Esta laguna es considerada un paraíso ornitológico y uno de los mejores lugares para ver la puesta de sol en Aragón

La Reserva Natural Dirigida de la Laguna de Gallocanta es considerado uno de los espacios protegidos más valiosos y singulares de toda la Comunidad Autónoma de Aragón. Este impresionante paraje se sitúa de forma estratégica a caballo entre las comarcas de Daroca y Jiloca, ocupando tierras pertenecientes a las provincias de Zaragoza y Teruel. El humedal se halla enclavado en pleno Sistema Ibérico, sobre una altiplanice a mil metros de altitud sobre el nivel del mar, lo que propicia una climatología de carácter extremo tanto en verano como en el duro periodo invernal. Su área abarca unas 1.924 hectáreas que se distribuyen entre los municipios de Bello, Berrueco, Las Cuerlas, Gallocanta, Santed y Tornos, configurando un maravilloso territorio donde la fauna silvestre y la naturaleza se manifiestan en toda su plenitud.

Este bello paraje aragonés destaca por ser la mayor laguna de agua salada endorreica de todo el continente europeo, además del humedal salino más extenso de la península ibérica y el mejor conservado de Europa occidental. Sus dimensiones son notables, con una longitud de 7,5 kilómetros por una anchura de 2,5 kilómetros, albergando una cubeta sin salida natural hacia cauces fluviales. La altísima concentración de sal en sus aguas impide la presencia de peces, lo que ha favorecido el desarrollo de un ecosistema sumamente especializado y de gran interés para la investigación de la comunidad científica internacional.

La Laguna de Gallocanta goza de un doble reconocimiento conservacionista que avala su incalculable valor ecológico, estando catalogada oficialmente como Humedal de Importancia Internacional bajo el Convenio Ramsar y como Reserva Natural Dirigida. Asimismo, este espacio forma parte de la prestigiosa Red Natura y está catalogada como Zona de Especial Protección para las Aves. Gracias a la extraordinaria variedad de hábitats que conviven en esta reserva, se ha registrado la presencia de más de 220 especies de aves, entre las que sobresalen poblaciones nidificantes, invernantes o en paso. Mientras que bajo sus aguas salinas se desarrollan praderas ovas, que enraízan en los fondos lacustres, las orillas y zonas esteparias adyacentes sirven de refugio seguro para reptiles, anfibios y mamíferos terrestres.

Entre toda la riqueza faunística de la reserva, las grullas comunes constituyen el elemento más emblemático y el verdadero alma de este espacio protegido. Año tras año, la inmensa mayoría de la población europea de estas majestuosas aves que recorre la ruta migratoria occidental utiliza la laguna como su principal área de descanso en la península. La llegada de los primeros ejemplares se inicia a mediados de octubre, en el denominado paso postnupcial, para buscar regiones más cálidas donde pasar el invierno. Desde mediados de diciembre hasta finales de enero, la población se estabiliza durante la invernada, comenzando en febrero el retorno hacia los países del norte europeo en el paso prenupcial.

La sincronizada migración de estas aves representa uno de los mayores espectáculos visuales y sonoros que la naturaleza puede ofrecer. El momento álgido de la jornada ocurre al atardecer, cuando los enormes bandos de grullas regresan de manera masiva desde los campos de cultivo circundantes para pernoctar en la seguridad del humedal. En estas citas invernales se han llegado a registrar cifras verdaderamente históricas, alcanzando un récord de más de cien mil ejemplares censados en un solo día de febrero. Además de las grullas, el visitante puede deleitarse con la observación de imponentes rapaces como el águila real, el buitre leonado o el aguilucho lagunero, así como de singulares aves esteparias entre las que destacan la avutarda, el sisón y la ganga ortega.

La Laguna de Gallocanta no solo destaca por su biodiversidad, sino también por estar consagrada como uno de los mejores rincones de Aragón para contemplar la puesta de sol. Al caer la tarde, los últimos rayos solares se reflejan sobre la lámina salina y las praderas de ovas que habitan bajo el agua, tiñendo el paisaje de tonalidades doradas y rojizas de una belleza sobrecogedora. Este espectacular fenómeno visual, sumado al impresionante sobrevuelo de miles de aves migratorias que buscan su refugio nocturno, convierte el humedal en un auténtico paraíso para los aficionados a la fotografía y amantes de la naturaleza en general.

Observatorios y miradores

Para explorar a fondo la belleza de este espacio natural, se dispone de una excelente red de infraestructuras que facilitan el acceso de manera ordenada y respetuosa con el entorno. Una ruta circular de unos 30 kilómetros rodea por completo el vaso lagunar, siendo un trayecto idóneo para recorrer a pie, en bicicleta o mediante vehículo a motor. Esta senda conecta estratégicamente hasta siete observatorios y miradores, entre los que destacan La Reguera, Los Ojos y Los Aguanares, diseñados especialmente para el avistamiento de avifauna sin causar molestias. El recorrido tiene su punto neurálgico en el Centro de Interpretación de la Laguna, situado entre Bello y Tornos.

La experiencia de visitar Gallocanta se enriquece notablemente con el valioso patrimonio histórico y cultural que salpica sus inmediaciones, permitiendo al turista realizar un viaje fascinante a través del tiempo. Los senderos locales revelan tesoros como la hermosa ermita románico-barroca del Buen Acuerdo, el castillo medieval de Berrueco con sus magníficas vistas panorámicas o antiguos restos arqueológicos celtíberos. Es aconsejable que los visitantes acudan provistos de calzado deportivo adecuado, ropa cómoda adaptada a la cambiante climatología local, agua para hidratarse y, sobre todo, unos prismáticos para no perder detalle de este magnífico santuario natural.