Rodeada de rocas y vegetación: la peculiar capilla de Asturias que está declarada Bien de Interés Cultural

En Asturias, algunos lugares de interés se conocen por un monumento concreto, mientras que otros requieren recorrer varios espacios para comprender su historia. Covadonga pertenece a este segundo grupo. Situada en el concejo de Cangas de Onís, reúne construcciones religiosas y un paisaje de montaña que condiciona la forma de visitarlas. Las distintas dependencias no responden a una única etapa, sino a las necesidades que han surgido alrededor del santuario a lo largo del tiempo.

La relación de este enclave con el pasado asturiano explica parte de su importancia. El nombre de Covadonga está unido a la batalla que lleva su nombre y a los inicios de la monarquía del territorio. A estos acontecimientos se sumaron, con el paso de los siglos, relatos y costumbres que siguen presentes en la memoria colectiva. Esa trayectoria histórica ha hecho que el lugar despierte interés tanto entre quienes se acercan por motivos religiosos como entre quienes quieren conocer una parte de la historia regional.

El Real Sitio recibe cada año a miles de peregrinos y visitantes. Su recorrido permite pasar de edificios destinados al culto a zonas donde la naturaleza tiene un papel igualmente visible, sin salir del mismo entorno. Además, el conjunto paisajístico de Covadonga está reconocido como Bien de Interés Cultural. La protección se refiere al ámbito en su totalidad y no supone que cada capilla o dependencia tenga una declaración individual. Entre todos los elementos del recinto, uno llama especialmente la atención por la manera en que aprovecha la montaña.

Una pequeña capilla protegida por la propia roca

La Santa Cueva no se encuentra dentro de un edificio construido desde sus cimientos, sino en una abertura natural del terreno. En ella se ha instalado una pequeña capilla que utiliza la propia roca como parte de sus paredes y de su cubierta. Desde el exterior se aprecia esa disposición: la construcción queda resguardada bajo el techo pétreo y, a su alrededor, la vegetación ocupa distintos puntos de la ladera. El resultado es un espacio religioso cuya forma depende directamente de la cavidad en la que se encuentra.

Llegar a este punto implica salvar el desnivel que separa la gruta de la zona inferior. Uno de los accesos es una escalera de más de cien peldaños, conocida como la Escalera de las Promesas. El nombre no es casual. Durante generaciones, algunos fieles han utilizado la subida como parte de sus compromisos personales con la Virgen. De ese modo, un camino pensado para alcanzar la entrada también ha adquirido un significado propio dentro de las prácticas que se mantienen en el santuario.

En el interior se venera a la Virgen de Covadonga, a la que en Asturias se llama habitualmente la Santina. Su condición de patrona de la comunidad autónoma ayuda a explicar la afluencia de personas que se acercan hasta la gruta. La devoción se remonta a la Edad Media y, con el tiempo, el lugar se consolidó como uno de los centros de peregrinación mariana de España. La tradición religiosa vincula sus orígenes con Pelayo y con los episodios que dieron paso a la monarquía asturiana.

La visita a esta parte del recinto no termina al salir de la capilla. En sus proximidades, el agua cae por una pared rocosa y forma una cascada rodeada de vegetación. Es uno de los rasgos más reconocibles del paisaje de Covadonga, precisamente porque se encuentra junto al espacio monumental. La escena permite apreciar dos elementos de naturaleza diferente, la gruta utilizada para el culto y el salto de agua, dentro de un mismo recorrido. No es necesario alejarse del santuario para encontrar ambos.

Un Real Sitio con historia y tradiciones propias

La Santa Cueva no es el único edificio que puede conocerse en Covadonga. El recorrido incluye la basílica, la Colegiata de San Fernando y la cripta, además de otros espacios dedicados a la actividad religiosa. También forman parte del complejo la Capilla de Adoración del Santísimo, la Escolanía y la Casa de Ejercicios. Estas dependencias muestran la diversidad de usos asociados al santuario.

El conjunto fue ampliándose para responder a la presencia de peregrinos. Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX se llevaron a cabo construcciones y actuaciones que contribuyeron a configurar el santuario, entre ellas las relacionadas con la basílica y los alojamientos destinados a recibir visitantes. Las instalaciones reflejan la actividad del lugar durante todo el año.

Sin embargo, el calendario religioso sí tiene una fecha especialmente significativa. Cada 8 de septiembre se celebra la festividad de la Virgen de Covadonga, coincidiendo con el Día de Asturias. La jornada pone fin a la Novena, un período de nueve días que reúne actos litúrgicos, rezos y una procesión. Estas celebraciones atraen a fieles y visitantes, y constituyen una de las expresiones colectivas de una devoción que también se manifiesta durante el resto del año en gestos personales, como las promesas realizadas ante la imagen.

La presencia de la Santina tampoco se limita al Real Sitio. Su imagen aparece en iglesias y capillas de distintos puntos de Asturias. Esa difusión explica su dimensión como símbolo de identidad regional, además de su significado para los creyentes. Covadonga reúne así dos formas de acercarse a un mismo lugar: la de quienes participan en sus tradiciones religiosas y la de quienes buscan conocer un patrimonio ligado a la historia asturiana y a la montaña que lo rodea.