesan 395 gramos. En mayo de 2021, la Dirección Noruega de Patrimonio Cultural concedió una compensación de 200.000 coronas, unos 19.650 euros de entonces. Un estudio publicado en septiembre de 2026 en Public Archaeology analiza cómo las normas de valoración pueden favorecer el precio del oro frente al interés científico de los objetos.

La investigación, realizada por Irmelin Axelsen, de la Universidad de Oslo, y Mats Skare, de la Universidad de Bergen, examina las diferencias entre las compensaciones concedidas por distintos descubrimientos. El tesoro de Skaun estaba formado por dos anillos espirales de oro martillado, cada uno con otros ocho y siete anillos unidos, respectivamente. Estas piezas pertenecen a una categoría conocida como oro de pago, relativamente frecuente en Noruega. Aunque un arqueólogo del Museo Universitario de la NTNU describió inicialmente el hallazgo como extraordinario, la evaluación posterior consideró que su singularidad residía principalmente en la cantidad de oro, no en la rareza de los objetos.

La controversia surgió al comparar Skaun con un descubrimiento anterior realizado en Tornes, formado por cinco objetos que sumaban apenas 19 gramos de oro. En 2014, sus descubridores y el propietario del terreno recibieron conjuntamente 73.000 coronas noruegas, unos 8.740 euros de entonces. La diferencia llamó la atención del aficionado que encontró Skaun, pese a que su tesoro contenía más de veinte veces esa cantidad de metal. Los responsables del museo explicaron que Tornes se había valorado por su rareza e interés histórico. No obstante, ambos casos siguieron procedimientos distintos: para evaluar Tornes, la institución recurrió a especialistas del Museo Nacional de Dinamarca, antes de que Noruega estableciera sus directrices nacionales de compensación en 2019.

El precio del oro frente al valor histórico

El estudio sitúa parte del problema en la legislación noruega sobre patrimonio cultural. La normativa establece que, cuando un objeto arqueológico está elaborado en oro o plata, la recompensa debe alcanzar al menos el valor del metal calculado según su peso, más un 10%. Las directrices administrativas de 2019 incorporan también criterios como la rareza, el contexto arqueológico y las circunstancias del descubrimiento. Los investigadores advierten de que esta combinación puede generar resultados contradictorios: un fragmento de oro de antigüedad incierta podría recibir una compensación superior a la de una pieza de menor peso con mayor potencial científico. Además, conceptos como la rareza o los materiales considerados comunes carecen de definiciones suficientemente precisas.

Las fluctuaciones del mercado añaden otra dificultad. En marzo de 2017, el museo recomendó una recompensa de 155.000 coronas, aproximadamente 17.000 euros de entonces, pero la cantidad concedida cuatro años después fue un 29% superior. Los autores consideran que esta diferencia podría estar relacionada con el aumento del precio del oro. Según sus cálculos, el mismo tesoro habría alcanzado una valoración de entre 577.500 y 588.500 coronas, unos 51.457 y 52.436 euros, tomando como referencia el mercado de diciembre de 2025 y el recargo legal. La comparación también contempla la inflación, aunque estas cantidades son estimaciones y no nuevas recompensas concedidas.

Un análisis de 191 objetos arqueológicos

Para estudiar el alcance del problema, Axelsen y Skare examinaron los registros de los cinco museos universitarios noruegos y analizaron 191 objetos de oro encontrados mediante detectores de metales. De ellos, 86 piezas, el 45,03%, carecían de características suficientes para determinar si eran anteriores o posteriores a 1537. Otras 49, el 25,65%, solo podían fecharse mediante su contexto arqueológico, mientras que las 56 restantes, el 29,32%, pertenecían a tipos identificables que permitían situarlas en intervalos de entre 50 y 200 años. Esta incertidumbre resulta relevante porque la legislación noruega vincula la propiedad estatal de determinados objetos de propietario desconocido a su antigüedad, con límites específicos para monedas y patrimonio sami.

Los investigadores también cuestionan que la rareza determine necesariamente la importancia científica. Las directrices noruegas tienden a valorar más los objetos excepcionales, aunque los materiales frecuentes pueden aportar información relevante al compararlos entre sí. A esta dificultad se suma la falta de procedimientos uniformes para calcular el contenido de oro. Algunos museos pesan directamente las piezas, mientras que otros estiman su pureza antes de determinar el valor del metal. Estas diferencias pueden influir en las propuestas de compensación y dificultan la aplicación de criterios homogéneos entre instituciones.

El debate coincide con la revisión de la legislación patrimonial noruega. Una propuesta presentada en marzo de 2025 plantea reservar las compensaciones para hallazgos fortuitos de especial valor económico o histórico y eliminar la obligación de recompensar los objetos de oro y plata según su contenido metálico. Los autores advierten de que esta modificación podría excluir numerosos descubrimientos realizados por aficionados experimentados, cuyas búsquedas deliberadas difícilmente encajarían en la categoría de hallazgos fortuitos. También recuerdan que las recompensas incentivan la entrega de piezas a las autoridades, en lugar de su ocultación o venta privada. Por ello, defienden criterios de valoración más claros y procedimientos comunes que permitan proteger el patrimonio y mantener la confianza de quienes colaboran en su conservación.