Descubren que un canguro gigante sobrevivió en Nueva Guinea hasta hace 5.300 años

La desaparición de la megafauna de Sahul —el antiguo continente que unía Australia, Tasmania y Nueva Guinea— sigue siendo uno de los grandes debates de la paleontología. Durante años, la interpretación dominante sostuvo que estos grandes animales desaparecieron de forma relativamente rápida hace unos 40.000 años, poco después de la llegada de los primeros humanos a Australia. Sin embargo, un estudio publicado en npj Biodiversity aporta ahora nuevas evidencias que amplían ese escenario. Los investigadores han identificado los restos de un gran marsupial en un yacimiento arqueológico de la costa norte de Nueva Guinea con una antigüedad de entre 6.800 y 5.300 años, lo que constituye la evidencia más reciente conocida de supervivencia de un representante de la megafauna de Sahul.

El hallazgo procede del abrigo rocoso de Taora, situado cerca de Vanimo, en Papúa Nueva Guinea. Allí apareció una falange prácticamente completa perteneciente a un gran macrópodo, probablemente un representante del género Protemnodon, un grupo de grandes canguros adaptados a ambientes boscosos. El hueso fue recuperado en un nivel arqueológico del Holoceno medio asociado a restos de actividad humana y sometido a un exhaustivo análisis anatómico, estratigráfico y tafonómico. Según los autores, las características del yacimiento y la posición estratigráfica del fósil hacen extremadamente improbable que el hueso proceda de sedimentos mucho más antiguos y hubiera sido redepositado en niveles holocenos, una posibilidad que el equipo evaluó expresamente antes de interpretar la cronología del hallazgo.

Una supervivencia mucho más prolongada de lo esperado

Hasta ahora, los fósiles más recientes de megafauna en Nueva Guinea situaban la desaparición de estos grandes marsupiales durante el Último Máximo Glacial, hace entre 27.000 y 22.000 años. La nueva datación prolonga esa supervivencia durante más de quince milenios y convierte a Taora en el primer yacimiento que aporta una evidencia sólida de que un representante de la megafauna persistió más allá del final de ese periodo. Para los investigadores, este descubrimiento sugiere que la desaparición de estos animales no siguió un proceso uniforme en todo Sahul y que distintas poblaciones pudieron mantenerse durante miles de años en determinadas regiones antes de extinguirse definitivamente.

La identificación del fósil requirió comparar la falange con decenas de especies actuales y extinguidas de marsupiales. El análisis permitió descartar otros grandes vertebrados presentes en Nueva Guinea, como casuarios, cerdos o equidnas de pico largo, así como diferentes familias de marsupiales extinguidos. Las características anatómicas del hueso resultan más compatibles con las de Protemnodon, un género de grandes canguros que podía alcanzar entre 50 y 90 kilogramos y que probablemente se desplazaba de forma cuadrúpeda por ambientes boscosos, a diferencia de los canguros modernos adaptados a espacios abiertos. Aunque los autores no pueden atribuir el ejemplar con total certeza a una especie concreta, consideran que esa identificación representa la hipótesis más consistente con las evidencias disponibles.

Clima, aislamiento y presencia humana

Además de retrasar la fecha conocida de desaparición de estos grandes marsupiales, el estudio aporta nuevas pistas sobre los factores que pudieron favorecer su persistencia durante tanto tiempo. Los autores plantean que esta población pudo mantenerse gracias a la baja densidad humana que caracterizó durante milenios la región de Oenake, un territorio con escasa ocupación y una limitada transformación del paisaje. Esa circunstancia habría permitido que estos grandes canguros convivieran con las poblaciones humanas durante un periodo extraordinariamente prolongado. De hecho, si la atribución del fósil a Protemnodon es correcta, este linaje habría compartido el territorio con los habitantes de la zona durante al menos 35.000 años, un escenario que sugiere que su desaparición difícilmente puede explicarse únicamente por la llegada inicial de los seres humanos a Sahul.

Sin embargo, los investigadores consideran que esa prolongada supervivencia terminó cuando comenzaron a coincidir varios factores. Tras el final de la última glaciación, el aumento de las temperaturas transformó de forma progresiva los ecosistemas del norte de Nueva Guinea. Los bosques montanos, adecuados para especies adaptadas a ambientes más fríos, fueron dejando paso a selvas tropicales de baja altitud, reduciendo el hábitat disponible para estos grandes marsupiales. Paralelamente, el registro arqueológico documenta un incremento de la actividad humana en la región durante el Holoceno temprano y medio, un cambio que pudo aumentar la presión sobre poblaciones cada vez más pequeñas y aisladas hasta contribuir a su desaparición.

Un modelo diferente al de Australia

Las conclusiones del trabajo cuestionan la idea de que toda la megafauna de Sahul desapareció siguiendo un único patrón cronológico. Mientras que en Australia la mayor parte de las evidencias sitúan la desaparición de estos grandes animales en torno a hace 41.000 años, los datos obtenidos en Nueva Guinea apuntan a una trayectoria diferente, con poblaciones capaces de persistir durante decenas de miles de años más en determinados refugios ecológicos. Para los autores, esa diferencia refuerza la idea de que la desaparición de la megafauna estuvo condicionada por circunstancias locales y difícilmente puede explicarse mediante una única causa o un mismo calendario para todo el antiguo continente de Sahul.

El estudio plantea que la combinación de factores ambientales y humanos ofrece una explicación más consistente con las evidencias disponibles que los modelos basados en una única causa. En el caso de Nueva Guinea, la transformación progresiva de los ecosistemas tras el final de la última glaciación habría reducido el espacio disponible para especies adaptadas a ambientes más fríos, mientras que el crecimiento de las poblaciones humanas y la intensificación de la actividad en el territorio pudieron aumentar la presión sobre unos animales cada vez más escasos. En conjunto, estos procesos ayudan a explicar por qué algunas poblaciones lograron sobrevivir mucho más tiempo que otras antes de desaparecer definitivamente.

Los investigadores subrayan además que este escenario pone de manifiesto la necesidad de estudiar cada región de forma individual. Aunque Australia y Nueva Guinea formaban parte del mismo continente durante buena parte del Pleistoceno, las diferencias ambientales, la evolución de sus paisajes y la intensidad de la ocupación humana pudieron dar lugar a historias muy distintas para unas especies que, hasta ahora, se tendían a interpretar bajo un mismo modelo de extinción.

Una historia de extinción mucho más compleja

El descubrimiento convierte al yacimiento de Taora en una referencia para comprender la evolución de la fauna prehistórica de Nueva Guinea y amplía el calendario conocido para la desaparición de algunos de sus grandes mamíferos. Más allá de identificar el fósil de un gran canguro, el estudio muestra que la historia de la megafauna de Sahul fue probablemente más diversa de lo que se pensaba y que distintas poblaciones respondieron de manera diferente a los cambios ambientales y a la expansión de las comunidades humanas. En lugar de respaldar un proceso uniforme y simultáneo en todo el continente, las nuevas evidencias apuntan a una historia mucho más compleja, marcada por diferencias regionales y por la interacción de varios factores a lo largo del tiempo.

Los propios autores consideran que el hallazgo abre nuevas líneas de investigación. La presencia de un representante de la megafauna en un contexto tan reciente plantea interrogantes sobre cuántas otras poblaciones pudieron persistir durante el Holoceno en regiones todavía poco exploradas de Nueva Guinea y sobre el papel que desempeñaron los refugios ecológicos en la supervivencia de estos grandes marsupiales. Nuevos trabajos en yacimientos de la isla podrían aportar más restos que permitan comprobar si Taora constituye un caso excepcional o forma parte de un patrón más amplio que hasta ahora había pasado desapercibido.

Mientras tanto, el fósil recuperado en Taora representa la evidencia más reciente conocida de supervivencia de un integrante de la megafauna de Sahul y aporta una nueva perspectiva sobre uno de los episodios más debatidos de la prehistoria australiana y neoguineana. Más que ofrecer una respuesta definitiva sobre las causas de la extinción, el estudio refuerza la idea de que este proceso fue más prolongado y variable de lo que durante años se había asumido y que solo puede comprenderse teniendo en cuenta la interacción entre el clima, la transformación de los hábitats y la presencia humana.