Ensoñaciones folclóricas y ensoñaciones indigenistas
Las ensoñaciones folclóricas de los localistas han hecho un daño enorme a la causa canaria porque, desde la perspectiva localista, lo canario queda reducido a mera anécdota, a costumbrismo más o menos ingenuo, que sólo interesa a conejeros, majoreros, grancanarios, tinerfeños, palmeros, gomeros o herreños, muchas veces más por separado que juntos, pero no al resto de la humanidad. Es lo que ha sucedido con el silbo gomero, por ejemplo, considerado hasta el presente mera manifestación local de la isla colombina, que algunos se niegan a compartir con los demás (ni siquiera con los herreños, los tinerfeños y los grancanarios, que también lo han usado tradicionalmente, aunque de forma más precaria que los gomeros), o reminiscencia o manifestación de la cultura guanche, y no manifestación subrogada del lenguaje, que es lo que puede interesar a todo el mundo: sistema de fonemas silbados constituido a partir de los contrastes fonológico básicos o universales del lenguaje humano (vocal / consonante, grave / agudo e interrupto / continuo) con que pueden silbarse todas y cada una de las lenguas del mundo, sea bereber, español o cualquier otra. Ingeniosísimo invento del instinto de comunicación humana, útil para el universo, no sólo para gomeros, herreños o españoles; un saber que se pueden compartir con todo el mundo.
Desde este punto de vista, gomeros, herreños y hasta españoles son para el silbo gomero una mera anécdota. El silbo gomero es importante no porque lo silben los gomeros, los herreños o quienes sean, sino por su particular estructura interna. Pero, no, muchos canarios se han empeñado en presentar este importantísimo bien cultural como curiosidad local (algunos llegan a identificar el silbo gomero con La Gomera, como si la isla se redujera a eso), que, para colmo, ha terminado enfrentado por su propiedad a las islas que lo han usado desde tiempos inmemoriales (lo que debe servir para unir, se usa para separar); o como mero ardid o truco para dejar boquiabiertos a los turistas que visitan las Islas. Sentimentalismo, folclore o exhibicionismo, no planteamiento racional del fenómeno.
Desde el punto de vista patriotero y tercermundista, ha rebajado el canario gran parte de su importante patrimonio natural y cultural a localismo sentimental o baratija para los turistas que nos visitan, desde hace mucho tiempo, tal vez desde la época de Néstor de la Torre. “Pienso que Canarias representa un cliché turístico, pero, todo hay que decirlo, eso es culpa de los propios canarios que no hemos sabido desmitificar esa imagen falsa”, decía J. J. Armas Marcelo en entrevista de hace ya varios años.
No se trata de cuestionar el localismo genuino. Ya vimos en otra parte que, más allá de las formas, que son los verdaderos universales, no existen más lenguajes y culturas que los lenguajes y las culturas locales, que hay que respetar y proteger por encima de todo. Se trata de rebatir el tópico de que el lenguaje y la cultura propios (es decir, eso que llaman “lo nuestro”) se puede explicar sin tener en cuenta “lo de los demás”, se encuentran por encima del bien y del mal y son superiores a las formas de hablar y las culturas de los otros. Todo localismo radical o supremacista conduce inevitablemente a la incomunicación y hasta la violencia.
Y las ensoñaciones africanas de nuestros indigenistas han hecho también mucho daño a la causa insular, porque la ecuación canario = guanche lo ha distorsionado todo en Canarias.
Primero, ha distorsionado el estudio científico de la realidad insular. ¿Cómo puede estudiarse lo canario desde el punto de vista africano si su lengua, su cultura, su historia, su economía y su forma de ver el mundo se encuentran insertas en el mundo europeo? Más allá de la geografía, la prehistoria y las relaciones más o menos recientes con la excolonia española del Sahara, no existe el más mínimo argumento que permita afirmar con fundamento que el pueblo canario de hoy tenga algo que ver con África. Incluso no pocas de las palabras (afrecho, bubango, arrorró, abubear, coruja, chaboco, chivato, fajana, guincho, furnia, güiro, guelfo, arrife, pantana, tabobo, veril, guirgue o marmojay) y de las manifestaciones culturales (lucha canaria, la mayor parte del folclore musical o no sé qué juegos infantiles de las islas) que se han atribuido tradicionalmente a los guanches de forma más o menos categórica proceden realmente de la Península o de otras partes de Europa, o de América, como han demostrado aquellos que se han planteado su estudio con rigor.
Y, en segundo lugar, ha perturbado la convivencia entre la gente de las Islas, introduciendo un factor de discriminación realmente peligroso. Así, en cierto panfleto político anónimo que tengo a la vista se establece de forma taxativa que existen tres tipos de guanches (es decir, canarios) distintos:
a) Guanches de nacimiento, que serían los nacidos de padre y madre guanche y que serían los únicos que “pueden sentir en su prístina pureza la llama ancestral, sin tener que soportar que, por ello, se les tilde de racistas o disgregadores de la unidad necesaria para la lucha emancipadora, y su mensaje identitario impreso en cada palmo de nuestro sagrado, de nuestro amado solar archipielágico”. Estos guanches (es decir, canarios) de nacimiento, a los que no se pueden recriminar su racismo, porque están investidos de un poder divino, serían los verdaderos depositarios de la canariedad. “Quien carece de la identidad derivada del carácter guanche de nacimiento no puede dirigir la lucha emancipadora, sino al contrario, ser dirigido en la misma. Pues, por mucha voluntad que se ponga, jamás podrá sentir como el que nace en su tierra, sin interferencias de ancestros extranjerizantes”. Pero no basta con haber nacido de padres canarios para alcanzar el altísimo honor de ser considerado guanche de nacimiento, es decir, canario auténtico. Hay que reunir otra condición imprescindible: luchar por la liberación de la patria guanche. “Todo nacido de padres canarios que no luche por la liberación de su patria guanche no merecerá tan honroso título”;
b) Guanche de absorción, que son los nacidos en la tierra sagrada de la patria canaria, pero de progenitores extranjeros;
y c) Guanches de integración o espirituales, que son los extranjeros que defiendan de forma indubitable la independencia de la patria canaria. Sus orígenes extrainsulares convierten a este guanche tan particular en altamente sospechoso para la causa indigenista. Para los autores del panfleto que seguimos es necesario mantenerlos bajo vigilancia estrecha. “El grupo de guanches de integración o espirituales es, por cierto, escaso y opcional, pero por la condición y procedencia objetiva metropolitana o no, y por sus características de proclividad hacia la asunción del papel psicológico de colonizador, con prepotencia, tendencia hacia la pontificación, complejo de superioridad, peligro de transformarse en godo enterado por inercia irrefrenable derivada de la costumbre pentasecular fundada en la visión colonial, debemos tener cuidado y estar preparados los guanches de nacimiento, para no quedar inermes frente al peligro, indefensos frente a la agresión colonial”.
Obviamente, según este planteamiento racista y totalitario, ni los guanches de integración ni los guanches de absorción o espirituales (que son la mayoría) están en condiciones de dirigir el pretendido proceso liberador canario “marcado y acuñado por los ancestros”, sino que “tienen el deber de plegarse, de ser humildes y seguir las pautas de los únicos y verdaderos intérpretes de la voluntad de nuestros Padres, sometiéndose al dictado y dirección, en la lucha emancipadora, de los guanches de nacimiento. Si así no ocurriese, no merecerían el honor otorgado por esta patria que los cobija en su manto amoroso de protección y acogida hospitalaria”.
En realidad, como se señaló más arriba, estos peligrosos misticismos patriarcales, que parecen parodia, pero que van en serio, han servido más para desenfocar y retrasar el estudio de lo que son la gente y la cultura de las Islas, haciendo perder el tiempo a los incautos, sobre todo a los más jóvenes, que para explicarlas científicamente. Y menos mal que no han llegado a desgracias mayores, porque el isleño es de natural pacífico.
Hasta discutible me parece la opinión de todos aquellos que sostienen que el sentimiento del guanche constituye una potente seña de identidad de toda la región. “El guanche es” -afirma categóricamente Elfidio Alonso- “un personaje que nos puede a todos los canarios y que lo llevamos muy dentro”. Hasta un presidente del gobierno de Canarias de la primera década del presente siglo, Adán Martín, llegó a decir que “el Teide es uno de los cofres donde se guarda la expresión de nuestra identidad, nuestras raíces y la génesis del pueblo canario anterior a la conquista española del Archipiélago” y que “no hay canario que no reconozca la silueta del Teide y que no asocie ese perfil al pueblo al que pertenecemos”. ¿
Qué duda cabe de que en Tenerife (que es la verdadera patria de los viejos guanches; no Fuerteventura, Lanzarote, Gran Canaria, La Palma, La Gomera y El Hierro, que era tierra de majos, canarios, auaritas, gomeros y bimbapes, respectivamente), donde tanto se ha estudiado y difundido su cultura (piénsese en la espléndida labor guanchista de Sabino Berthelot, por ejemplo), se trata de un sentimiento muy arraigado en el alma de mucha gente? También en Gran Canaria, gracias, sobre todo, a la acción científica, cultural y artística de instituciones tan emblemáticas de esa isla como El Museo Canario y la Escuela Luján Pérez. Sin embargo, entre el pueblo llano de islas como Lanzarote y Fuerteventura, albergo serias dudas de que ese sentimiento y otros del supuesto imaginario colectivo insular, como el valor simbólico del Teide, que decía Adán Martín, por ejemplo, “se lleven dentro”. En el pueblo llano de Lanzarote y Fuerteventura, no es que no exista el sentimiento del guanche; es que ni siquiera existe el sentimiento del majo, que era la verdadera étnica prehispánica de estas dos islas, de cuyas relaciones con los guanches nada se sabe. Y, si no, que le pregunten a un pescador de Corralejo, el Cotillo o Gran Tarajal o a un pastor de Tindaya, Betancuria o Tenicosquey, a ver a qué les suena eso de los guanches. Se tiene la impresión de que esto del “sentimiento guanche del canario” es más un mito de la cultura burguesa que una realidad de la cultura popular tradicional. Y, en cuanto al “padre Teide”, como lo llama la conocida coplilla popular, hay que decir que la profunda impresión que produce su grandeza sólo se percibe cuando se le tiene delante vestido con el manto armiñado de la nieve o iluminado por los primeros rayos de sol que reciben las Islas, que es cuando luce en todo su esplendor.
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