Agosto, el mes más difícil para las abejas: menos flores y más competencia por el néctar
El final del verano puede convertirse en una auténtica carrera contrarreloj por conseguir alimento para las abejas. Una investigación de la Universidad de Sussex (Reino Unido) ha descubierto que estos polinizadores tienen mayores dificultades para recolectar néctar a finales de julio y, especialmente, durante agosto, cuando disminuye el número de flores disponibles mientras muchas especies de insectos continúan activas.
El estudio, publicado en la revista científica Functional Ecology, es el primero que mide directamente cómo cambia a lo largo del año la relación entre la energía que gastan las abejas buscando alimento y la que consiguen mediante el néctar. Los investigadores estudiaron espacios verdes situados en Brighton y Edimburgo y encontraron un patrón similar en ambas ciudades, pese a estar separadas por unos 600 kilómetros.
Los resultados muestran que la escasez de alimento se vuelve especialmente acusada al final del verano. Los científicos apuntan a dos factores principales: hay menos plantas en floración y aumenta la competencia entre los diferentes polinizadores. La situación contrasta con la primavera, cuando las abejas alcanzan su mayor eficiencia en la búsqueda de alimento coincidiendo con la floración de numerosos árboles.
“Nuestros hallazgos se suman a la creciente bibliografía que indica que finales del verano es una época especialmente difícil para los polinizadores”, explica Nicholas Balfour, coautor de la investigación. El científico destaca la importancia del problema porque durante esta época “la gran mayoría de las especies polinizadoras están activas y necesitan alimento para alimentar a sus crías”.
Más de 1.200 abejas estudiadas
Para determinar cómo variaba la capacidad de las abejas para obtener alimento, los investigadores analizaron 1.217 abejas melíferas y recopilaron datos sobre el néctar de 1.426 flores. El gasto energético se calculó observando el tiempo que cada ejemplar dedicaba a volar y caminar durante periodos de 60 segundos, mientras que la energía obtenida se estimó a partir del número y las especies de flores visitadas y de la cantidad de néctar que proporcionaban.
En los meses de primavera florecen muchos árboles polinizados por insectos, entre ellos el castaño de Indias, el sauce y el cerezo, proporcionando abundantes fuentes de alimento. Conforme avanza el verano, sin embargo, esta disponibilidad disminuye y las abejas tienen que esforzarse más para encontrar néctar.
El problema puede agravarse durante años marcados por olas de calor, capaces de reducir la cantidad de néctar disponible y alterar los periodos habituales de floración. Según los investigadores, las dificultades detectadas probablemente tampoco sean exclusivas de las abejas melíferas. Al visitar una gran variedad de especies vegetales, su comportamiento puede servir como indicador de la disponibilidad general de alimento para otros insectos que dependen de las flores.
Medidas para ayudar a la polinización de las abejas
Los autores plantean varias medidas sencillas para aumentar los recursos disponibles de las abejas durante las semanas más complicadas del año. Algunas de ellas son plantar especies que florezcan a finales del verano, modificar la frecuencia con la que se corta el césped o permitir que determinadas plantas silvestres permanezcan en jardines y otros espacios verdes.
“Fomentar el crecimiento de flores que florecen a finales del verano, cuando a las abejas les resulta más difícil recolectar néctar o polen, será más beneficioso para ayudarlas”, señala Ciaran Harris, también coautor del estudio. Entre las plantas que podrían desempeñar este papel menciona el cardo, la hierba cana y la centaurea, frecuentemente consideradas malas hierbas.
Los jardines pueden convertirse así en pequeños refugios de alimento durante el periodo de mayor escasez. Los investigadores también apuntan a las tierras agrícolas incluidas en programas agroambientales, donde permitir una mayor presencia de vegetación espontánea a finales del verano podría contribuir a equilibrar las fluctuaciones de néctar que experimentan las abejas a lo largo del año.