Un estudio revela que animales de distintas especies se comunican y la colaboración les ayuda a encontrar alimento

Un mismo entorno puede obligar a cambiar de papel en cuestión de segundos, porque un animal puede alimentarse y al instante convertirse en alimento de otro. Esa doble condición no se vive como una contradicción permanente, ya que muchas especies desarrollan formas de convivencia que reducen el conflicto cuando no hay necesidad directa de cazar o huir.

La supervivencia no depende solo de atacar o escapar, también pasa por reconocer cuándo es posible compartir espacio sin agresión. Ese equilibrio se aprecia en comportamientos que evitan enfrentamientos innecesarios y permiten cierta estabilidad. En ese punto intermedio, donde la tensión existe pero no estalla, aparecen señales que regulan la relación entre individuos y hacen posible que distintas especies se entiendan.

Un estudio explicó cómo surgieron estos intercambios entre especies

Una revisión publicada en la revista Animal Behaviour, impulsada por Katie Dunkley, investigadora en la Universidad de Oxford, reúne a decenas de especialistas para explicar cómo esa capacidad de entendimiento se basa en la comunicación. El trabajo analiza de qué manera animales de especies distintas intercambian señales que les permiten coordinar acciones y mantener relaciones que benefician a ambos.

Según recoge la investigación, estos sistemas no surgen al azar, sino que responden a la necesidad de ajustar comportamientos en contextos donde hay riesgo y oportunidad al mismo tiempo.

El estudio describe que los animales utilizan movimientos, sonidos y gestos para iniciar interacciones y evitar conflictos. Esa información permite reconocer aliados y detectar posibles amenazas antes de que el contacto directo genere daño.

Dunkley sitúa ahí el núcleo del fenómeno cuando explica qué buscan los investigadores al estudiar estos casos: “Nos interesaba especialmente cómo compartir información permite una coordinación tan estrecha entre especies”. Esa coordinación resulta esencial porque cada especie percibe el entorno de forma distinta, y aun así consigue ajustar su conducta a la del otro.

La cooperación entre especies adopta formas distintas dentro y fuera del agua

En los arrecifes, pequeños peces limpiadores se acercan a peces mucho mayores para retirar parásitos de su piel, una interacción que solo funciona cuando ambos respetan ciertas reglas. Si el pez limpiador se desvía y muerde tejido en lugar de parásitos, la relación se rompe, de modo que las señales que anuncian la limpieza son fundamentales para evitar el ataque del cliente.

Ese intercambio se repite en otros contextos, como el de aves que siguen a grandes mamíferos para alimentarse de los parásitos que encuentran en su cuerpo, como suele ocurrir con los depósitos de alimento que llevan consigo los rinocerontes.

En varias regiones de África, la cooperación adopta una forma distinta cuando aves conocidas como guías conducen a personas hasta colmenas ocultas. Eliupendo Laltaika, investigador del Honeyguide Research Project, ha documentado cómo los humanos responden con llamadas específicas que las aves reconocen y aprenden a interpretar. Ese diálogo permite que ambos accedan a recursos que no conseguirían por separado, ya que las personas obtienen miel y las aves restos que aprovechan como alimento.

En otros casos, la señal no es sonora, sino corporal. Algunos jabalíes adoptan posturas muy concretas para pedir a las mangostas que retiren garrapatas de su piel. Leela Channer, investigadora en la Universidad de Exeter, observa que esas posturas ya existían en interacciones entre individuos de la misma especie, lo que indica que se han adaptado para funcionar en un contexto distinto. Ese cambio muestra cómo un gesto puede adquirir un nuevo sentido sin perder su forma original.

La cooperación también aparece en entornos marinos donde participan humanos. En la costa de Brasil, pescadores tradicionales interpretan movimientos específicos de ciertos delfines para decidir cuándo lanzar sus redes.

Alexandre Machado, investigador en la Universidade Federal de Santa Catarina, ha seguido durante años esta relación y destaca que no todos los delfines participan de la misma manera, lo que obliga a los pescadores a reconocer individuos concretos y ajustar su respuesta. Esa coordinación mejora la captura para ambos y se mantiene gracias a señales que se repiten y se aprenden con el tiempo.

Los sistemas de comunicación entre especies evolucionan con el paso del tiempo

El análisis conjunto de estos casos permite, al menos en parte, entender cómo surgen estos sistemas de comunicación y cómo evolucionan. Algunas señales nacen como simples comportamientos que influyen en otros individuos sin haber sido diseñadas para comunicar nada, pero con el tiempo se vuelven más claras y específicas. Otras proceden de acciones con funciones distintas que acaban adaptándose a nuevas situaciones.

Los investigadores señalan que aún quedan muchas formas de cooperación por descubrir y que ampliar los estudios a más especies ayudará a comprender mejor cómo estos intercambios sostienen relaciones que, en apariencia, parecen imposibles entre presa y cazador.