Entre desfiladeros, acantilados y ríos: tres rutas fáciles en Asturias para hacer una escapada de senderismo

Asturias es su naturaleza. En sus cerca de 11.000 kilómetros cuadrados, picos rocosos, bosques tupidos, valles verdes y costas abruptas conviven en un equilibrio casi irreal y compiten por albergar el paisaje más espectacular. No en vano la llaman paraíso natural. Y lo que esta tierra ofrece es un privilegio tanto para quien la visita como para quien la habita: la posibilidad de calzarse unas botas, salir a caminar y sumergirse en las infinitas posibilidades de la naturaleza.

Este territorio cuenta con una de las redes de espacios protegidos más completas de toda España: cinco parques naturales, un parque nacional —el mítico Picos de Europa—, siete reservas naturales, 39 monumentos naturales y dos paisajes protegidos. Una oferta sin fin que garantiza que prácticamente cada rincón de la provincia merezca una visita.

Dentro de esta diversidad, hay opciones para todos los perfiles: desde montañeros experimentados hasta caminantes ocasionales. Todos encuentran en Asturias un entorno natural para respirar aire limpio y dejarse envolver por el paisaje. Las tres rutas sugeridas están pensadas para quienes buscan una escapada esporádica y sin mayores complicaciones: senderos accesibles, con buena señalización y con una recompensa paisajística que nada tiene que envidiar a otras travesías más duras.

Ruta del Alba

La ruta del Alba (PR-AS 62) es uno de los senderos más conocidos del Parque Natural de Redes. Fue declarada Monumento Natural en 2001. Con una distancia total de casi 14 kilómetros entre ida y vuelta, esta ruta lineal se puede completar en un tiempo estimado de cinco horas. El itinerario no presenta mayor dificultad, con un desnivel acumulado de poco más de 400 metros.

La ruta parte desde el pintoresco pueblo de Soto de Agües, que destaca por sus casas tradicionales con corredores de madera, hórreos centenarios y la gran tranquilidad de un entorno de bosques de hayas, robles y castaños. Desde ahí, una senda ancha y de fácil tránsito acompaña el curso del río Alba hacia las profundidades montañosas. El caminante pasará por caserías, bosques y laderas verdes, siempre acompañado por el sonido del agua que corre.

Poco a poco, la ruta se estrecha y el visitante se acerca a la entrada de las Foces de Llaímo: un espectacular desfiladero natural entre paredes verticales de cuarcita y caliza que bordea un arroyo con cascadas, rápidos y pozas. La garganta rocosa se abre y desemboca en la Cruz de los Ríos. El paisaje se abre de golpe, dando paso a grandes praderas dominadas por los hayedos de Llaímo. Ese es el punto de retorno. El regreso se hace por el mismo camino, revelando una nueva cara de los parajes anteriormente recorridos.

Si bien se trata de una ruta accesible, no hay que subestimar el suelo húmedo del desfiladero, sus piedras resbaladizas y los desniveles. El uso de calzado de senderismo es imprescindible. También se debe llevar agua, pues no hay avituallamiento. Para evitar la masificación en los fines de semana de primavera y verano, es recomendable salir antes de las diez de la mañana. La mejor cara de este entorno natural se ve en otoño, por lo que se recomienda visitar este enclave principalmente en octubre.

Senda del Río Guadamía

La Senda del Río Guadamía (PR-AS-264) es una de las rutas más sencillas y agradables de Asturias. Está ubicada en el oriente de la región, entre los concejos de Llanes y Ribadesella, y completa un circuito de unos cuatro kilómetros, que se puede recorrer en menos de dos horas. Es una ruta prácticamente llana: apenas 65 metros de desnivel acumulado.

La ruta comienza a unos 800 metros del aparcamiento, en un desvío señalizado. Un puente romano reformado en la Edad Media, que cruza el río Guadamía, marca el inicio del recorrido. Desde ese punto, un bosque de ribera denso y húmedo abraza el camino, con el susurro constante del afluente marcando el paso. En el camino se pueden ver molinos harineros, saltos de agua, pozas y canalizaciones abandonadas, que recuerdan la historia de actividad vecinal de este enclave.

A partir del Molino del Picu —el mejor conservado del recorrido—, una sucesión de pasarelas de madera y pequeños puentes van cruzando el río de orilla en orilla, convirtiendo el trayecto en un laberinto natural. El último tramo deja atrás el bosque y llega a la arena, anunciando la cercanía del Cantábrico. En la desembocadura del Guadamía se forma el fiordo de La Xatera, desde donde, con marea baja, se puede caminar hasta la Playa de Guadamía. La ruta, circular y sencilla, regresa a Llames de Pría con vistas a las sierras cercanas.

Aunque no requiere gran esfuerzo físico, el terreno tiene raíces, rocas y zonas húmedas, por lo que se aconseja llevar calzado con buen agarre y consultar las mareas antes de ir. La primavera es la mejor época para recorrer la ruta en su estado más verde y vivo.

Desfiladero de las Xanas

El Desfiladero de las Xanas se encuentra en el corazón de la zona centro de Asturias, a menos de 25 kilómetros de Oviedo, por la carretera AS-360. Declarado Monumento Natural en 2002, es conocido como el “mini Cares”: un recorrido más corto que la senda más famosa del paisaje asturiano, pero que muchos consideran igual de bello y bastante menos masificado. La ruta es lineal, con unos 8 kilómetros entre ida y vuelta, que se completan en unas tres horas. El inicio está en el área recreativa del Molín de las Xanas, en el concejo de Santo Adriano, y cuenta con aparcamiento propio.

Desde allí, un breve tramo de carretera da paso al sendero. El camino se adentra en una ligera pendiente hacia el interior de la garganta, con tramos excavados en la propia roca de la montaña, túneles en la piedra y puentes sobre el arroyo de las Xanas. La senda fue construida en los años cincuenta para comunicar los pueblos de Pedroveya, Rebollada y Dosango con el valle del Trubia, aunque las obras nunca llegaron a terminarse, dejando un camino que hoy disfrutan los senderistas. Pasado el desfiladero, el entorno se abre a un bosque frondoso que acompaña hasta Pedroveya, donde la iglesia de San Antonio marca el punto de retorno.

Se recomienda extremar la precaución en los tramos más abruptos, donde las caídas pueden superar varias decenas de metros. Un calzado con buen agarre es imprescindible. Al estar encajada entre paredes rocosas orientadas al norte, la garganta mantiene la humedad y la sombra incluso en verano, lo que la convierte en una opción especialmente recomendable en los meses de más calor.