El favorito de Eduardo II llegó demasiado lejos y la nobleza inglesa acabó pasando factura
Junto al trono suele haber una figura que habla cuando los demás callan y que consigue influir mucho más allá de su cargo oficial. Ocurrió con Grigori Rasputín en la corte de Nicolás II de Rusia, donde su cercanía a la familia imperial le permitió intervenir en decisiones y alimentar recelos entre la aristocracia. También pasó con el cardenal Richelieu junto a Luis XIII de Francia, convertido en el hombre que orientaba buena parte de la política del reino gracias a una relación de confianza excepcional.
Cuando esa cercanía se percibe como una forma de manipulación o como una vía privilegiada para obtener favores, el malestar suele extenderse entre quienes se consideran apartados del poder.
Una amistad junto al trono provocó el rechazo aristocrático
La historia de Piers Gaveston encaja en ese patrón. Según relatan las fuentes medievales y recogen historiadores como Dan Jones y Alison Weir, la estrecha relación entre Gaveston y el rey Eduardo II provocó una profunda fractura entre la Corona y los grandes nobles ingleses. Aquel conflicto acabó con la ejecución del favorito en 1312 y abrió una crisis política que terminaría afectando al propio monarca.
El desenlace llegó después de una persecución que movilizó a los principales condes del reino. Tras refugiarse en el castillo de Scarborough, Gaveston aceptó rendirse al conde de Pembroke bajo la promesa de que no sufriría daños. La situación cambió cuando Guy de Beauchamp, conde de Warwick, se apoderó de él y lo trasladó a su fortaleza.
Un tribunal improvisado dirigido por Warwick y Thomas de Lancaster lo declaró culpable de traición. El 19 de junio de 1312 fue conducido a Blacklow Hill, donde murió a manos de sus captores. Cuando conoció la noticia, Eduardo II quedó profundamente afectado y juró vengarse.
Eduardo II elevó a su aliado tras coronarse
Años antes, la suerte de Gaveston había dado un giro extraordinario. Eduardo II lo llamó de vuelta del exilio nada más subir al trono y le concedió el condado de Cornualles, una de las dignidades más prestigiosas del reino. También impulsó su matrimonio con Margaret de Clare. De repente, un hombre que había sido expulsado por orden real se encontró entre las figuras más influyentes de Inglaterra. La decisión alimentó la impresión de que el favorito ejercía una autoridad impropia de su posición.
Los orígenes de Gaveston estaban lejos de los grandes linajes ingleses. Había nacido en Gascuña hacia mediados de la década de 1280 y era hijo del caballero Arnaud de Gabaston. Su entrada en la órbita de la familia real se produjo durante la juventud, cuando llamó la atención de Eduardo I. El rey esperaba que la amistad entre Gaveston y el príncipe Eduardo reforzara la formación militar del heredero. Sin embargo, la cercanía entre ambos terminó despertando rumores persistentes. La crónica Vita Edwardi Secundi describió la intensidad de aquella relación y señaló que el príncipe había establecido con él un lazo por encima de cualquier otra persona.
El regreso de Gaveston tras uno de sus exilios no calmó los ánimos. Al contrario, aumentó la hostilidad. Se ganó enemigos al repartir motes ofensivos entre varios nobles y al promover a personas de su entorno para cargos y favores. El conde de Warwick recibió el apodo de Perro Negro de Arden, una afrenta que nunca olvidó. Mientras tanto, muchos aristócratas estaban convencidos de que el rey actuaba bajo una influencia perjudicial para el gobierno del reino.
Los Ordenadores limitaron la autoridad de la Corona
La respuesta de los barones fue organizar una ofensiva política contra la autoridad real. En 1310 surgió el grupo de los Ordenadores, encargado de redactar reformas destinadas a limitar el poder del monarca. La presión aumentó tras el fracaso de una campaña escocesa y después de la muerte del moderado conde de Lincoln.
En 1311, Thomas de Lancaster presentó 41 ordenanzas. Una de ellas exigía la expulsión permanente de Gaveston por haber alejado al rey de sus principales vasallos. Aunque marchó al exilio, regresó poco después por decisión de Eduardo II, lo que precipitó el enfrentamiento definitivo.
Las tensiones habían comenzado incluso antes de ese episodio. La nobleza ya observaba con inquietud la influencia del gascón durante los primeros años del reinado. Cuando Eduardo II viajó para casarse con Isabel de Francia, dejó a Gaveston como regente. Más tarde, durante la coronación, su protagonismo volvió a generar indignación. Según las acusaciones recogidas por Dan Jones, algunos magnates creían que estaba empobreciendo la Corona y sembrando discordia entre el rey y sus súbditos. Aquellas críticas desembocaron en un primer destierro que terminó siendo temporal.
La caída del favorito agravó la crisis monárquica
La muerte de Gaveston no cerró la herida política. Eduardo II persiguió a algunos de sus enemigos y logró derrotar a Lancaster años después, pero el conflicto continuó creciendo. History Extra y Historic Royal Palaces destacan que el rey repitió el mismo esquema con otro favorito, Hugh Despenser el Joven, cuya influencia también despertó una fuerte oposición.
Finalmente, Isabel de Francia y Roger Mortimer encabezaron una invasión que llevó a la caída del monarca. El enfrentamiento que había comenzado alrededor de Gaveston terminó formando parte del camino que condujo a la deposición de Eduardo II en 1327.