Mono quiere banana: los capuchinos resolvieron por sí solos cómo utilizar pantallas con IA y acceder a una recompensa
La comida se ha convertido en el idioma más eficaz entre los capuchinos de cara blanca y una máquina instalada en plena selva costarricense, porque tocar una pantalla puede terminar en una rodaja de plátano seco y algunos animales ya han aprendido a pedirla con manos o boca.
En dos semanas de pruebas con dos grupos, 16 monos se acercaron o interactuaron voluntariamente con el dispositivo, diez aprendieron a activar la recompensa y al menos ocho conservaron la asociación entre pantalla y alimento. Algunos incluso descubrieron que podían besar la superficie para conseguir su premio, una solución bastante apañada para una conversación entre primate y ordenador.
CapuchinAI estudia la inteligencia animal dentro del bosque
El sistema CapuchinAI, descrito en un trabajo publicado en el American Journal of Primatology, busca estudiar la inteligencia de capuchinos salvajes sin sacarlos de su entorno habitual en la Reserva Forestal de Taboga, en Guanacaste.
La instalación reúne inteligencia artificial, cámaras, una pantalla táctil y un dispensador automático de comida, de modo que cada acercamiento puede convertirse en una prueba registrada mientras los animales siguen moviéndose libremente por el bosque.
Los primeros días mostraron hasta qué punto trabajar fuera del laboratorio puede torcer cualquier previsión, porque ningún capuchino apareció ante la estación en las dos primeras jornadas y el primer contacto serio llegó al tercer día.
Federico Sánchez Vargas, estudiante de doctorado en la Universidad Emory y coautor del estudio, observó cómo un macho dominante exploraba el aparato, golpeaba distintas partes y acababa tocando la pantalla hasta obtener plátano, tras lo cual repitió la acción con rapidez.
La diferencia entre el laboratorio y el bosque condiciona el propósito científico del proyecto, ya que los experimentos controlados permiten medir capacidades con precisión pero no reproducen todas las presiones sociales, la competencia y los retos ambientales que afrontan los animales salvajes.
Marcela Benítez, primatóloga de la Universidad Emory y coautora del trabajo, estudia desde hace años a los capuchinos de Taboga mediante observaciones de conducta, vocalizaciones y niveles hormonales, un historial que permite relacionar futuras pruebas cognitivas con experiencias reales de cada individuo.
El reconocimiento automático adaptará las pruebas a cada mono
El siguiente desarrollo previsto consiste en reconocer automáticamente a cada mono y ofrecerle tareas ajustadas a su progreso, después de que un modelo anterior entrenado con imágenes de seis capuchinos superara el 97% de éxito en identificar a los individuos en imágenes fijas, vídeo y grabaciones de campo.
Los investigadores preparan ejercicios sobre aprendizaje, control de impulsos, flexibilidad cognitiva y memoria a corto y largo plazo, con pruebas en las que los animales deberán tocar cuadrados verdes, ignorar los rojos y adaptarse después a reglas invertidas.
La estación portátil gira alrededor de un ordenador Raspberry Pi y reúne cámara web, pantalla táctil, dispensador motorizado y batería, con unas ocho horas de funcionamiento mediante un paquete ligero que facilita su uso lejos de un laboratorio.
Su diseño permite registrar automáticamente aproximaciones e interacciones, acumular más vídeo para entrenar el reconocimiento individual y mantener el equipo operativo en condiciones de campo donde aparatos de mayor tamaño resultarían difíciles de instalar.
Los investigadores limitarán las recompensas para proteger la vida salvaje
La Reserva Forestal de Taboga aporta un escenario con unos 2,97 kilómetros cuadrados de bosque tropical seco protegido y una de las mayores concentraciones costarricenses de capuchinos de cara blanca, con más de 14 grupos identificados en la zona.
Los equipos de seguimiento prolongado se concentran en cuatro grupos cuyos miembros cuentan con historiales sociales y conductuales extensos, una base útil para estudiar si una sequía intensa en etapas tempranas afecta al desarrollo cognitivo o si una mejor memoria ayuda después a localizar alimento.
Los responsables del proyecto quieren conservar la vida salvaje como condición fundamental del experimento, por lo que las pantallas no están pensadas como elementos permanentes del paisaje y habrá límites a las recompensas para impedir que un solo mono monopolice la estación.
Si las siguientes pruebas funcionan con areas más exigentes, sistemas parecidos podrían adaptarse a otros primates y ampliar la comparación de capacidades cognitivas entre animales sometidos a entornos, historias sociales y presiones ecológicas distintas.