La historia de Estebanico: vendido como esclavo en España y asesinado por los indígenas mientras guiaba expediciones en el suroeste americano

Héctor Farrés

24 de mayo de 2026 13:54 h

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Un silbido cerró el sendero detrás de Estebanico. La humedad le pegó la ropa al cuerpo mientras apartaba ramas con una mano y buscaba voces con la otra. A pocos metros, varias figuras avanzaron entre los árboles sin dejar ver sus caras, apenas sombras que cambiaban de sitio cada vez que él giraba la cabeza.

El explorador siguió adelante porque detenerse habría dejado su espalda expuesta en mitad de aquella oscuridad espesa. El barro le frenó un pie y entonces escuchó otro silbido, esta vez mucho más cerca. Nadie respondió cuando gritó, y el bosque se tragó su voz antes de devolverle pasos rodeándolo desde distintos lados.

Esteban el Negro llegó desde Marruecos hasta Nueva España

Estebanico, también llamado Estevanico o Esteban el Negro, pasó de esclavo africano vendido en la Península a explorador de los territorios del sur de Norteamérica durante el siglo XVI. Su nombre quedó ligado a la expedición de Pánfilo de Narváez y al mito de las Siete Ciudades de Cíbola, una historia que agitó al virreinato de Nueva España después de que varios supervivientes aseguraran haber oído relatos sobre ciudades llenas de riquezas.

Álvar Núñez Cabeza de Vaca recogió parte de aquella travesía en Naufragios, donde describió el viaje de cuatro hombres, entre ellos Estabanico, que cruzaron durante años territorios desconocidos entre Florida y el norte de México.

Las historias sobre Cíbola crecieron en México después del regreso de los supervivientes. Antonio de Mendoza, virrey de Nueva España, escuchó relatos sobre grandes poblaciones levantadas en piedra y supuestas riquezas ocultas tierra adentro. Aquellas versiones circularon entre funcionarios, religiosos y soldados hasta provocar una nueva expedición.

Según distintos testimonios recogidos en la época, los cuatro supervivientes intentaron presentarse como hombres indispensables para futuras campañas de exploración. El propio Cabeza de Vaca construyó en su libro una imagen cercana a la de un hombre castigado por la desgracia y favorecido por la providencia durante años de hambre, enfermedades y cautiverio.

Cuatro supervivientes cruzaron territorios desconocidos rumbo al norte mexicano

La expedición de Pánfilo de Narváez había salido de Sanlúcar de Barrameda en junio de 1527 con cerca de 600 hombres. El viaje se torció muy pronto entre tormentas, deserciones y errores de navegación hasta desembarcar en la bahía de Tampa, en Florida, durante 1528.

Narváez dividió después a sus hombres entre un grupo terrestre y otro marítimo, una decisión que agravó la pérdida de suministros y dejó al contingente aislado frente al acoso de los apalaches. Los expedicionarios fundieron armaduras para fabricar herramientas y terminaron alimentándose de caballos antes de lanzarse al mar sobre barcazas improvisadas rumbo a México.

Los huracanes y el hambre destrozaron aquella retirada. Cerca de la isla de Galveston, en la costa de Texas, apenas quedaban unos 80 hombres con vida. Durante años caminaron por territorios desconocidos, fueron capturados por varias tribus y acabaron convertidos en esclavos. En 1532 solo sobrevivían cuatro miembros de la expedición: Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Alonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorantes de Carranza y Estebanico.

Cabeza de Vaca ganó prestigio entre algunos indígenas por sus conocimientos médicos, mientras Estebanico destacó por su facilidad para aprender lenguas y negociar entre grupos rivales. Aquella capacidad resultó decisiva para mantenerse con vida durante el largo recorrido entre el sur de los actuales Estados Unidos y el norte de México.

Portugal vendió africanos para abastecer las colonias americanas

Antes de embarcarse hacia América, Estebanico había sido capturado en el norte de África y vendido como esclavo por comerciantes portugueses. Cabeza de Vaca lo describió como “un negro alárabe natural de Azamor”, una ciudad atlántica de Marruecos que entonces permanecía bajo control portugués. La documentación apenas ofrece detalles sobre sus primeros años, aunque sí confirma que en 1527 pertenecía a Andrés Dorantes.

La monarquía española recurría en aquella época a acuerdos comerciales conocidos como asientos de negros para abastecer de esclavos africanos sus posesiones americanas, mientras Portugal controlaba buena parte de aquel negocio en la costa occidental africana.

Antonio de Mendoza terminó quedándose con Estebanico después del regreso a Nueva España. El virrey organizó una expedición de reconocimiento dirigida por fray Marcos de Niza en busca de Cíbola y colocó al antiguo esclavo como guía por su conocimiento del terreno y de las lenguas indígenas.

Los zuñi mataron a Estebanico dentro del actual Nuevo México

Estebanico avanzaba varios días por delante del grueso de la expedición acompañado por nativos que había conocido durante su anterior travesía. Desde allí enviaba mensajes al fraile con noticias sobre poblaciones y riquezas que alimentaban todavía más el entusiasmo de los expedicionarios. Fray Marcos llegó a describir Cíbola como una ciudad enorme levantada en piedra, incluso mayor que Ciudad de México, según escribió después ante el virrey.

Los cuatro supervivientes habían alcanzado años antes el territorio de Sinaloa tras seguir el curso del Río Bravo y convivir con tribus dedicadas a la caza del bisonte. Allí encontraron a un grupo de exploradores españoles que los llevó hasta Culiacán.

Las autoridades interrogaron a los viajeros sobre las regiones recorridas y escucharon relatos transmitidos por indígenas acerca de ciudades fabulosas situadas más al norte. Andrés Dorantes y Alonso del Castillo decidieron quedarse en México después de casarse con viudas ricas, mientras Cabeza de Vaca regresó a España y recibió el título de adelantado del Río de la Plata.

La versión oficial afirmó que Estebanico murió en 1539 a manos de los zuñi, en Hawikuh, dentro del actual Nuevo México. Los indígenas que acompañaban al explorador comunicaron la noticia a fray Marcos de Niza, que decidió regresar a México ante el temor de continuar la marcha. Antonio de Mendoza reaccionó enviando una nueva expedición dirigida por Francisco Vázquez de Coronado, aunque aquella búsqueda terminó desmontando la leyenda de las Siete Ciudades de Cíbola.

Otra teoría sostiene que Estebanico fingió su muerte para escapar del control español y vivir libre entre los indígenas con los que había convivido durante años. Su rastro desapareció allí, en aquellos territorios donde había aprendido a sobrevivir mucho antes de que otros exploradores lograran cruzarlos.