¿Puede una teoría cambiar la historia de Jack el Destripador? El nombre del nieto de la reina Victoria vuelve a escena

La ropa gastada que llevaban muchas mujeres pobres de la Londres victoriana delataba una vida expuesta a noches largas y escasos recursos. Jack el Destripador tiene cinco víctimas consideradas canónicas, aunque otros asesinatos cometidos en aquellos años llegaron a relacionarse con el mismo autor sin alcanzar ese grado de aceptación.

Las cinco eran mujeres adultas que vivían en condiciones precarias, con dificultades económicas que podían obligarlas a dormir en alojamientos baratos o buscar dinero durante la noche. Parte de ellas ejercía la prostitución o había recurrido a ella, aunque ese rasgo no puede darse por demostrado de la misma manera en todas.

Alberto Víctor acabó acusado décadas después de los asesinatos

El príncipe Alberto Víctor, duque de Clarence y Avondale y nieto de la reina Victoria, terminó señalado décadas después como posible responsable de aquellos cinco crímenes. HistoryExtra dedica a esa acusación el primer episodio de la tercera temporada de History’s Greatest Conspiracy Theories, donde Rob Attar, editor del medio, conversa con Drew Gray, historiador del crimen. La hipótesis atribuye al príncipe una doble vida y plantea que su posición dentro de la familia real habría evitado que respondiera ante la justicia.

Los relatos que alimentaron la acusación fueron creciendo mucho después de los asesinatos y recurrieron a supuestas relaciones del príncipe con mujeres de clase baja. Thomas Stowell, médico que difundió una versión de la historia durante los años 70, relacionó a Alberto Víctor con una sífilis avanzada que habría causado episodios homicidas, aunque no existe documentación médica fiable que confirme ese cuadro.

Por otra parte, Joseph Gorman, fuente de otra narración posterior sobre un supuesto escándalo real, terminó retractándose de parte de su historia, que el autor Stephen Knight utilizó después para desarrollar una conspiración de mayor alcance.

Los documentos alejan al duque de los crímenes

La cronología de Mary Ann “Polly” Nichols y Annie Chapman tropieza con documentos que colocan al príncipe lejos de los lugares donde aparecieron sus cuerpos. Nichols fue asesinada el 31 de agosto de 1888 en Buck’s Row, mientras el itinerario real y la prensa de la época sitúan a Alberto Víctor en Yorkshire, alojado con el vizconde Downe entre el 29 de agosto y el 7 de septiembre. Chapman murió el 8 de septiembre en Hanbury Street, cuando los registros militares y la prensa colocaban al duque en los Cavalry Barracks de York.

La madrugada del 30 de septiembre dejó dos asesinatos atribuidos al Destripador con apenas tres cuartos de hora de diferencia, pero Alberto Víctor se encontraba en Escocia. Elizabeth Stride murió hacia la una en Dutfield’s Yard y Catherine Eddowes apareció después en Mitre Square. El Court Circular y el diario de la reina Victoria sitúan al príncipe en Balmoral durante aquella jornada, y el propio diario recoge que almorzó con su abuela ese 30 de septiembre.

Mary Jane Kelly, la última de las cinco víctimas canónicas, fue asesinada el 9 de noviembre de 1888 en Miller’s Court, en Spitalfields. Los registros reales y la prensa sitúan entonces a Alberto Víctor en Sandringham, en Norfolk, donde permaneció entre el 2 y el 12 de noviembre. Su paradero documentado vuelve a apartarlo de Londres durante la franja temporal del crimen, igual que ocurre con Nichols, Chapman, Stride y Eddowes, de modo que la cronología conservada deja la acusación contra el nieto de Victoria sin una base histórica que la mantenga.

Los especialistas rechazan la autoría atribuida al príncipe

La permanencia de esta teoría interesó a HistoryExtra precisamente porque reúne ingredientes habituales de las conspiraciones sobre crímenes sin resolver, con una familia real situada en el centro de un supuesto encubrimiento. Attar y Gray repasan rumores, coincidencias cronológicas propuestas por distintos autores y relatos posteriores, pero el examen histórico conduce en otra dirección. La mayoría de especialistas descarta que Alberto Víctor fuera Jack el Destripador porque los documentos contemporáneos contradicen los desplazamientos que necesitaría haber realizado para cometer los asesinatos.

La acusación también carece de cartas, informes policiales, testimonios presenciales o pruebas forenses que relacionen al príncipe con las víctimas durante los crímenes. Tampoco existe documentación médica fiable que confirme la sífilis avanzada atribuida por Stowell, y la vigilancia que rodeaba al nieto de Victoria hacía difícil que pudiera desplazarse repetidamente por Londres sin dejar registro. Los relatos sobre Cleveland Street y otros ambientes frecuentados supuestamente por Alberto Víctor alimentaron sospechas posteriores, pero procedían en buena parte de rumores tardíos y testimonios de segunda mano.

La teoría sobre Alberto Víctor acabó sobreviviendo mejor en libros, documentales y relatos populares que en el terreno de la investigación histórica, donde nunca llegó a reunir pruebas capaces de darle consistencia. Su atractivo nació en buena medida de unir un crimen sin resolver con la familia real británica, una fórmula propicia para alimentar sospechas y versiones cada vez más elaboradas. Con el paso del tiempo, esa construcción terminó formando parte del imaginario alrededor de Jack el Destripador, aunque la acusación contra el príncipe quedó relegada al terreno de las teorías conspirativas.