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“No se admiten influencers”: los hoteles, restaurantes y sitios turísticos que ya vetan sus fotos

Lauren Cochrane

23 de octubre de 2026 22:40 h

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Si te paras estos días en cualquier lugar mínimamente fotogénico durante tus vacaciones, lo más probable es que te encuentres con gente posando con el móvil en alto e incluso con anillos de luz. Algunos pueden ser influencers con una gran audiencia en las redes sociales; otros, simplemente usuarios demasiado entusiastas de Instagram. Sin embargo, dado que los hoteles y los lugares pintorescos están ahora tan saturados, se están imponiendo prohibiciones para hacer fotos.

El Hotel du Cap-Eden-Roc de cinco estrellas en Antibes, conocido por su glamurosa clientela, sus vistas a la Costa Azul y su impresionante piscina infinita, ha establecido normas contra las sesiones fotográficas: ya no se permiten sin autorización previa.

Según señalan los informes, esta medida se debe a que hay personas que reservan mesa para almorzar y traen bolsas llenas de ropa y joyas. En lugar de sentarse a comer, aprovechan su estancia en el hotel para hacerse sesiones fotográficas con diferentes conjuntos, creando imágenes que luego publican en sus cuentas de redes sociales.

También se están tomando medidas en lugares menos glamurosos. The Hollies, una tienda agrícola de Cheshire que se ha convertido en un lugar muy popular para crear contenido gracias a que la estrella de Love Island, Molly-Mae Hague, publicó imágenes desde allí, ha prohibido hacer fotos y grabar vídeos entre las 10:00 y las 16:00 horas.

Por su parte, Jeremy King, el restaurador londinense propietario de locales como Simpson’s in the Strand y The Park, escribió un artículo en el Evening Standard a principios de este año titulado: Estoy harto de que los influencers invadan mi restaurante: ya basta.

En Estados Unidos, una tienda de Nantucket, una isla situada frente a Cape Cod, en Massachusetts, se hizo viral a principios de este año por un cartel en el que se leía “prohibida la entrada a influencers”, mientras que la localidad de Pomfret, en Vermont, ha prohibido a los influencers hacerse fotos delante del follaje otoñal. En Fujikawaguchiko, en Japón, se ha instalado una pantalla cerca de una tienda de conveniencia para impedir que la gente se haga fotos allí con el monte Fuji de fondo.

Parte del argumento esgrimido por estos establecimientos es que estas sesiones fotográficas ponen en peligro la privacidad y la discreción, algo especialmente importante en hoteles de lujo. La directora del Hotel du Cap-Eden-Roc, Sophie Volant, declaró a Travel Weekly: “Por mucho que [los huéspedes] aprecien que haya gente en los restaurantes y en los bares, también quieren que su refugio de verano siga siendo privado. Tuvimos que pensar en una solución”.

Anna Fedou, directora de marketing del grupo hotelero Beaumier, afirma que en ocasiones colabora con influencers para crear contenido con el que promocionar sus hoteles de lujo, entre los que se encuentra Les Roches Rouges, cerca de Marsella, muy apreciado por su fotogénica piscina. El grupo no tiene normas específicas sobre la fotografía, explica Fedou, pero siempre tiene presente su objetivo principal.

“Nos dedicamos a la hostelería, no a gestionar estudios fotográficos”, afirma. “La gente viaja desde todas partes del mundo para experimentar el ambiente, la sensación de espacio y la atmósfera que hacen que un hotel sea único. Es nuestra responsabilidad proteger eso”.

Las normas sobre la fotografía en hoteles y restaurantes reflejan una tendencia que se aleja de capturar el momento y se orienta hacia vivirlo. Alex Goat, fundadora de la agencia de cultura juvenil Livity, compara estas normas con las de las discotecas que piden a los visitantes que pongan pegatinas sobre las cámaras de sus teléfonos. “Quieren dejar claro que están aquí para quienes aman la música. Hay algo potencialmente similar [en este caso]”, afirma. “Se trata de 'estoy aquí porque quiero disfrutar del espacio' en lugar de 'estoy aquí para documentar algo para otras personas'”.

Parte del rechazo hacia los influencers se debe a la idea errónea de que se les paga bien por ese tipo de contenido. A veces, como ocurre con los hoteles Beaumier, los influencers publican contenido a cambio de una habitación gratuita, pero la idea es que las marcas quieran llegar a acuerdos con ellos debido a su asociación con lugares glamurosos. “La mayoría crea la mayor parte de su contenido para su público de forma gratuita”, explica Nicole Ocran, una influencer que fundó Creator Union para representar a los profesionales del sector. “Crean contenido con la esperanza de atraer a las marcas y ver quién pica el anzuelo”.

Ya ha habido indignación anteriormente por el comportamiento de los influencers, como en 2021, cuando las estrellas de Love Island viajaron a Dubái durante el confinamiento, por ejemplo. Y si hay un esnobismo subyacente en que un hotel de lujo imponga políticas contra las sesiones fotográficas, también puede haber sexismo. “La cultura de los influencers siempre ha sido vilipendiada en la cultura popular”, afirma Sophie Bishop, autora de Influencer Creep. “Es una modalidad de los medios muy feminizada, ligada a la cultura promocional”.

Ocran está de acuerdo. “La mayoría de la gente tiene un estereotipo concreto en mente”, afirma. “Eso no quiere decir que los influencers y los creadores de contenido no puedan pasarse de la raya o resultar insufribles a la hora de hacer sus fotos y grabar en público”.

Fedou cree que la clave está en encontrar un equilibrio que permita interactuar con el contenido de las redes sociales sin dejar de ofrecer una experiencia relajante en los hoteles. “Por lo general, los influencers eligen momentos más tranquilos para grabar contenido, con el fin de capturar el espacio sin molestar a los demás”, afirma. “Les Roches Rouges tiene un ambiente relajado, pero la experiencia de los huéspedes siempre es lo primero”.

Aunque las críticas puedan estar dirigidas a los influencers con muchos seguidores, más de 5.400 millones de personas utilizan las redes sociales cada día.

Ocran espera que las normas sobre la fotografía puedan fomentar una actitud más equilibrada hacia las redes sociales en general. “[Se trata de] contrarrestar la idea de que no todos los espacios están destinados al consumo público, y de que no todas las experiencias deben convertirse en contenido”, afirma. “Y, como creadora, ese es un mensaje bastante saludable que transmitirnos a todos”.